Nos dijeron que nos amáramos más, pero también que nunca dejáramos de superarnos. Entonces, ¿dónde está la línea entre amor propio y autoexigencia? Rodolfo Solís nos va a hablar de cómo distinguir cuando te estás impulsando desde el crecimiento y cuándo te estás castigando disfrazado de disciplina.
¿Alguna vez han sentido que, aunque «cumplen» con todo, por dentro están al borde del colapso? Hay personas —seguro conocen a más de una, o quizá se ven en el espejo— que simplemente no paran nunca.
Resuelven, rinden, se esfuerzan al máximo y, desde afuera, parecen rocas inamovibles. Pero la realidad es otra: por dentro están agotadas y viven con una duda constante: “No entiendo por qué me siento así si estoy haciendo todo bien”.
Vamos a poner los puntos sobre las íes porque, ojo, no todo lo que parece disciplina es salud mental. Existe una línea muy delgada entre el autocuidado (ese verdadero amor propio) y la autoexigencia tóxica disfrazada de fortaleza. Cuando nuestro valor personal depende de qué tan bien rendimos, entramos en un terreno peligroso que afecta cada rincón de nuestra vida.
Cuando el rendimiento define quiénes somos
La autoexigencia es una ladrona silenciosa que se mete en nuestras actividades diarias y nos hace creer que, si no somos perfectas, no valemos nada. Veamos cómo se manifiesta en nuestras áreas de vida:
En el trabajo: El vacío del «nunca es suficiente»
¿Se quedan más horas de las necesarias? ¿Sienten que si no revisan el reporte diez veces algo va a salir mal? En la autoexigencia laboral, descansar genera una culpa insoportable.
- Pensamiento típico: “Si fallo, pierdo mi valor como persona”.
- Impacto: Estrés crónico, insomnio y ese terrible burnout que nos deja sin energía para nada más.
No dejen de leer: ¿Cómo la Gen Z está reinventando el mundo?
Maternidad y Paternidad: El ideal imposible
Aquí la autoexigencia es especialmente cruel porque se disfraza de amor. Creemos que ser «buena madre» significa poder con todo sin pedir ayuda.
- Pensamiento típico: “Si me canso o necesito tiempo para mí, soy una egoísta”.
- Impacto: Una culpa constante y una tristeza persistente que nos hace sentir incompetentes.
Ejercicio y Alimentación: ¿Bienestar o castigo?
Incluso en lo que debería ser saludable, la mente puede jugarnos sucio. Si entrenan estando lesionadas o exhaustas, o si sienten que una comida «arruinó» todo su progreso, no están siendo disciplinadas, se están juzgando.
- En el ejercicio: Se entrena por miedo al cuerpo que se tiene, no por salud.
- En la alimentación: Deja de ser nutrición para convertirse en un juicio constante y ciclos restrictivos.
¿Qué está pasando en nuestro cerebro?
Psicológicamente, cuando la autoexigencia domina, nos fusionamos con una voz crítica feroz. El miedo empieza a dirigir nuestras decisiones y usamos el esfuerzo extremo como un escudo para no sentirnos «insuficientes».
Su sistema nervioso vive en un estado de alerta roja permanente. Primero aparece el estrés, luego la ansiedad, y finalmente llega el agotamiento emocional y la desmotivación. Muchas veces, la depresión aparece no por debilidad, sino por un desgaste sostenido donde no hubo ni un gramo de compasión interna.
La diferencia estructural: Autoexigencia vs. Autocuidado
Para entenderlo mejor, les preparé esta tabla comparativa que les ayudará a identificar desde dónde están actuando:
| Tipo de pensamiento | Autoexigencia | Metas desde el Autocuidado |
| Valor personal |
“Valgo si logro; soy lo que produzco”. |
“Mi valor es inherente y no depende de resultados”. |
| Sobre el error |
“Equivocarme es inaceptable y catastrófico”. |
“El error es información y una oportunidad humana”. |
| Sobre el descanso |
“Descansar es de flojos”. |
“El descanso sostiene mi rendimiento y bienestar”. |
| Motivación |
Basada en el miedo a no ser suficiente. |
Basada en valores y en lo que es importante para mí. |
El camino hacia el autocuidado real
Autocuidado no es mediocridad ni dejar de crecer. Es, en palabras sencillas: “Valgo, y desde ese valor, elijo esforzarme”.
Desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT), no buscamos eliminar las emociones incómodas, sino que dejen de gobernar nuestra vida. La autocompasión no es bajar nuestros estándares, sino cambiar la forma en la que nos relacionamos con ellos: siendo una voz firme pero amable, en lugar de un juez implacable.
Cuentahabientes, les dejo una tarea para reflexionar esta semana. Pregúntense: “Si yo ya supiera, con total certeza, que soy suficiente tal como soy hoy, ¿seguía persiguiendo esta meta con la misma intensidad?” Si la respuesta es sí, es un valor real; si la respuesta es no, probablemente es miedo.
Especialista: Rodolfo Solís. Psicofisiólogo clínico. Doctor en Neurociencias de la Conducta. Líder del Laboratorio de Neurofisiología Cognitiva y Clínica del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
IG y TikTok: @dr_rsolis / WEB: psiquiatrialrs.com / 55 1545 4240