Seguro les ha pasado que están cinco minutos viendo noticias y cuando menos se dan cuenta llevan una hora atrapados en tragedias, crisis y malas noticias. Eso tiene nombre: doomscrolling.
Hoy vamos a hablar de qué le hace al cerebro esta sobreexposición constante al contenido negativo, cómo activa el estrés, altera el sueño y nos deja en modo alerta permanente.
¿Qué es el doomscrolling y qué le está haciendo a nuestro cerebro?
¿Les ha pasado que se meten a ver una «rapidita» en redes sociales y, de pronto, ya pasaron dos horas leyendo tragedias, crisis y noticias que les revuelven el estómago? Si se sienten identificadas, no están solas, pero ojo, porque esto tiene un nombre y le está haciendo un daño real a su cuerpo. Se llama Doomscrolling y hoy vamos a entender por qué nuestro cerebro se queda «enganchado» a lo malo.
De acuerdo con la American Psychological Association, el 46% de los jóvenes entre 18 y 29 años confiesa sentirse “emocionalmente agotado” por las noticias. Lo más impresionante es que más del 30% admite que no puede desconectarse, aunque sabe perfectamente que le está afectando la paz mental.
¿Qué es exactamente el Doomscrolling?
Cuentahabientes, no es simplemente estar informadas. El doomscrolling es un patrón de consumo compulsivo de contenido negativo o alarmista. Es quedarse atrapadas en una cascada de estímulos horribles sin un límite claro. El usuario promedio interactúa con su dispositivo entre 2,600 y 3,000 veces al día, pero en usuarias intensivas, ¡esta cifra supera las 5,000 interacciones!
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Así se transforma su cerebro físicamente
Cuando consumen titulares alarmistas, su biología cambia. No es «imaginación» de ustedes, es ciencia pura:
La Amígdala se vuelve «loca»
Esta estructura del sistema límbico es nuestra experta en detectar amenazas. El problema es que la amígdala no distingue entre un león que las va a atacar y una noticia de guerra en la pantalla. Para ella, peligro es peligro. Estudios de la Universidad de Stanford muestran que la exposición repetida a lo negativo aumenta la reactividad de la amígdala, haciendo que empecemos a interpretar señales neutras como peligrosas. ¿Resultado? Irritabilidad e hipervigilancia constante.
El diluvio de Cortisol
Al detectar amenaza, se activa el eje del estrés y se libera cortisol. En dosis pequeñas nos ayuda a sobrevivir, pero el consumo continuo de noticias negativas genera una «lluvia constante» que erosiona el sistema. El cortisol elevado de forma sostenida provoca:
- Alteración del sueño (adiós al descanso reparador).
- Disminución de la memoria (el hipocampo se ve afectado).
- Mayor ansiedad basal e inflamación en todo el cuerpo.
La trampa de la Dopamina
Aquí viene lo contradictorio: el doomscrolling también activa el sistema de recompensa. Cada vez que deslizan el dedo, el cerebro libera dopamina ante la expectativa de algo «nuevo». Es el mismo mecanismo de las máquinas tragamonedas. La dopamina no las hace felices, cuentahabientes, solo las hace querer seguir buscando.
El impacto en su vida diaria
¿Se han sentido abrumadas o con dificultad para tomar decisiones después de mucho tiempo en el celular? Eso es porque el estrés crónico disminuye la eficiencia de la corteza prefrontal, que es la directora ejecutiva de su cerebro. Cuando la emoción sube, la razón pierde el volante.
Además, si hacen esto antes de dormir, alteran la fase REM del sueño, que es donde procesamos las emociones. Es un círculo vicioso: más ansiedad, más búsqueda de noticias, peor sueño y, por ende, más vulnerabilidad emocional al día siguiente.
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¿Cómo romper el ciclo? ¡Tomen nota!
Para dejar de intoxicarse, necesitamos intervenir en tres niveles:
- Nivel Conductual: Pongan límites. El cerebro necesita contención externa. No consuman noticias por más de 20 o 30 minutos al día.
- Nivel Ambiental: ¡Hagan que sea difícil! Borren las notificaciones y saquen las apps de redes sociales de su pantalla principal. Si hay fricción, el cerebro (que es perezoso por naturaleza) lo pensará dos veces.
- Nivel Fisiológico: El ejercicio aeróbico y la meditación mindfulness son benditos. Estudios de Yale demuestran que la práctica sostenida de meditación reduce el volumen funcional de la amígdala.
Cuentahabientes, nuestro sistema nervioso fue diseñado para amenazas locales, no para recibir cada tragedia del planeta en tiempo real. La mente necesita datos, pero también necesita silencio. No dejen que el algoritmo decida su estado de ánimo.
Pablo León. Médico cirujano especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y jefe del laboratorio de psiquiatría experimental del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.
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