Cuentahabientes, muchas de ustedes crecieron en una generación que apenas estaba conociendo el mundo en el que vivimos ahora, y con la edad llegan muchas ideas y expectativas que solo detienen sus procesos de vida.
A veces sentimos que vamos tarde, que estamos perdidas o que el mundo nos exige cumplir los sueños que tanta ilusión nos hacían cuando éramos jóvenes, o seguir teniendo a esas amistades de cuando teníamos 20, o peor aún, que tenemos que monetizar todo lo que hacemos.
Y la verdad, es que todas hemos estado presas de estas expectativas que ya no empatan con la vida y los sueños que construimos hoy. Por eso, hoy les traemos 7 consejos para evitar caer en la culpa de lo que no fue, y que dejen de sentirse como si algo faltara.
Dejen de intentar «encontrarse»
Cuentahabientes, grábenselo bien: ustedes no son un objeto perdido en el fondo de un cajón esperando a ser descubierto. No son algo estático, son un proceso vivo que se construye todos los días con cada decisión que toman.
El problema de las millennials, no es que estén «perdidas», es que se quedamos sentadas esperando a «sentirse listas» o a «sentir la motivación» antes de actuar. La claridad no llega pensando, llega haciendo. No busquen quiénes son, decidan quiénes quieren ser hoy, porque la vida está sucediendo ya, y la verdad es que nadie lo tiene tan claro como parece.
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Los sueños viejos ya no funcionan
Crecieron con el chip de la casa perfecta, la estabilidad absoluta y la familia de comercial. Esos no eran nuestros objetivos, eran plantillas sociales que nos vendieron y que compramos sin preguntar. Si hoy ese estilo de vida no las enciende, si les genera más peso que alegría, ¡suéltenlo!
No persigan metas por pura obligación o por el «qué dirán». Se vale cambiar de opinión y se vale admitir que lo que querían a los 20 ya no les sirve a los 50.
Estar cansadas no las hace débiles
Si sienten que ya no pueden más, no es porque les falte fuerza, es porque han estado funcionando en modo «sobrevivencia» y con la adrenalina a full por décadas. Un cerebro que lleva 15 o 20 años bajo estrés constante no sabe cómo estar en calma de la noche a la mañana.
No necesitan otra taza de café para aguantar más; necesitan una pausa real. El descanso no es un lujo, es una necesidad biológica para que sus hormonas y su sistema nervioso vuelvan a su centro.
No todo tiene que ser un negocio
Vivimos en la era de la productividad tóxica donde parece que si tienes un hobby, tienes que monetizarlo. No todo tiene que generar dinero. A veces, pintar, bailar o aprender algo nuevo solo por el placer de hacerlo es la mejor terapia.
La vida no se trata solo de ser eficientes o de cuántas cosas tachamos en la lista de pendientes. Dense permiso de hacer cosas «inútiles» que solo les alimenten el alma.
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Las amigas que se van no son una traición
Crecemos, evolucionamos y, a veces, nos alejamos. Las personas que fueron nuestras aliadas en los 20, tal vez ya no tienen espacio en nuestra realidad de los 30 o 40. No se aferren a relaciones que ya no vibran con su nueva versión.
Dejar ir es valido y permite que llegue gente que sí pueda conectar con la persona que ustedes son hoy.
Sus padres hicieron lo que pudieron con lo que tenían
Dejen de esperar que sus padres entiendan sus procesos emocionales actuales. Ellos vivieron en una época de supervivencia pura; nosotras tenemos el privilegio de buscar la plenitud y la salud mental. Son misiones distintas.
Dejen de intentar educarlos o esperar una validación que quizás nunca llegue. Cuentahabientes, hay que aceptar que ellos no tenían las herramientas que ustedes tienen hoy.
Empezar de cero después de los 30 es posible
No es un fracaso, es un «reset» con experiencia. Muchas de las mujeres más brillantes y exitosas que admiramos dieron su gran salto cuando el mundo pensaba que ya se les había pasado el tren. Nunca es tarde para divorciarse, para emprender, para cambiar de carrera o para enamorarse de nuevo, incluso es mejor porque están eligiendo con la experiencia que les da la vida.