¡Suelten lo viejo! Por qué ordenar su casa es, en realidad, ordenar su alma y aquí les vamos a decir la razón.
¿Alguna vez han sentido que, por más que intentan avanzar, hay algo que las frena? A veces no es falta de ganas, ni de talento, ni de oportunidades. A veces, lo que nos detiene es el peso de lo que cargamos, y no me refiero a los traumas de la infancia (que también), sino a lo que tienen guardado en el clóset, en la alacena y hasta en esa caja «de los recuerdos» que no han abierto en cinco años.
Aquí les vamos a hablar de algo fundamental: nada nuevo entra a una vida que sigue aferrada a lo viejo. Los espacios saturados no solo guardan objetos; guardan etapas que ya cerraron, duelos que no han procesado, miedos al futuro y versiones pasadas de ustedes mismas que ya no las representan.
Ordenar no es solo limpiar: es decidir qué versión de ustedes merece quedarse.
El clóset no guarda ropa, guarda identidades
A ver: abren el clóset y ven ese vestido de hace tres tallas, o esa blusa que les regaló alguien que ya ni está en su vida, pero la guardan por culpa. ¡ERROR! Cada prenda que no usan ocupa el espacio físico y energético de la mujer que quieren ser hoy. El Tip de Oro: Saquen TODO. Absolutamente todo. Pongan su ropa sobre la cama y háganse estas preguntas con total honestidad:
- ¿Esto representa quién soy hoy o quién fui hace una década?
- ¿Lo uso de verdad o solo lo “conservo por si acaso”?
Si están guardando pantalones para «cuando bajen de peso», están viviendo en el pasado o en una expectativa que les genera ansiedad. Honren su cuerpo actual y dejen espacio para ropa que las haga sentir espectaculares HOY.
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La cocina: el espejo de cómo se nutren
La alacena y el refri dicen mucho de su presente. Revisen cada rincón y apliquen limpieza profunda. Tiren o donen:
- Alimentos caducos (la energía de lo podrido no suma, resta).
- Utensilios repetidos. ¿Para qué quieren cuatro sartenes si siempre usan el mismo?
- Objetos que solo generan culpa, como ese aparato para hacer jugos «saludables» que compraron por una moda y nunca tocaron.
Si tienen tazas rotas o recipientes sin tapa, ¡fuera! No se merecen comer ni beber en cosas incompletas.
La Regla del Año y la diferencia entre lo útil y lo significativo
Aquí nos ponemos estrictas, cuentahabientes. La regla es clara: si no lo usaron en el último año completo, probablemente no lo necesitan.
Claro, hay excepciones reales como los abrigos para climas extremos o documentos importantes. Pero si llevan tres inviernos sin ponerse esa chamarra, no es esencial, es puro apego. Ahora, aprendan a distinguir:
- Útil: Lo usan, les sirve, tiene una función clara en su día a día.
- Significativo: Tiene un valor emocional real, no es «culpa».
Si van a guardar algo que les recuerda una etapa específica, que sea un objeto, no veinte. Honrar el pasado no significa vivir rodeada de él. ¿Un tip increíble? Tomen fotos digitales de esos recuerdos y desháganse del bulto físico.
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El caos del «por si acaso» en la bodega
El garage o la bodega es donde guardamos la indecisión. Para este espacio, creen tres categorías:
- Se va: Donar, vender o reciclar.
- Se queda: Lo que tiene un uso real.
- Decisión en 30 días: Si en un mes no regresaron por ese objeto, se va de su vida para siempre.
No ordenen lo que ya deberían soltar
Este es un error clásico. «Lo voy a acomodar bien bonito en esta caja nueva»… ¡No! Ordenar algo que no necesitan solo retrasa el desapego. El orden verdadero empieza con la eliminación. No sirve de nada que esa ropa que ya no las representa esté «muy bien doblada» o que esa decoración cara que ya no les gusta esté alineada. Si no va con ustedes, no tiene lugar en su casa.
Regla profesional: Todo lo que se queda debe tener un lugar claro. Si no tiene «casa» dentro de su hogar, no se queda. Esto reduce el caos visual y evita que vuelvan a acumular.
Cierren el ciclo con conciencia
Antes de sacar algo de su casa, hagan este ejercicio energético: Agradezcan. Digan: «Gracias por lo que fuiste cuando te necesité. Hoy ya no». Reconozcan la etapa que ese objeto representó y suelten sin culpa. Cuando sueltan con conciencia, el espacio se siente distinto, se siente ligero, se siente… listo para lo nuevo.
Recuerden, si algo les estorba físicamente, suele estar estorbando también a nivel emocional. Un espacio saturado mantiene al cerebro en “modo pasado”. Así que hoy, pregúntense frente a cada cosa: “Si esto desapareciera hoy… ¿lo volvería a comprar mañana?” Si la respuesta es no, ya saben qué hacer.
Especialista: Claudia Torre. Pionera de la Organización Profesional de Espacios en México y Latinoamérica desde 2012. Creadora de Contenido, conferencista, fundadora de organizARTE y de la Academia Claudia Torre para quienes quieren formarse como Organizadores Profesionales. Autora de “Soltar: dejar ir no es tener menos, es hacer espacio para lo importante.”
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