Pensamos que el divorcio es triste, pero la verdad es que va más allá, en realidad puede provocar una depresión y estas son las razones.
Hoy les traemos un tema que nos rompe el corazón pero que es fundamental que pongamos bajo la lupa, porque muchas de nosotras estamos pasando por procesos de separación que nos están drenando la vida, además de aprovechar que se conmemora el día mundial de la lucha contra la depresión.
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Depresión por divorcio: cuando la relación no fue lo que pensaron
Cuando un matrimonio se termina, sobre todo después de muchísimos años juntos lo que los expertos llaman el «divorcio gris», no solo se firma un papel, se nos viene el mundo encima. La investigadora y terapeuta Carol R. Hughes, tiene un método para entender por qué esta transición nos puede llevar a una depresión profunda y cómo podemos rescatarnos.
El golpe a nuestra identidad
Si están en proceso de divorcio, seguro les ha pasado que después de décadas de estar casadas, de pronto ya no saben quiénes son sin esa otra persona. Carol R. Hughes explica que el impacto en nuestra salud mental es tan fuerte porque perdemos nuestra estructura de vida. Nosotras ya no somos «la esposa de», y ese vacío nos genera una ansiedad brutal por el futuro.
Si sienten que ya no tienen energía ni para lavarse la cara, o que el pelo se les está cayendo a pedazos por la angustia, no están locas, están pasando por un duelo.
¿Cómo saber si es depresión por divorcio?
Cuentahabientes, hay que estar muy alertas, el divorcio es un duelo tan real como una muerte, y los síntomas se sienten:
- Desesperanza total: sentir que el futuro es una página en blanco que no tenemos ganas de escribir.
- Aislamiento: ya no queremos salir con las amigas, ni entrar a nuestras redes sociales, solo queremos estar encerradas.
- Dolores físicos: migrañas constantes o problemas digestivos que «no tienen explicación».
- La culpa: ese sentimiento de «fracaso» que nos persigue todo el día y nos quita el apetito o nos hace comer por ansiedad.
El impacto en la familia (aunque los hijos sean adultos)
Un punto clave es que nosotras a veces pensamos «ya mis hijos están grandes, no les va a afectar el divorcio». ¡Error! para ellos también es un terremoto emocional, ver a sus padres separarse después de 20 o 30 años les hace dudar de su propia infancia. Nosotras, como pilares, tenemos que estar bien para poder acompañarlos en este proceso.
¿Qué tenemos que hacer para salir de ahí?
Validar el dolor: no intenten tapar el sol con un dedo, si tienen ganas de llorar, lloren. Si necesitan gritar, griten.
Cero estigmas con la ayuda: si sienten que la tristeza las rebasa, busquen terapia. Y si un especialista determina que necesitan algunos fármacos para equilibrar su química cerebral (porque el cortisol está por las nubes), ¡háganlo! no tienen que sufrir de más.
Redescubrirnos: es el momento de pensar en lo que nosotras queremos. ¿Qué curso querían tomar? ¿A dónde querían viajar? es tiempo de invertir en nosotras.
Cuidar nuestra imagen: suena superficial, pero arreglarse, ponerse un poco de color en las mejillas y mantener una rutina de belleza nos ayuda a sentirnos dueñas de nuestra vida otra vez.
Recuerden que aunque hoy parezca que el mundo se acaba, este es el inicio de una nueva etapa, y si se sienten deprimidas no dejen de ir con un especialista, la salud mental no es un juego.