¿Alguna vez han sentido que, por más que ayudan y están para todo el mundo, terminan sintiéndose vacías, cansadas o incluso resentidas? Puede que tengan el síndrome de persona buena.
Seguro conocen a esa mujer que siempre dice que sí, que no falta a un evento, que cuida a los sobrinos, que se queda tarde en la oficina y que es el «paño de lágrimas» de todas sus amigas. Socialmente, a esa mujer la llenamos de aplausos y le decimos que es una «buena persona». Pero hoy, de la mano de nuestro queridísimo psicoterapeuta Mario Guerra, vamos a cuestionar si esa «bondad» no nos está saliendo carísima.
El Síndrome de la Persona Buena: Cuando el valor está en el «dar»
No estamos hablando de gente que finge ser buena; hablamos de personas genuinamente empáticas y responsables que, sin darse cuenta, aprendieron que su valor depende de cuánto dan y no de quiénes son. Es esa idea de que ser «buena» significa ser un recurso emocional infinito para los demás, olvidando por completo nuestro propio bienestar.
¿Eres una «buena persona» en riesgo?
A ver, cuentahabientes, hagan este examen de conciencia rápido. ¿Les suenan estas escenas?:
- Dices que sí aunque tu cuerpo pida descanso: Te piden un favor y, aunque estás agotada, aceptas porque decir que no te hace sentir «mala persona».
- Contratos invisibles: Haces cosas esperando que el otro lo valore y, cuando no llega el agradecimiento, te guardas un coraje que te carcome.
- Miedo al conflicto: Evitas poner límites para no quedar como egoísta o conflictiva. Prefieres tragarte el mal rato que incomodar al otro.
- El «no pasa nada» crónico: Te mientes a ti misma diciendo que todo está bien, mientras tu humor y tu falta de energía dicen lo contrario.
- Incapacidad de pedir: Ayudas a todos, pero cuando tú necesitas algo, te sientes incómoda o sientes que está «prohibido» pedir ayuda.
Si respondieron que sí a la mayoría, tienen una voz interior que las tiene como empleadas de tiempo completo, exigiéndoles que «aguanten» y «no exageren».
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¿Por qué nos desvivimos tanto?
Mario Guerra nos explica que esto no nace de la nada. Muchas veces es una estrategia emocional que aprendimos desde pequeñas para sentirnos seguras y queridas.
- Amor = Sacrificio: Crecimos pensando que amar es dejarse al final de la fila.
- Miedo al abandono: A veces damos de más porque pensamos: «Si soy indispensable, no me van a dejar».
- Culpa: Cuando intentamos priorizarnos, aparece esa culpa espantosa en lugar de alivio.
El problema es que dar desde el miedo y no desde la elección libre enferma el cuerpo. Aparece el cansancio crónico, la ansiedad y hasta síntomas físicos que no tienen explicación médica.
El impacto en tus relaciones
Contrario a lo que pensamos, ser la «siempre disponible» no mejora las relaciones, las enrarece. ¿Por qué? Porque terminas enseñando a los demás que tú puedes con todo y que no te duele nada. Cuando finalmente explotas o ya no puedes más, nadie entiende qué pasó porque nunca pusiste un límite. Recuerden esto: El amor que depende de tu agotamiento no es amor, es conveniencia.
¿Cómo empezar a darnos a nosotras mismas?
No se trata de volverse malas personas, se trata de ser responsables de nuestra propia vida emocional. Aquí les dejo los consejos prácticos de Mario para empezar el cambio:
Diferencia dar de desvivirte
Antes de aceptar algo, pregúntate: «¿Esto lo quiero hacer o siento que DEBO hacerlo para no quedar mal?» Si el «sí» sale del miedo a que el otro se enoje, entonces no es generosidad, es miedo.
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Límites sin ensayos
Un límite no necesita una explicación de tres párrafos. «No puedo» o «ahora no» son respuestas completas. Si explicas de más, estás tratando de calmar tu propia culpa, no de informar al otro.
Tolera la incomodidad
Poner límites va a incomodar, y está bien. La incomodidad no significa que estés haciendo algo mal; es la señal de que estás rompiendo un patrón viejo y dañino.
Recibe sin compensar
Practica el arte de solo decir «gracias». Si alguien te trae un café o te hace un cumplido, no digas «luego te lo pago» o «no es para tanto». Solo recibe y disfruta. Eso equilibra la balanza.
Para cerrar, mis queridas cuentahabientes, ser buena persona no debería costarles la salud. La verdadera bondad incluye ser buenas con nosotras mismas. No se trata de dar menos, sino de dar mejor y, sobre todo, de no desaparecer en el intento.
Mario Guerra. Psicoterapeuta, tanatólogo, coach ontológico, hipnoterapeuta certificado internacionalmente, conferencista y nuestro rockstar del amor.
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