Seguro han notado que últimamente nuestras redes sociales se llenaron de términos extraños que parecen sacados de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto y eso es el looksmaxxing.
De pronto, ya no solo nosotras estamos bajo la lupa de la perfección; ahora ellos están obsesionados con algo llamado «looksmaxxing».
¿De qué se trata esta tendencia que tiene a los hombres frente al espejo más tiempo que nosotras? Prepárense, porque vamos a desmenuzar este fenómeno que, detrás de un nombre pegajoso, esconde realidades bastante intensas y, en algunos casos, peligrosas.
¿Qué es el «Looksmaxxing» y por qué está en todos lados?
El término viene de la unión de looks (apariencia) y maximizing (maximizar). En teoría, suena como algo inofensivo: es el proceso de mejorar tu apariencia física a través de diferentes métodos. El problema es que, como todo en la era de los algoritmos, esto se ha llevado al extremo más absoluto.
En el mundo del looksmaxxing, no basta con ir al gimnasio o ponerse una buena crema hidratante. Se trata de alcanzar un ideal estético casi sobrehumano. Han surgido personajes como el streamer de Kick conocido como Clavicular, quien no solo promueve estándares imposibles, sino que ha sido señalado por sus posturas misóginas y racistas.
Es este tipo de líderes de opinión los que están dictando las reglas de un juego donde el premio es la «perfección» y el costo puede ser la salud mental y física.
De lo básico a lo aterrador: Las técnicas
Dentro de esta subcultura existen niveles. Está el «softmaxxing», que incluye cosas que todas conocemos:
- Cuidar la alimentación.
- Tener una rutina de ejercicio constante.
- Mejorar el estilo al vestir.
Pero el lado oscuro es el «hardmaxxing». Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Hay usuarios promoviendo técnicas como el bone smashing, donde —aunque no lo crean— sugieren usar martillos para golpear los huesos de la cara con la idea de generar microfracturas que, supuestamente, ensanchen la mandíbula al sanar.
¡Es una locura absoluta! No hay ninguna prueba científica de que esto funcione y, por el contrario, los daños pueden ser permanentes.
El caso de Bryan Johnson: La obsesión por no envejecer
Otro referente en esta conversación es el CEO tecnológico Bryan Johnson. A sus 48 años, vive obsesionado con la reversión de la edad. Asegura que, gracias a su régimen extremo, su edad biológica es de 28 o 29 años.
Si bien no se martilla la cara, promueve una vigilancia del cuerpo tan estricta que raya en lo patológico, vendiendo la idea de que envejecer es un «error» que los hombres deben corregir a toda costa.
¿Por qué nos sorprende tanto ahora?
Aquí es donde quiero que reflexionemos juntas, cuentahabientes. La pregunta del millón es: ¿por qué nos escandaliza tanto la absurdez de estos estándares ahora que los hombres los están adoptando? Durante décadas, nosotras hemos pasado por:
- Tratamientos dolorosos y fajas imposibles.
- Cirugías estéticas riesgosas para encajar en moldes sociales.
- Rutinas de belleza que nos quitan horas de vida.
Parece que la sociedad solo empieza a cuestionar lo tóxico de los estándares de belleza cuando los hombres entran en la conversación y empiezan a sufrir por no ser «suficientemente atractivos».
Es una doble vara de medir muy interesante que nos invita a pensar en cómo hemos normalizado el sufrimiento femenino en nombre de la estética.
El peligro de la «Manosfera»
Este fenómeno no vive solo; habita en la llamada «manosfera», un rincón de internet donde se mezclan consejos de superación personal con discursos de odio y una competencia feroz por la validación masculina.
El riesgo es que los chavos terminen creyendo que su valor como personas depende únicamente de la proyección de su mandíbula o de qué tan «alfa» se ven en una foto.
El riesgo en los hijos adolescentes
Querer verse bien no tiene nada de malo. Al contrario, el autocuidado es un acto de amor propio. El problema surge cuando ese «cuidado» se convierte en una tortura o en una obsesión que nos desconecta de la realidad.
Si sus hijos están empezando a obsesionarse con estos términos, hablen con ellos. Así como les decimos que no se automediquen y que siempre consulten a un especialista antes de cualquier tratamiento (especialmente si requiere receta o intervención física), hay que recordarles que la perfección no existe.
La verdadera «máxima versión» de uno mismo no se logra con un martillo ni con rutinas de 100 pasos, sino con salud, equilibrio y, sobre todo, mucha paz mental.