Levante la mano la que haya preparado con todo el amor del mundo una porción perfecta de aguacate, huevo y fruta, solo para ver cómo su bebé agarra un pedacito, tira el resto al piso y se pone a golpear la mesa con la cuchara.
Es una sensación desgastante, ¿verdad? Una siente frustración inmediata, pero respiren profundo: mientras ustedes ven un plato intacto, su bebé acaba de vivir una experiencia multisensorial completa.
¿Por qué los bebés no comen como deben? Una nutrióloga responde
Durante la etapa de alimentación complementaria, es facilísimo caer en la angustia de sentir que el bebé «no come». Sin embargo, la gran mayoría de las veces sí lo hace, solo que no consume la cantidad, al ritmo ni de la forma que nosotras como adultas esperábamos. Su apetito cambia constantemente por factores tan cotidianos como el sueño, la dentición, una enfermedad, el estreñimiento, la leche que tomó previamente o incluso su velocidad de crecimiento.
Los bebés no comen porciones de adulto
A ver, cuentahabientes, uno de los errores más comunes durante esta fase es servir montones de comida en el plato y pretender que lo dejen limpio. Servir en exceso solo logra darles la falsa impresión de que el pequeño comió «nada», cuando en realidad esa minúscula cantidad era exactamente la adecuada para su edad y su capacidad gástrica.
Más que obsesionarse contando cucharadas en una sola comida, observen el panorama completo a lo largo de varios días. Fíjense en su energía, su desarrollo y su curva de crecimiento. Además, recuerden que el apetito de un bebé no es una línea recta.
No caigan en la trampa de comparar a sus hijos con los bebés de redes sociales que devoran platos gigantescos. Cada niño es un mundo. Lo verdaderamente importante es ofrecer variedad constante de los cinco grupos clave: proteínas, frutas, verduras, cereales y grasas saludables.
Los adultos ofrecen; el bebé decide
Anoten esta regla de oro en el refrigerador, cuentahabientes: como cuidadoras, a ustedes les corresponde decidir qué alimento ofrecer, cuándo y en qué lugar. Pero el bebé —y solo el bebé— tiene el derecho absoluto de decidir si quiere comer y qué cantidad necesita. Para evitar batallas emocionales en la mesa, aprendan a leer las señales no verbales de sus pequeños:
- Señales de hambre o interés: Abre la boca, acerca su cuerpecito al plato o busca activamente la comida. Ahí pueden ofrecer un bocado más.
- Señales de saciedad o rechazo: Cierra la boca con fuerza, gira la cabeza, se aleja, frunce el ceño o empuja la cuchara. En ese preciso instante, deténganse.
Ser un ser humano pequeño no significa sentir menos. Respetar sus límites corporales genera seguridad, autoestima y una relación saludable con la comida para toda la vida. Forzar, insistir, chantajear o meter la cuchara a la fuerza cuando ya dijo «no», vulnera su confianza física y emocional.
Tocar y jugar también es aprender
Para un bebé, la mesa no es un restaurante formal; es un gimnasio multisensorial. Ellos exploran el mundo a través de los sentidos, y la comida no es la excepción: necesitan tocar, aplastar, oler, embarrarse y probar. Para que este aprendizaje funcione, el bebé requiere una postura corporal estable en su silla y un entorno emocionalmente tranquilo, sin gritos ni presiones.
Y ojo con esto: escupir un alimento no significa automáticamente que «lo odia» o que no le gustó. Muchas veces solo están descifrando cómo manejar una textura nueva, un sabor desconocido o un tamaño diferente dentro de su boca. Cada ingrediente nuevo es una primera experiencia de vida.
La variedad importa más que dejar el plato limpio
De nada sirve un plato completamente limpio si solo comieron un solo tipo de alimento. Durante la primera infancia, la calidad y la diversidad nutricional lo son todo. Por ejemplo, el hierro es un mineral indispensable para el desarrollo cerebral y se encuentra en carnes, huevo, leguminosas y semillas. Su absorción se potencia maravillosamente cuando lo combinan con nutrientes como la vitamina C, B9 y B12 presentes en frutas, verduras y cereales.
De acuerdo con la OMS y UNICEF, un niño de 6 a 23 meses alcanza una diversidad alimentaria mínima cuando consume alimentos de por lo menos cinco de ocho grupos al día. Lamentablemente, las cifras en nuestro país nos invitan a reflexionar:
- En México, solo el 66.3% de los niños de 6 a 23 meses alcanza esta diversidad mínima. Esto significa que 1 de cada 3 bebés no está recibiendo los nutrientes variados que necesita (Fuente: Ensanut Continua 2023, INSP).
- Lo más alarmante: en ese mismo grupo de edad, el 41.7% consumió alimentos no saludables, como frituras, galletas, dulces, pastelitos o sopas instantáneas.
Además, entre el 25% y el 45% de la población infantil presenta alguna dificultad alimentaria transitoria o moderada. Pero cuando el problema escala, podemos estar frente al Trastorno de la Alimentación Pediátrico (PFD), el cual afecta a 1 de cada 37 menores de cinco años sanos, siendo aún más frecuente en pequeños con antecedentes de prematurez, neurodivergencia o alguna condición de salud previa.
¿Cuándo deja de ser selectividad normal y cuándo buscar ayuda?
Es completamente normal que los niños pasen por etapas de selectividad o neofobia (miedo a probar cosas nuevas). Sin embargo, la diferencia entre un picky eater (comedor quisquilloso) y un niño con PFD radica en el impacto directo sobre su salud, nutrición y funcionamiento diario.
El PFD se define clínicamente como una ingesta oral alterada e inadecuada para la edad, que persiste durante al menos dos semanas y está ligada a complicaciones orgánicas, nutricionales, motoras, sensoriales o psicosociales.
| Criterio | Picky Eater (Comedor Quisquilloso) | Trastorno de la Alimentación Pediátrico (PFD) |
| Definición clínica | Etapa del desarrollo normativo (neofobia o selectividad leve a moderada). | Ingesta oral alterada no adecuada a la edad que dura al menos 2 semanas. |
| Variedad de alimentos | Come entre 15 y 30 alimentos distintos (acepta al menos uno por grupo). | Menos de 10-15 alimentos en total; o rechazo total de grupos o texturas enteras. |
| Reincorporación | Tolera el alimento nuevo en su plato y puede volver a comerlo tras varias exposiciones. | Si «pierde» un alimento aceptado, rara vez lo recupera (atrapamiento dietético). |
| Nutrición y crecimiento | Curva de crecimiento normal; no hay déficit severo de micronutrientes. | Fallo de medro, desnutrición, pérdida de peso o dependencia de suplementos o sonda. |
Focos rojos para consultar a los especialistas
Si identifican alguna de estas señales en sus hijos, es momento de agendar una consulta con su pediatra o experto en nutrición infantil:
- Consume menos de 10 o 15 alimentos en total o rechaza grupos alimenticios enteros.
- Pierde alimentos que antes aceptaba y no logra reincorporarlos jamás.
- Muestra pérdida de peso, desnutrición o estancamiento en su crecimiento.
- Presenta tos, atragantamientos, arcadas frecuentes o imposibilidad para masticar.
- Experimenta ansiedad extrema, llanto intenso, crisis sensoriales o aislamiento durante el momento de la comida.
Cuentahabientes, la hora de comer debe ser un espacio de conexión, descubrimiento y amor, jamás un terreno de tensión. Observen a sus pequeños con paciencia, respeten su ritmo y recuerden que pedir la orientación de los profesionales adecuados siempre será la mejor decisión para la tranquilidad de toda la familia.
Especialista: Monserrat Díaz Zafe. Médico Pediatra Especialista en Nutrición y Dificultades de la alimentación Infantil, Certificada en entrenamiento SOS Approach to Feeding. Directora y Fundadora de DYORÚ, Clínica Pediátrica con presencia en toda la República Mexicana y a nivel mundial.
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