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¿Caer bien o ser respetada? El decálogo para elevar tu estatus

Les vamos a dar los hacks para caer bien y mostrar los límites en una plática o en la chamba, no se lo pueden perder.

febrero 27, 2026

Hoy vamos a ponernos serias con un tema que a muchas nos ha quitado el sueño: esa necesidad casi biológica de caerle bien a todo el mundo. Nos han enseñado que ser «lindas» y «amables» es la llave maestra, pero ¿a qué costo?

Recibimos en el programa a nuestro queridísimo Álvaro Gordoa, Rector del Colegio de Imagen Pública, y nos dejó con la boca abierta al explicarnos que hay una diferencia brutal entre ser agradable y ser respetada.

Resulta que caer bien es algo puramente emocional y volátil, porque depende del humor de la otra persona; en cambio, el respeto es algo estructural que se construye sobre la percepción de tu valor. No siempre debemos trabajar para ser encantadoras; a veces, ser valiosas, confiables y congruentes implica incomodar un poquito a los demás, y eso, cuentahabientes, está bien.

La trampa de la amabilidad y las explicaciones

Muchas veces, las personas que son «demasiado lindas» terminan ajustando su postura, su discurso y hasta sus decisiones solo para que el entorno no se sienta incómodo. Pero ojo: la amabilidad busca aprobación, mientras que el respeto no la necesita. Una mujer respetada no modifica sus valores para evitar un roce, porque la congruencia pesa muchísimo más que la simpatía momentánea.

Si sus principios cambian según con quién hablan, su reputación se vuelve frágil y dejan de ser percibidas como alguien con un posicionamiento sólido.

Otra forma en la que saboteamos nuestro estatus es explicando de más nuestras decisiones. Cuando te justificas en exceso, proyectas una inseguridad tremenda que, ante los ojos de los demás, equivale a tener un menor estatus. Explicar todo suena a que estás pidiendo permiso para ser tú o para hacer tu trabajo.

Una decisión firme se comunica una sola vez, sin dramatismo y sin sobreargumentar; recuerden que el silencio estratégico también es una herramienta poderosa de liderazgo.

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El arte de poner límites y cumplir promesas

¿Cuántas veces han dicho «es que me encantaría, pero…» o «perdón, lo que pasa es que…» solo para suavizar un no?. Cuentahabientes, cada frase que usamos para «amortiguar» un límite reduce la contundencia de nuestro lugar en el mundo.

Un «no» claro y calmado establece una jerarquía emocional y le enseña a los demás exactamente dónde estás parada. Quien no sabe poner límites termina siendo vista como alguien que siempre está disponible, y lo disponible rara vez es percibido como valioso.

Y hablando de valor, la reputación no se construye con carisma, sino con consistencia. Álvaro nos dice algo fundamental: di lo que vas a cumplir o mejor no digas nada. Cada promesa que rompes, por pequeña que sea, debilita tu autoridad y le quita peso a tu palabra. La confiabilidad eleva el estatus mucho más que cualquier encanto pasajero, porque la credibilidad no se declara, se demuestra cumpliendo siempre lo que se pacta.

Estabilidad emocional y exclusividad

Para ser una líder respetada, debes ser predecible en tus valores, no en tus emociones. La gente no confía en alguien que hoy es firme, mañana explosiva y pasado mañana está distante, porque eso genera una incertidumbre reputacional espantosa.

Sin embargo, cuando eres consistente en tus principios, aunque tengas un carácter fuerte, generas respeto. La estabilidad emocional es una muestra de liderazgo, no de debilidad.

Además, proteger tu tiempo es proteger tu marca personal. La disponibilidad permanente reduce tu valor percibido ante los demás, porque lo que es abundante tiende a subestimarse, mientras que lo exclusivo se respeta. Cuando todo el mundo puede acceder a ti sin ningún tipo de filtro, pierdes jerarquía. El acceso controlado también comunica estatus y les dice a los demás que tu tiempo es un recurso preciado.

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Congruencia ante el conflicto y la sobreexposición

A veces aceptamos cosas solo para «mantener la paz», pero ese exceso de complacencia proyecta una falta de criterio propio. El desacuerdo sereno comunica carácter y tener una postura propia, aunque incomode, genera autoridad. No se trata de pelear por pelear, sino de no mendigar aceptación a cambio de sacrificar lo que piensas. El respeto nace de la congruencia, no de agradar a ciegas.

Asimismo, hay que aprender a guardar lo personal con inteligencia. Compartirlo todo no te hace más «auténtica», solo demuestra una falta de filtro. Sobreexponer tus problemas puede generar simpatía o lástima, pero rara vez construye respeto profesional o personal. La autoridad se construye gestionando de forma inteligente lo que decides mostrar al mundo.

Ocupar tu lugar sin pedir perdón

Finalmente, cuentahabientes, dejen de disculparse por existir. Frases como «perdón por molestar», «en mi humilde opinión» o «perdón por preguntar» erosionan tu valor percibido día con día. Pidan perdón cuando cometan un error real, pero nunca por ocupar un espacio, por tener voz o por ejercer su criterio. El lenguaje moldea la percepción, y esa percepción es la que termina construyendo su reputación.

Acepten que no todos las entenderán y que eso está bien. Las personas con liderazgo y las marcas fuertes suelen polarizar; si tu mensaje es tan neutral que a nadie le molesta, probablemente es porque a nadie le importa lo suficiente como para respetarlo profundamente. La claridad puede generar detractores, pero es el único camino real hacia la autoridad.

Especialista: Álvaro Gordoa. Rector del Colegio de Imagen Pública, asesor político, empresarial y del entretenimiento en las áreas de creación y modificación de Imagen Pública, autor de los libros «Imagen Cool», «El Método H.A.B.L.A.», «La Biblia Godínez» y «Cómo salirte con la tuya».

WEB: imagenpublica.mx // IG: @alvarogordoa // TW: @AlvaroGordoa // FB: Alvaro Gordoa

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