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¿Cómo tener una buena relación con los hijos siempre?

Si les está fallando la buena relación con los hijos, entonces es momento de que tomen estas lecciones de nuestra querida Marcela Escalera.

enero 14, 2026

¿Cómo va ese arranque de año? Seguramente muchas de ustedes empezaron con toda la actitud de «este año seré la mamá más paciente del mundo», pero a la primera de cambios, entre la tarea, el desorden y los contestes de los adolescentes, ¡pum!, acabamos gritando. ¿Qué es lo que realmente se nos está escapando de las manos? La respuesta de la experta Marcela Escalera es contundente: el vínculo.

¿Cómo tener una buena relación con los hijos siempre?

Debemos entender que la relación no es el resultado de una buena crianza, es el punto de partida. No se construye en los «momentos grandes» o en los viajes familiares; se construye en lo cotidiano: en cómo los miran, cómo les hablan y, sobre todo, en cómo reparan el daño cuando se equivocan. Porque sí, nos vamos a equivocar, pero lo importante es no soltar el lazo.

Aquí les dejamos la guía definitiva para que este año su prioridad sea conectar antes que controlar.

El vínculo va primero, la conducta después

A veces nos obsesionamos con corregir el comportamiento y se nos olvida la persona. Si su adolescente llega y se encierra en su cuarto, ¡no se lo tomen personal! No es un rechazo hacia ustedes; es un cerebro que necesita separarse un poco para sentirse individuo. Lo que él necesita, aunque no lo diga, es saber que ustedes siguen ahí, firmes y presentes.

«Colecten» antes de corregir

¿Qué es colectar? Es traer emocionalmente a su hijo con ustedes antes de lanzar una instrucción. Si su hijo no quiere hacer la tarea, no lleguen gritando desde la otra habitación. Acérquense, mírenlo a los ojos, conecten con lo que está haciendo y, una vez que sientan esa chispa de conexión, den la instrucción. Verán la diferencia.

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Puentear: El secreto para no romper la relación

Cuando hay tensión, el objetivo no es ganar la discusión, sino evitar que la relación se fracture. Si su hijo les contesta mal, en lugar de atacar o aplicar la «ley del hielo» (que es devastadora), intenten puentear: «Sé que estás molesto, hablamos cuando esto baje, pero aquí estoy». Eso es dejar la puerta abierta.

¡Necesitan una «Villa de Adultos»!

Cuidar sola es agotador y poco efectivo. Sumar a más adultos a la vida de sus hijos es protegerlos.

  • Para los más chicos: Si mamá, papá, la abuela y la maestra están en la misma sintonía, el niño se siente sostenido por una red, no por un solo hilo.
  • Para los adolescentes: Si no puede hablar con ustedes, pero tiene una tía o un maestro de confianza, ¡agradézcanlo! Eso también es parte de su seguridad.

Entender la emoción: Su emoción cabe aquí

La relación mejora cuando un niño siente que no tiene que apagar lo que siente para merecer su amor.

  • Si su hijo de 7 años llora: No digan «no es para tanto». Para él, es enorme. Intenten: «Entiendo que para ti sí es grande. Tu emoción cabe aquí. Lo que no cabe es pegar. ¿Qué hacemos con ese enojo?».
  • Si su «teen» de 16 dice que le choca todo: No lo tachen de dramático. Digan: «Te escucho. Dame 3 minutos para entender si es estrés o cansancio».

Cuando validan en lugar de juzgar, obtienen la verdad, no solo la versión «segura» para evitar el regaño.

No se enganchen: Su regulación educa

Recuerden, cuentahabientes, el clima emocional de la casa lo pone el adulto. La conducta difícil suele ser inmadurez o desconexión.

  • Con niños: Si ustedes gritan, ellos aprenden a gritar. En lugar de humillarlos con un «¡Cállate, qué pena me das!», traten de co-regular: «Veo que estás frustrado porque no compraremos el juguete. Te ayudo a calmarte: ¿quieres caminar o ir en el carrito?».
  • Con adolescentes: Si ustedes mantienen la calma, su sistema nervioso también baja. Pregunten: «¿Qué te está pesando? Quiero entender antes de decidir las reglas».

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Rituales mínimos para una conexión máxima

La conexión no requiere horas, requiere presencia real. Intenten estos rituales de oro:

  • 10 minutos 1:1: Sin celular, sin corregir. El niño manda en el juego o la plática.
  • La pregunta poderosa: «¿Qué fue lo mejor y lo más difícil de tu día?».
  • Micro-rituales: Un abrazo especial al llegar o una frase de despedida.

Por edades:

  • 3–6 años: «Hoy te vi valiente cuando…» (elogio específico).
  • 7–12 años: «¿Qué te dio risa hoy?».
  • Adolescentes: «¿Quieres platicarme tu día o prefieres compañía silenciosa?».

Cuentahabientes, este año el éxito no se mide en calificaciones o en una casa en silencio. Se mide en la confianza que sus hijos les tienen. Su meta no es que se porten bien, es que siempre sepan que, pase lo que pase, su vínculo es inquebrantable.

Especialista: Marcela Escalera. Psicóloga Clínica, Directora del Instituto Neufeld Español y Coordinadora del Diplomado Crianza con Vínculo.

IG Y FB: @marcelaescaleraoficial / WEB: marcelaescalera.com / Whatsapp: 55 61 88 72 78

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