Para quienes me conocen saben que soy una auténtica enferma de entender cómo funciona nuestro cuerpo de pies a cabeza. Y es que andamos por la vida echándole la culpa a la falta de voluntad, al estrés o al cansancio, sin saber que el verdadero centro de muchas de nuestras emociones, de la memoria y hasta de cómo nos comportamos, ¡está en la panza!
Por eso, me puse a escuchar el podcast de Bendita Nutrición con Beatriz Boullosa y Nicolás Mier y Terán, en esta ocasión, tuvieron de invitado al Dr. Fernando Leal, especialista en nutrición, y platicaron de cosas que de verdad me dejaron shockeada sobre lo que dijeron.
Para empezar, algo que mencionó Fer y que me sorprendió, es que desde las primeras semanas de gestación, cuando el embrión apenas se está formando, se crea un tubo neural que crea el sistema nervioso central y, al mismo tiempo, el intestino. Por eso el doctor explicaba que el intestino no es un segundo cerebro, es parte de todo un eje que coordina el metabolismo, la inflamación, la inmunidad y el sistema nervioso.
O sea, imagínense el nivel de conexión que hay a través del nervio vago, porque el 80% de la comunicación va directo del intestino hacia el cerebro. ¡Al revés de lo que todos pensábamos!
Intestino: la fábrica de la tranquilidad
Y agárrense, porque aquí viene algo que me dejó con el ojo cuadrado, el 95% de la serotonina, esa que nos ayuda a estar tranquilos, relajados y que después se convierte en melatonina para poder dormir, se produce en el intestino y en la piel, no en el cerebro, para que no anden con una idea que nomás no.
Por esta razón, Nico mencionaba que cuando la gente tiene problemas en el tubo digestivo, de la nada empiezan a batallar con el insomnio. Y no para ahí, porque también se produce el GABA, el neurotransmisor que ayuda a que no nos tiemble el cuerpo y que nuestra motricidad fina funcione bien. O sea que si fallan las tripas, falla todo lo demás.
Estrés, disbiosis y el caos digestivo
Y algo que mencionaba Bea era ¿cómo esperamos que ese eje funcione si vivimos estresados, corriendo todo el día y comiendo fatal? A lo que Fer le explicaba que cuando nos da gastritis o colitis, o cuando venimos de un fin de semana de comida grasosa, alcohol, mala hidratación y desveladas, causamos un desajuste llamado disbiosis, que es cuando la microbiota se desbalancea.
Y es ahí cuando entra el gran dilema: ¿nos estresamos porque el intestino está mal, o nos daña el estómago porque vivimos con el sistema nervioso alterado?
Además, comentaba algo durísimo sobre el COVID y las secuelas de memoria, resulta que cuando hay inflamación crónica que nace desde el intestino, el cuerpo activa una «poda neural», barriendo no solo con lo que no sirve, sino llevándose neuronas y conexiones que sí necesitamos. ¡Por eso se nos olvidan las cosas y andamos con la memoria de la fregada!
¿Qué onda con la fibra y los baches de comida?
Otro punto clave que platicaban es el papel de la fibra. Las bacterias buenas se alimentan de ella para producir ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), que ayudan a desinflamar. Pero si nos la pasamos saltándonos comidas, haciendo ayunos mal planeados o comiendo puros ultraprocesados, lo único que hacemos es alterar las secreciones intestinales y lastimar la mucosa.
Por eso, para echarle una mano a nuestra salud digestiva y ver de que el cuerpo reciba lo que necesita, comentaba que San Pablo Farmacia, específicamente el área de San Pablo Natural, tiene opciones increíbles como suplementos, probióticos y prebióticos ideales para cuidar la microbiota sin caer en extremos. Porque no se trata de vivir a base de prohibiciones, sino de entender que cuidar la panza es cuidar el resto de nuestra salud.
Así que ya saben, pregúntenle a su especialista de cabecera por lo mejor para su panza, y de paso dense una vuelta por San Pablo Farmacia o chéquen sus redes, están en farmaciasanpablo.com.mx, en IG como @sanpablofarma, y en FB como San Pablo Farmacia, para que no anden en las mil y una penurias.