Les vamos a dar las 10 curiosidades sobre Tenochtitlán que pocos saben sobre esta ciudad antigua.
A veces caminamos por el Centro Histórico, sorteando el tráfico y las prisas, sin darnos cuenta de que bajo nuestros pies late una historia fascinante, llena de intriga, poder y una ambición que dejaría a los personajes de Game of Thrones como simples aficionados.
10 curiosidades sobre Tenochtitlán que pocos saben
Alejandro Rosas, nos recordó que, aunque nos separan siete siglos, los mexicas y nosotros, los chilangos, compartimos un pasado común escrito sobre el lecho de un lago. Prepárense, porque hoy vamos a mirar nuestra historia a través de los ojos de sus dioses y sus tlatoanis en un relato verídico, pero cargado de drama humano.
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¿Aztecas o Mexicas? El primer gran misterio
Seguro muchas se han preguntado si es lo mismo, y la respuesta corta es: no exactamente. El término «azteca» viene de Aztlán, ese lugar mítico en el norte de donde salió el grupo fundador.
Durante su larguísima migración, que duró más de dos siglos (entre 1111 y 1325), se les conoció como aztecas. Sin embargo, cuenta la leyenda que su dios protector, Huitzilopochtli, les ordenó cambiar su nombre a mexicas cuando ya estaban cerca del Valle de México.
Este no fue un capricho; fue una jugada maestra de propaganda política y religiosa para dejar atrás su pasado como pueblo errante y nacer como el «pueblo elegido» destinado a fundar una gran ciudad en 1325.
El escudo nacional y la verdad sobre la serpiente
Todas conocemos la imagen: el águila sobre el nopal. Pero, cuentahabientes, ¿sabían que en las crónicas originales y códices como el Mendoza o el Boturini, la serpiente brilla por su ausencia?
La famosa serpiente fue un «añadido» posterior durante la época colonial. Fueron los frailes agustinos del siglo XVI quienes reinterpretaron el símbolo para que encajara con la visión cristiana:
- El águila: Representaba el bien o la luz.
- La serpiente: Representaba el mal o el demonio.
Esa versión se volvió tan popular que terminó grabada en nuestro orgullo nacional.
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De mercenarios a dueños del valle
No siempre fueron el imperio temible que imaginamos. Durante sus primeros 100 años (1325-1428), los mexicas fueron un pueblo subordinado y hasta despreciado. Eran los «mercenarios» de Azcapotzalco, bajo las órdenes del poderoso Tezozómoc.
Todo cambió en 1428 con el tlatoani Itzcóatl. Él se dio cuenta de que para ser poderosos necesitaban someter en lugar de ser sometidos. Junto a Nezahualcóyotl de Texcoco y Totoquihuatzin de Tlacopan, formaron la Triple Alianza, derrotando a sus antiguos amos y dominando Mesoamérica por los siguientes 90 años.
Itzcóatl: El primer «editor» de la historia
Aquí viene el chisme histórico más fuerte: Itzcóatl no solo ganó guerras, también entendió que quien controla el pasado, controla el futuro. Ordenó quemar los antiguos códices que mostraban a los mexicas como un pueblo pobre y subordinado.
En su lugar, mandó escribir una nueva historia oficial donde aparecían como descendientes de linajes nobles y elegidos por los dioses para gobernar. El arquitecto de esta gran mentira (o brillante estrategia de marketing) fue su consejero Tlacaélel.
Rituales, sacrificios y… ¿la escoba?
Es verdad, los sacrificios humanos existieron y eran parte central de su lógica religiosa: los dioses dieron su sangre para crear el mundo, y los humanos debían devolver esa energía vital (tonalli) para que el sol siguiera saliendo.
Pero entre tanta guerra, había detalles de una delicadeza increíble. ¿Sabían que la escoba era sagrada? Barrer no era solo limpiar el polvo, era ordenar el universo.
- Coatlicue: Estaba barriendo el templo cuando quedó embarazada de Huitzilopochtli.
- Nuevos gobiernos: Cuando un tlatoani era elegido, se barría para purificar y limpiar el camino del nuevo mando.
Tenochtitlán: Una metrópoli sin igual
Para 1519, Tenochtitlán era una ciudad que le daba mil vueltas a las europeas. Tenía entre 200 mil y 250 mil habitantes. Mientras tanto, ciudades como Londres apenas llegaban a los 60 mil. Era una ciudad flotante con canales, acueductos y el impresionante Templo Mayor de 45 metros de altura.
Durante siglos creímos que el Templo Mayor estaba debajo de la Catedral, hasta que en 1978, unos trabajadores de la luz encontraron el monolito de Coyolxauhqui, confirmando que nuestra joya arqueológica estaba justo al lado.
Cuentahabientes, conocer nuestras raíces nos ayuda a entender por qué somos como somos: una mezcla de ambición, resiliencia y una fe inquebrantable en que estamos destinados a grandes cosas.
Especialista: Alejandro Rosas. Historiador y escritor. TW, IG: @arr1910 / FB: Alejandro Rosas Robles