Seguro les pasa que abren cualquier red social, prenden la tele o escuchan las noticias y parece que estamos en un campo de batalla de etiquetas. Que si aquel es «comunista», que si el de allá es «fascista», que si vivimos en un «neoliberalismo» salvaje… ¡Qué agobio! De pronto parece que nos aventamos los términos como si fueran piedras, pero ¿realmente sabemos qué significan? ¿O solo los usamos como el insulto de moda?
Para que no nos den gato por liebre y podamos platicar en la cena con las amigas o con la pareja con toda la autoridad del mundo, Jacobo Dayán, experto en Derechos Humanos e Historia, nos va a decir en qué etapa andamos.
Él nos va a traducir estos “-ismos” a lenguaje humano. Vamos a entender qué son, cómo se ven en la vida real y qué pasaría si nuestro país funcionara bajo esas reglas. ¡Saquen el cuaderno, porque esto es cultura general básica!
1. Socialismo Democrático: No es lo que te contaron
A ver, muchas veces oímos «socialismo» y pensamos en carencias, pero el socialismo democrático es otra cosa. La idea es buscar igualdad y protección social sin romper con la democracia. Es decir: «no quiero tirar todo y hacer una revolución; quiero que, mediante elecciones y leyes, el sistema funcione para todos».
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¿Cómo se ve? Imaginen un capitalismo regulado. Hay empresas privadas, pero el Estado es fuerte y pone las reglas claras.
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La clave: Impuestos altos para que la salud, la educación y las pensiones sean de primer nivel y para todos.
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Ejemplos: Suecia, Dinamarca y Noruega. En estos países la gente vive increíble, hay mercado libre, pero el Estado te cuida desde que naces. No eliminan la riqueza, la redistribuyen para que nadie se quede atrás.
2. El Coco de muchos: El Comunismo
Este es el término que más miedo da y el que más se usa como insulto. Según Karl Marx, el ideal era que no existiera la propiedad privada y que todo fuera de todos, administrado por el Estado para eliminar las clases sociales.
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¿Por qué el pavor? Porque en la práctica histórica (como en la Unión Soviética, Cuba o Corea del Norte), esto terminó en economías colapsadas, escasez de alimentos y, lo más triste, Estados autoritarios sin libertad individual.
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Comunismo vs. Socialismo: No se confundan. En el socialismo democrático sí puede haber propiedad privada y mercado. En el comunismo, el Estado controla absolutamente todo. Así que, cuentahabientes, cuando alguien grite «comunista» por un programa social, ¡no se dejen engañar! Eso es solo capitalismo con reglas.
3. Capitalismo: El motor del mundo (con sus fallas)
Es el sistema donde la propiedad es privada y los precios los decide el mercado (oferta y demanda). Aquí, cada quien produce, vende y compite.
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Lo bueno: Genera muchísima innovación, crecimiento y oportunidades.
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Lo malo: La desigualdad es inevitable y, si no se regula, la riqueza se concentra en unos cuantos, dejando servicios básicos como la vivienda o la salud carísimos.
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Dato importante: No existe el «capitalismo puro». Hasta en Estados Unidos el gobierno interviene, cobra impuestos y regula monopolios. El debate real no es si queremos capitalismo o no, sino qué tanto Estado necesitamos para que sea justo.
4. Fascismo y Autoritarismo: ¡Mucho ojo aquí!
El fascismo no es solo «mano dura»; es una ideología que pone a la nación por encima de todo. Hay un líder carismático (un caudillo) que rechaza la democracia y usa la fuerza para controlar a la sociedad.
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El peligro: Promete orden y unidad a cambio de tus libertades. Se acaba la libertad de prensa, de protesta y se persigue a quien piensa diferente tachándolo de «traidor».
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Diferencia clave: Todo fascismo es autoritario, pero no todo autoritarismo es fascista. Por ejemplo, China es un autoritarismo de partido único pero con una economía capitalista. El fascismo, como el de Mussolini o Hitler, exalta además un nacionalismo extremo y, a veces, el odio hacia ciertos grupos.
5. Patriotismo vs. Nacionalismo: ¿Cuál tienes tú?
Aquí la línea es delgada pero súper importante:
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Patriotismo: Es el amor crítico. Es sentir orgullo por tu país, tus tradiciones y querer mejorarlo, pero reconociendo sus errores y sin sentirte superior a los demás. El patriotismo no necesita enemigos.
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Nacionalismo: Es una lealtad rígida. «Mi nación primero» y los de afuera son una amenaza. Decide quién pertenece y quién no, volviéndose excluyente y peligroso.
6. El salvavidas: El Liberalismo
Aunque hoy se use mucho el término «neoliberalismo» para quejarse de la economía, el liberalismo original es lo que nos permite vivir en libertad. Defiende nuestros derechos civiles, la división de poderes y la democracia.
Sin liberalismo, no habría derechos ni contrapesos. Es el sistema que permite que la izquierda y la derecha existan y discutan. El neoliberalismo es solo una rama económica que se puso de moda en los 80 y que hoy está muy cuestionada porque, al reducir tanto al Estado, dejó a mucha gente desprotegida.
Conclusión para mis cuentahabientes
La política no es una guerra de stickers ni de gritos. Al final, todo se trata de encontrar el equilibrio perfecto entre nuestra libertad, el poder del gobierno, la igualdad para todas y el orden en nuestra sociedad.
No dejen que les vendan miedo con palabras grandotas. Ahora ya saben que estos «-ismos» son formas de organización. Si entendemos qué significan, podemos exigir mejores resultados y discutir con mucho más cerebro y menos hígado. ¡A informarse se ha dicho!
Especialista: Jacobo Dayán. Especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos. Experto en Derechos Humanos, historia mundial contemporánea, genocidios y relaciones internacionales.