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La adultez en pausa: cuando cumplir años no es lo mismo que crecer

¿Habían escuchado sobre la adultez en pausa? Puede que sus hijos de más de 30 estén pasando por esta etapa y no lo sabían.

febrero 17, 2026

Según la OCDE, el 46% de los jóvenes en México aún vive en casa de sus padres. Y no, no todos están ahí por estrategia, es algo mucho más profundo.

Hoy vamos a hablar de por qué hay personas adultas que viven como si la vida todavía estuviera en modo de prueba.  

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La adultez en pausa: cuando cumplir años no es lo mismo que crecer

Imagina a alguien de 40 años. Su credencial dice adulto hecho y derecho, pero su vida cotidiana cuenta otra historia: no hay autonomía real, las responsabilidades económicas y emocionales las carga alguien más, y vive bajo el cobijo de sus padres o de una pareja que terminó haciendo de tutor. A esto le llamo la adultez en pausa.

En psicología existe un término: “Failure to launch”, o falla en el despegue. No se trata de flojera. Es una parálisis real en la transición hacia la vida independiente. México ocupa el tercer lugar en la OCDE en jóvenes de 15 a 29 años que no estudian ni trabajan: 20%, casi el doble del promedio de 12.5%. Son personas con títulos, talento y capacidades, pero con una desconexión profunda entre lo que podrían hacer y lo que realmente hacen.

“¿Cómo no les angustia?” La respuesta: han construido un escudo eficiente llamado negación, que les permite no ver la urgencia de su situación porque enfrentarla implicaría lidiar con un miedo que prefieren evitar.

Ejemplos de esto:

  • La persona en “modo borrador” permanente: Lleva años diciendo que “pronto” busca trabajo, que “ya casi” empieza su negocio. Pero ese “pronto” se convierte en años. La planeación infinita es una forma elegante de no actuar.
  • El adulto que necesita permiso para todo: No puede decidir nada sin consultar a mamá, a papá o a la pareja. No hablamos de pedir consejo, que es sano, sino de una incapacidad real de confiar en su propio criterio.
  • El profesional brillante que no funciona fuera del aula: Maestrías, diplomados, certificaciones, pero sigue en casa de sus padres sin contribuir. El conocimiento se acumula como trofeos en una repisa, pero no se traduce en una vida real.

¿Por qué pasa esto?

Las raíces casi siempre están en la historia temprana de la persona.

  1. La sobreprotección disfrazada de amor. Padres que resolvieron todo producen un efecto paradójico: el hijo crece sintiéndose querido pero incapaz. Un estudio de Frontiers in Psychology demostró que la crianza “helicóptero” afecta directamente la identidad profesional y la capacidad de adaptación. Si nunca te dejaron caerte, ¿cómo vas a confiar en que puedes levantarte?
  2. Indefensión aprendida y terror al error. La creencia profunda de “yo no puedo solo” combinada con la idea de que equivocarse es una catástrofe. Un estudio de Yale encontró que este patrón es idéntico al de niños con ansiedad clínica: la persona depende de otros para evitar lo que le angustia, y cada vez que alguien resuelve por ella, la dependencia se refuerza. El estancamiento se vuelve refugio: “Si no intento nada, no puedo fallar”.
  3. Duelos, culpas y resentimientos sin procesar. A veces el estancamiento es el síntoma de algo más profundo: pérdidas que no se elaboraron, culpas que pesan como anclas, resentimientos que consumen la energía que debería usarse para construir. La persona no avanza porque emocionalmente sigue cargando un equipaje que nunca aprendió a transformar.
  4. La ansiedad como telón de fondo. Según el INEGI (ENBIARE), el 19.3% de los adultos en México presenta ansiedad severa y otro 31.3% la experimenta en algún grado. El grupo más afectado: 20 a 29 años, justo cuando deberíamos estar construyendo las bases de la vida independiente. Si tu mente está ocupada sobreviviendo emocionalmente, no le queda energía para construir.

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Nadie se estanca solo

Siempre hay alguien que, con la mejor intención, habilita la disfuncionalidad. La mamá que a los 45 del hijo le sigue resolviendo todo “porque pobrecito”. La pareja que carga con todas las responsabilidades “mientras el otro encuentra su camino”, un camino que lleva años sin señales de tránsito. Hay una diferencia enorme entre el amor que impulsa (“confío en que puedes”) y el amor que inmoviliza (“no te preocupes, yo lo hago”). La segunda versión, aunque viene del cariño más sincero, le roba a la otra persona la oportunidad de descubrirse capaz.

Y aquí necesitas saber algo antes de actuar: cuando el facilitador pone límites, la reacción rara vez es “tienes razón, voy a cambiar”. Es lo contrario.

En psicología se llama “explosión de extinción”

Al retirar un patrón que lleva años funcionando, la persona intensifica la conducta que siempre le funcionó para recuperar el control. El estudio de Yale documentó que los hijos respondían con enojo, sensación de traición y hasta agresividad, lo que ponía a los padres en retirada total.

En la vida real se ve así: le dices con amor que necesita hacerse cargo, y la respuesta es “soy una carga”, “no sirvo para nada”, “estarían mejor sin mí”. El facilitador se derrumba de culpa y termina pidiendo disculpas por un límite que era completamente razonable. Lo que hay que entender es que la angustia es genuina, pero la función que cumple es restaurar la dependencia.

¿Qué hacer? Validar la emoción sin ceder: “Entiendo que te duele, me importa lo que sientes, pero necesitamos hacer las cosas diferente”. Y si en algún momento hay expresiones concretas de hacerse daño, eso siempre se toma en serio y requiere atención profesional inmediata.

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¿Y ahora qué hacemos?

  1. El reto de las micro-decisiones. Una semana tomando al menos tres decisiones diarias sin consultar a nadie. Cosas cotidianas: qué comer, qué ruta, qué película. Reconstruyes confianza en tu criterio una decisión a la vez.
  2. El inventario de responsabilidades prestadas. Dos columnas en una hoja: en la primera, todo lo que alguien más carga por ti. En la segunda, un plan con fechas para asumir cada una. No todas de golpe: una por mes es un ritmo realista.
  3. La conversación que no quieres tener. Si eres el habilitador, habla desde el amor firme: “Te quiero y por eso necesito dejar de hacer por ti lo que tú puedes hacer solo”. Cuando venga la reacción emocional, y probablemente vendrá, recuerda: valida el sentimiento, mantén el límite. El crecimiento real, individual y en pareja, casi siempre empieza del otro lado de esa incomodidad.

Para cerrar

La adultez en pausa no es una sentencia. Es un patrón que se puede transformar, pero requiere decidir que estás listo para hacerte cargo de tu propia vida. Si hay duelos pendientes, hay que atenderlos. Si hay culpas o resentimientos drenando tu energía, hay que trabajarlos. Si la relación de pareja se convirtió en una extensión del nido familiar, hay que revisarla.

Cada persona tiene su propio viaje y su momento para dar el paso. Lo importante es reconocer si estás en pausa por elección consciente o por miedo disfrazado de comodidad. Así que la pregunta es: ¿estás viviendo tu vida adulta o simplemente ocupas un lugar en ella mientras esperas que alguien más presione play?

Especialista: Mario Guerra. Psicoterapeuta, tanatólogo, coach ontológico, hipnoterapeuta certificado internacionalmente, conferencista y nuestro rockstar del amor.

TW y IG: @marioguerra / FB: @marioguerra.mx / YT: @MarioGuerramx / encuentrohumano.com

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