Test: ¿eres adulto premium?

¿Se han dado cuenta que hay gente que no sabe ser adulto en su día a día? Hagan este test y descubran si lo son o de plano no. ¡No tiene que ver con la edad!

febrero 24, 2026

Hoy profundizaremos en el «adulto Premium», el polo opuesto del «adulto en pausa» que exploramos antes. Este adulto «que sí funciona» corresponde al adulto diferenciado de la teoría de sistemas familiares de Murray Bowen.

La diferenciación del self es la capacidad de funcionar autónomamente, tomar decisiones propias y mantener la conexión emocional sin perder el centro. La pregunta clave no es si te identificas, sino cuánto te está costando serlo.

Test: ¿eres adulto premium?

Responde sí o no. Si tu respuesta honesta es «a veces», cuenta como sí.

  1. Cuando alguien cercano tiene un problema, eres la primera persona a quien acuden.
  2. Terminas resolviendo cosas que otros deberían atender por su cuenta.
  3. Cuando delegas algo, acabas revisándolo o haciéndolo tú mismo.
  4. En decisiones grupales, casi siempre eres quien lleva las riendas.
  5. La gente en tu círculo sabe que contigo las cosas «quedan bien».
  6. Resuelves conflictos ajenos con más frecuencia de lo que te gustaría.
  7. Cuando alguien falla, tú entras a remediar la situación antes de que se caiga todo.
  8. Sientes que si tú no estás, las cosas se complican.
  9. Pedir ayuda se te hace incómodo, o simplemente lo evitas.
  10. Te cuesta trabajo ver a alguien batallar con algo que tú resolverías en minutos.
  11. En el fondo, crees que eres más responsable que la mayoría de la gente que te rodea.
  12. Cuando alguien no cumple tus estándares, sientes una mezcla de decepción y resignación.
  13. Sientes que cargas con más de lo que te corresponde, pero no sabes bien cómo cambiarlo.
  14. Tu identidad está muy ligada a ser la persona capaz y confiable del grupo.
  15. A veces te preguntas si la gente te aprecia a ti… o lo que haces por ellos.

Resultados

0 a 5 sí: Adulto Premium genuino Tienes autonomía real, límites sanos y no necesitas ser el sostén de todos para sentirte valioso. La gente confía en ti, pero tú también confías en que ellos pueden arreglárselas. Ese equilibrio no es fácil de lograr.

6 a 10 sí: En zona de riesgo Funcionas muy bien, quizás demasiado bien. Sin darte cuenta, estás empezando a asumir cargas que no te corresponden y a hacer más fácil que otros hagan menos. Todavía no es un patrón consolidado, pero ya está operando. Vale la pena verlo antes de que se instale.

11 a 15 sí: El paraguas ya está abierto No solo eres el adulto que funciona, eres el sistema de soporte de todos los que te rodean. Y lo más importante: en algún nivel, lo necesitas. Tu competencia se convirtió en un rol del que ya no sabes cómo salir, y los demás aprendieron a no intentarlo porque tú siempre estás ahí. Eso tiene un costo que probablemente ya estás sintiendo.

¿Cómo funciona ser adulto premium?

¿Eres la primera llamada cuando alguien cercano tiene un problema? ¿Resuelves antes de que te lo pidan o lo que no te corresponde? Si la respuesta es «sí, pero si no lo hago yo…», ese es el patrón.

El adulto Premium no pide ser necesitado, sino que funciona tan bien que el entorno (hijos, pareja, amigos, trabajo) aprende a depender de su capacidad de resolver. Para él, es natural. El problema no es su competencia, sino lo que genera a su alrededor y en sí mismo.

Aclaración: El adulto Premium genuino no necesita señalar, devaluar ni diagnosticar a quienes no lo son. Usar la madurez para ejercer poder y herir es un patrón distinto. La competencia real no se compara, no critica y no necesita lastimar para autoafirmarse.

Lo que la psicología dice sobre esto

El sobrefuncionamiento (Bowen, Lerner) describe a quien asume demasiadas responsabilidades, haciendo que otros asuman menos. A diferencia de la codependencia (por inseguridad), el «adulto Premium» sobrefunciona desde la eficiencia, lo que dificulta su detección en perfiles de alto rendimiento. Kegan (Harvard) definió la mente autorreflexiva como la capacidad del adulto maduro para definirse internamente (adulto diferenciado). Quien sobrefunciona, en cambio, necesita ese rol para afirmar su identidad.

Pero hay un lado B que vale mirar

La hiper-independencia, a menudo disfrazada de autosuficiencia, puede ser una forma de control y una dificultad para la vulnerabilidad. El rol de «el que resuelve» define a la persona; sin él, pierde identidad.

Martin Seligman, de la psicología positiva, afirma que el bienestar («flourishing») requiere interdependencia real, no autosuficiencia como escudo, sino conexión elegida. El adulto Premium no solo ayuda por generosidad, sino porque le da sentido, revelando la sombra de su perfil.

¿Por qué cuesta tanto salir de este patrón?

Vivimos en una cultura que constantemente premia al «adulto Premium» por su productividad y autosuficiencia, validándolo como confiable y fuerte. Sin embargo, esta validación es una trampa.

Dejar de sobrefuncionar es incómodo, pues implica tolerar ver a otros batallar sin intervenir. Además, soltar este rol de persona capaz y resolutiva puede sentirse como una pérdida de identidad, ya que confundimos lo que hacemos con lo que somos.

Tres movimientos concretos para empezar a cambiar el patrón

No hablamos de transformaciones radicales ni de dejar de ser quien eres. Hablamos de ajustes específicos que, si los practicas con consistencia, cambian la dinámica.

  1. El primero es hacer la pausa antes de resolver. Cuando alguien llega con un problema, en lugar de ofrecer una solución de inmediato, pregunta: ¿qué crees tú que podrías hacer? No es abandono. Es devolver la agencia a quien le corresponde. Y te vas a sorprender de cuántas veces la persona ya sabe la respuesta, solo necesitaba que alguien no se la diera antes de que pudiera encontrarla.
  2. El segundo es nombrar lo que cargas. No como queja, sino como información. Decir «me doy cuenta de que esto lo estoy resolviendo yo con mucha frecuencia, y quisiera que lo pensáramos juntos» es una conversación que el adulto Premium casi nunca tiene, porque siente que quejarse no va con su perfil. Pero nombrarlo no te hace menos capaz. Te hace más honesto.
  3. El tercero es practicar pedir ayuda en cosas pequeñas, aunque no la necesites. Deliberadamente. Porque el músculo de recibir ayuda se atrofia cuando no se usa, y recuperarlo requiere práctica. No tiene que ser en una crisis. Puede ser en algo cotidiano. El punto es recordarle a tu sistema nervioso que pedir no es fallar.

Ser un adulto que funciona bien es un logro genuino. No hay nada malo en ser capaz, confiable y resolutivo. El problema no está en la fortaleza, sino en lo que se esconde detrás de ella, y en lo que genera a su alrededor.

No dejen de leer:

únete a nuestra comunidad

febrero 24, 2026