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Adultos mayores: ¿cómo tratarlos dignamente?

¿Cómo hacerle para que los adultos mayores se sientan bien y no nos sintamos mal? Una especialista nos responde y nos da tips.

febrero 19, 2026

Vamos a tocar un tema que nos llega directo al corazón y que, tarde o temprano, todas vamos a vivir de cerca: el cuidado de nuestros padres, abuelos o tíos.

En México, ya somos más de 17 millones de personas con 60 años o más, y esa cifra va para arriba. Pero aquí les va el dato que nos debe poner a reflexionar: el 90% de la asistencia física y emocional a los adultos mayores la damos nosotras, la familia, no los servicios profesionales.

Y digo «nosotras» porque, según el INEGI, en nuestro país el 75% de quienes cuidan son mujeres. Cargamos con una responsabilidad enorme que muchas veces nos sobrepasa. Por eso, invité a Yamileth Villarreal, licenciada en Gerontología, para que nos enseñe que acompañar a un adulto mayor no es solo «estar ahí», es entender todo un proceso biológico y emocional.

¿Gerontóloga o Geriatra? ¡No se me confundan!

Antes de entrar en materia, Yami nos aclara una duda básica para que sepan a quién acudir:

  • Gerontólogo/a: Es la profesional que ve el envejecimiento de forma integral: lo biológico, psicológico y social. Se enfoca en la calidad de vida y en cómo adaptar el entorno.
  • Geriatra: Es el especialista en salud que diagnostica y trata las enfermedades propias de esta etapa.

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Las 5 reglas de oro para un acompañamiento digno

Cuentahabientes, tomen nota, porque estas reglas les van a cambiar la dinámica en casa como fomentar autonomía con seguridad. No se trata de hacerles todo, sino de dejar que hagan lo que todavía pueden, adaptando la casa para evitar accidentes.

  • Coloquen barras de apoyo en el baño.
  • Aseguren una iluminación perfecta en pasillos.
  • Usen zapatos antiderrapantes y, si es necesario, acepten el bastón o la andadera.
  • Recuerden: Adaptamos el entorno, no limitamos a la persona.

Escuchar activamente (guarden el celular) Muchos adultos mayores se aíslan porque sienten que ya nadie los toma en cuenta. Siéntense con ellos a platicar sin distracciones, aunque les cuenten la misma historia por décima vez.

Pregunten su opinión en las decisiones familiares; sentirse útiles es el mejor combustible emocional.

El cerebro necesita retos, no silencio. El aislamiento acelera el deterioro cognitivo. Jueguen memoria, lean juntos, mantengan reuniones sociales y fomenten actividades con los nietos.

¡El cerebro necesita estar activo! Mover el cuerpo es vida La OMS recomienda 150 minutos semanales de actividad moderada. Caminatas, Tai chi o ejercicios de equilibrio son ideales. Acuérdense: más músculo significa menos caídas.

Hablar de lo difícil (sí, hasta de la muerte) Planificar qué queremos y cómo queremos que nos cuiden es un acto de amor, no de miedo. Hablen de voluntades anticipadas y decisiones de salud a tiempo para evitar conflictos familiares después.

¿Qué pasa cuando llega la demencia o el Alzheimer?

Aquí las cosas se ponen más complejas. Lo primero que deben saber es que la demencia no es parte normal del envejecimiento. Es una enfermedad que cambia el cerebro, altera la memoria, el juicio y hasta la conducta.

La regla de oro en la comunicación: ¡Dejen de corregirlos!. Decirles «¡ya te dije!» o «eso no pasó» solo aumenta su ansiedad. Usen frases cortas, mantengan contacto visual y un tono calmado.

Si insisten en algo que ya no es real (como querer ir a trabajar), no confronten, mejor redirijan la plática: «¿qué era lo que más te gustaba de tu trabajo?». El manejo de la salud:

  • Nunca dejen que una persona con deterioro moderado gestione su propia salud.
  • Usen pastilleros semanales y alarmas.
  • Tengan una lista visible con horarios de tomas.

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El síndrome del cuidador quemado

Cuentahabientes, no podemos cuidar a nadie si nosotras estamos rotas. El cuidador promedio pasa entre 22 y 24 horas a la semana apoyando, ¡es medio empleo!. Esto genera un estrés emocional brutal: el 64% reporta estrés y el 43% sufre depresión o ansiedad.

Ustedes no pueden solas. Si sienten irritabilidad, insomnio o una culpa constante, es hora de pedir ayuda.

  • Organicen turnos familiares.
  • Busquen grupos de apoyo o terapia.
  • Cuidar no es sacrificarse hasta desaparecer.

Al final del día, el objetivo no es que «vuelvan a ser quienes eran», sino acompañar con dignidad y amor a quien son hoy. Porque la vejez no es una enfermedad, es una etapa de la vida que merece ser vivida con plenitud.

Especialista: Yamileth Villarreal. Licenciada en Gerontología y experta en envejecimiento con más de 3 años de trayectoria en el área gerontogeriátrica. Da consultorías especializadas, asesoramiento a familias y capacitaciones para el cuidado de los adultos mayores. Promueve la resignificación de la vejez y un envejecimiento activo y digno.

Redes Sociales: @yamigerontologa  / Tel: 55 3656 2331

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