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10 comportamientos que reflejan poca educación social

Nuestro especialista les va a dar las 10 claves para tener educación social y lo que hace que parezca que no tengamos.

febrero 6, 2026

Estos son los 10 comportamientos que reflejan poca educación social y ¡ojo! No tiene nada que ver con el dinero o el status.

Existe una frase popular que dice: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Durante años se ha utilizado para sostener que la clase es algo con lo que se nace y no algo que se aprende.

Suena contundente, sí… pero no es del todo cierta. La ropa puede mejorar la apariencia, pero la clase no habita en el clóset. La clase se forma, se educa y se ejercita todos los días.

Y a ver, cuando hablamos de clase no nos referimos a niveles sociales, económicos o culturales, sino a categoría personal, es decir, a la manera en la que una persona se conduce en sociedad.

10 comportamientos que reflejan poca educación social

La clase se manifiesta en tres grandes ámbitos: El respeto a los protocolos, el cuidado de lo que se dice y cómo se dice, y la práctica de principios universales como la igualdad, la cortesía y el autocontrol. No tiene que ver con dinero, marcas ni estatus social, sino con respeto, autocontrol y conciencia del entorno. A continuación, diez comportamientos que reflejan poca clase.

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Tratar mal a quien está haciendo su trabajo

Nada revela más la falta de clase que perder el control con meseros, choferes, guardias o personal de servicio. La forma en que alguien trata a quien no tiene poder sobre él habla de su verdadera educación. El respeto no depende de jerarquías.

Ejemplos:

  • Tronarle los dedos al mesero para que “apure”.
  • Hablarle con tono condescendiente al chofer o guardia: “¿sí sabes por dónde irte o no?”.
  • Culpar al personal de tienda por políticas que no controlan (“pues tú resuélvelo”).
  • No decir “por favor” ni “gracias” porque “para eso les pagan”.

Convertir cualquier pago en un conflicto

Cuidar el dinero es sensato. Pelear por cantidades mínimas en público no lo es. Discutir agresivamente por “no pagar de más” suele comunicar angustia, no inteligencia financiera. La clase también sabe cuándo soltar. Regatear, siempre pedir el descuento por cantidades mínimas.

Ejemplos:

  • Armar un escándalo porque te cobraron 10 pesos de más en una cafetería.
  • Revisar la cuenta en voz alta, señalando cada cargo como si fuera interrogatorio.
  • Regatear en lugares donde no se regatea (restaurantes, servicios profesionales, mercados artesanales).
  • Pedir descuento “de compas” aunque el precio ya fue acordado.

Usar la vestimenta como escaparate de estatus

Vestir bien no es vestir caro ni lleno de logotipos. Cuando la ropa grita lo que la persona quiere demostrar, suele ser porque no lo siente. Presumir logotipos, cuando el logo es más grande que tu personalidad…algo anda mal. Usar marcas falsas. La elegancia es discreta; la inseguridad necesita anuncios.

Ejemplos:

  • Mencionar espontáneamente cuánto costó algo: “este reloj es carísimo”.
  • Comprar imitaciones evidentes solo para aparentar marca.
  • Vestirse fuera de contexto (hiperformal o llamativo) para llamar atención.

Ignorar normas básicas de convivencia

Colarse en filas o empujar para “avanzar”, no respetar turnos o “buscar ventaja” constantemente no es astucia. Es falta de formación social. Respetar protocolos —aunque sean implícitos— es una señal clara de educación.

Ejemplos:

  • El que se mete en la fila diciendo “solo voy a preguntar algo”.
  • Estacionarse en doble fila “rápido, no me tardo”.
  • No respetar turnos de palabra en juntas o reuniones.
  • Poner música fuerte o ver TikTok a todo volumen en espacios compartidos sin preguntar.

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Quejarse permanentemente del entorno

El tráfico, los precios, el servicio, la gente, ¡todo! Quien vive en la queja constante no proyecta exigencia, proyecta incomodidad consigo mismo. La clase también se nota en la capacidad de adaptarse sin dramatizar.

Ejemplos:

  • El que se queja del tráfico todos los días como si fuera una sorpresa.
  • Criticar precios, clima, servicio y gente… todo en la misma conversación.
  • Arruinar planes sociales con comentarios negativos constantes.
  • Usar la queja como tema central para conectar con otros.

Confundir urgencia con ansiedad

Pararse antes de que aterrice el avión, presionar a otros o invadir espacios personales no acelera los procesos. Solo exhibe desesperación. La clase entiende que no todo se controla.

Ejemplos:

  • El que se para en cuanto el avión toca pista, empieza a bajar todas sus cosas y a empujar para bajar primero.
  • Presionar con mensajes tipo “¿ya?”, “¿qué pasó?”, “urge” sin necesidad real.
  • Exigir respuestas inmediatas fuera de horarios razonables.

Ventilar lo privado en espacios públicos

Hablar a gritos por teléfono, compartir problemas personales o conversaciones delicadas frente a desconocidos rompe una regla básica: la discreción. El buen manejo del silencio también es una forma de educación.

Ejemplos:

  • El que se agarra del chongo con su pareja a gritos en un restaurante.
  • Hablar de problemas financieros o legales frente a desconocidos.
  • Compartir chismes delicados en lugares donde cualquiera escucha.
  • Llorar o discutir a gritos en espacios cerrados sin considerar al entorno.

Invadir con la mirada

Observar no es lo mismo que incomodar. Mirar fijamente a las personas, especialmente a las mujeres. Una mirada insistente, sobre todo cuando genera tensión, no comunica interés ni seguridad, sino falta de límites. El respeto también se expresa sin palabras.

Ejemplos:

  • Mirar fijamente el cuerpo de alguien sin disimulo.
  • Escanear de pies a cabeza (“barrer”) a alguien como evaluación.
  • Voltear repetidamente a ver a alguien aunque ya quedó claro que incomoda.

Interrumpir para imponerse

Interrumpir o hablar encima de otros para “sonar importante”, corregir constantemente o forzar la palabra para destacar no posiciona. Desgasta. Quien tiene presencia no necesita imponerse; se le concede.

Ejemplos:

  • Cortar historias para decir “eso no es así” sin escuchar el final.
  • Hablar más fuerte para dominar la conversación.
  • Corregir detalles mínimos solo para lucirse.
  • No dejar terminar frases porque “ya entendió”.

Desentenderse del entorno común

Tirar basura, no ser limpio, ensuciar espacios. No es descuido: es mentalidad. La clase también se refleja en el cuidado de lo que compartimos con otros.

Ejemplos:

  • Tirar basura “porque alguien limpia”.
  • Dejar baños públicos sucios sin importar el siguiente usuario.
  • Ensuciar espacios compartidos en oficinas o aviones.
  • Pensar que lo público no es responsabilidad de nadie.

Especialista: Álvaro Gordoa. Rector del Colegio de Imagen Pública, asesor político, empresarial y del entretenimiento en las áreas de creación y modificación de Imagen Pública, autor de los libros «Imagen Cool», «El Método H.A.B.L.A.», «La Biblia Godínez» y «Cómo salirte con la tuya».

WEB: imagenpublica.mx / IG: @alvarogordoa / TW: @AlvaroGordoa / FB: Alvaro Gordoa

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