Pensamos que el cuerpo humano ya llegó a su versión final y no. La evolución no se detuvo con nosotros. Iván Martínez-Duncker. Especialista en Biología Molecular, nos va a hablar de cómo el cuerpo sigue cambiando, adaptándose y respondiendo al mundo moderno: desde el cuerpo y el cerebro, hasta la genética.
Nuestro cuerpo no está terminado: la evolución sigue activa
Alguna vez se han preguntado, mientras se ven al espejo o cuando notan que a sus hijos ya ni siquiera les salen las muelas del juicio, ¿qué está pasando con nuestra especie? Existe este mito urbano de que, como ya tenemos tecnología y vacunas, la evolución se sentó a descansar. Pero les tengo una noticia que las va a dejar heladas: los humanos seguimos evolucionando, solo que las reglas del juego cambiaron por completo.
Ya no es la naturaleza salvaje la que decide quién se queda y quién se va. Hoy, la evolución tiene un nuevo mejor amigo (o un «personal trainer» muy intenso): la ciencia y nuestro estilo de vida.
Adiós a la «Ley de la Selva»
Durante milenios, la evolución era una carrera de obstáculos brutal. Sobrevivía quien tenía el cuerpo más resistente a las infecciones, quien aguantaba el hambre sin desmayarse y, por supuesto, las mujeres que lograban soportar partos complicados sin asistencia.
Antes, una simple diarrea o una infección respiratoria eran sentencias de muerte. Muchos niños no llegaban a la edad adulta y eso filtraba los genes de «los más fuertes» físicamente. Pero hoy, la fortaleza física ya no es el factor dominante en las poblaciones modernas. En este siglo, sobrevive quien tiene acceso al cuidado de la salud. Ya no es solo la resistencia de tu sistema inmune, sino tu acceso a:
- Vacunas.
- Antibióticos.
- Insulina.
- Cirugías de alta especialidad.
Básicamente, la supervivencia se volvió un esfuerzo colectivo y social. Ya no sobrevive el más fuerte, sino el mejor cuidado.
Cambios que ocurrieron «ayer» (y que no notamos)
Si creen que la evolución toma millones de años para dar señales, se equivocan. Hay cambios genéticos que ocurrieron hace apenas un parpadeo en términos históricos:
- Tolerancia a la lactosa: ¿Sabían que durante casi toda nuestra historia los adultos no podían digerir la leche? Esa mutación tiene menos de 10,000 años. Es evolución pura en nuestro refrigerador.
- Metabolismo del alcohol: Ciertas poblaciones desarrollaron enzimas específicas para procesar bebidas fermentadas. No es solo «cultura de fiesta», es adaptación genética al entorno alimentario.
- Resistencia a enfermedades: Las grandes pandemias han dejado cicatrices en nuestro genoma. Hoy existen variantes genéticas que nos protegen contra la malaria o que reducen el impacto de virus como el VIH.
El cuerpo que tenemos hoy: ¿Menos es más?
Estamos viendo cambios físicos reales en este preciso momento. Por ejemplo, cada vez nacen más bebés sin muelas del juicio. ¿La razón? Nuestra dieta es tan blanda que ya no necesitamos esas piezas gigantes para triturar fibras duras. Nuestras mandíbulas se están haciendo más pequeñas y la evolución simplemente está «apagando» lo que sobra.
También estamos viendo cambios en la estatura y la densidad ósea. El cuerpo ya no necesita ser robusto para cazar; necesita ser eficiente para operar. Sin embargo, esto no significa que seamos más débiles, sino que estamos en una transición evolutiva.
El cerebro: El verdadero protagonista
Nuestro cerebro está lidiando con un entorno que nunca existió. Tenemos una plasticidad impresionante y una capacidad de procesamiento rápido de estímulos que nuestros abuelos no tenían. Pero, ojo cuentahabientes, esto tiene un costo emocional:
- Ansiedad constante.
- Déficit de atención.
- Sobrecarga de dopamina por las redes sociales.
Nuestro cerebro no está fallando; está reaccionando a un mundo hiperconectado para el que no fue diseñado originalmente.
¿Cómo nos veremos en 50 años?
Si seguimos como vamos, el futuro no se ve tan «fit». Internamente, viviremos más años, pero seremos más frágiles. Se espera un aumento en:
- Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.
- Enfermedades cardiovasculares y renales.
- Neurodegeneración.
Externamente, es probable que veamos mayor grasa corporal (especialmente abdominal) y menor masa muscular. Viviremos más años, pero con mayor fragilidad funcional.
La medicina de la longevidad: El nuevo privilegio
Aquí es donde entra la parte fascinante. La medicina de la longevidad no es un tratamiento de belleza o anti-aging superficial. Es una disciplina que busca extender el healthspan (años con salud) y no solo el lifespan(años de vida).
El objetivo es que no vivamos más años siendo «viejitas» y enfermas, sino vivir más años jóvenes. Esta medicina está modificando la presión selectiva: ahora intervenimos antes del declive funcional. La longevidad se está convirtiendo en un privilegio evolutivo para quienes pueden acceder a estos sistemas de salud avanzados.
¿Y en 1000 años? Conozcan a «Mindy»
Para cerrar con broche de oro, investigadores del New York-Presbyterian Orch Spine Hospital crearon a Mindy, un modelo 3D de cómo podríamos vernos en el año 3000 si seguimos pegadas al celular y la computadora. Spoiler: tiene la espalda encorvada, el cuello ensanchado para soportar la postura y hasta un segundo párpado para protegerse de la luz de las pantallas. ¡De terror!

Especialista: Iván Martínez-Duncker. Especialista en Biología Molecular por el Instituto Pasteur de Francia. Médico Cirujano por la Escuela Médico Militar, Director del Laboratorio de Glicobiología Humana y Diagnóstico Molecular de la Universidad Estatal del Estado de Morelos, miembro fundador y presidente de la Sociedad Latinoamericana de Glicobiología.
TW: @dunckerUAEM / FB Ivan Martinez Duncker / IG @dunckerman