¿El cuarto de sus adolescentes suele ser un caos? Esto es lo que significa que lo tengan así.
Muchas cuentahabientes se enojan con sus hijos por el desorden, pero esto es parte de su crecimiento y aquí les vamos a dar unos tips and tricks para que no se agobien con eso.
Tener a los adolescentes en casa muchas veces es un caos, no solo por los cambios de humor y hormonales que están viviendo, sino porque a veces llegan a ser muy descuidados con el orden de la casa y especialmente una puerta en particular que, al verla, seguro les dispara el cortisol: su cuarto.
Seguramente han sentido esas ganas de entrar con una bolsa de basura y vaciarlo todo, antes de que pierdan la calma, les tenemos que decir algo: el desorden es parte de la formación e incluso de la personalidad de los adolescentes. ¡Estamos en shock!
El cuarto de sus adolescentes: ¿cómo hacer que arreglen ese caos?
Y es que para un adolescente, su cuarto es un refugio, en una etapa donde el mundo exterior les exige tanto, ese espacio se convierte en el único lugar donde tienen el control total.
Cuentahabientes, debemos entender que para ellos, su cuarto es una extensión de su propia identidad. Lo que nosotras vemos como un caos, para ellos es una expresión de su mundo interno. Si la habitación está patas arriba, es muy probable que su mente también lo esté, y eso es parte natural del proceso de crecimiento.
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El significado del caos adolescente
El desorden adolescente tiene una función psicológica, al dejar la ropa en el suelo o todo regados, ellos están marcando su territorio. Es una forma de decir: «Aquí mando yo». Pero hay algo más profundo: el cerebro adolescente está pasando por una reestructuración masiva. Su corteza prefrontal, la encargada de la organización y la planificación, todavía no termina de conectarse.
Por eso, pedirles que tengan el cuarto impecable mientras su cerebro está en pleno cambio es, a veces, una batalla perdida. No es que quieran hacernos enojar (aunque a veces parezca), es que sus prioridades están en otro lado: en su música, en sus amigos, en descubrir qué les apasiona. El orden externo les importa poco, porque el desorden interno les consume toda la energía.
La privacidad: el límite que debemos respetar
Aquí es donde muchas cuentahabientes fallan, la puerta cerrada es un símbolo de autonomía. Queridas, aunque sea nuestra casa y nosotras paguemos las cuentas, debemos evitar entrar sin previo aviso. Invadir su espacio sin permiso es visto por ellos como una violación a su intimidad.
Si queremos que ellos respeten nuestras reglas y nuestra privacidad, debemos empezar por respetar la suya. Pedir permiso para entrar no nos quita autoridad; al contrario, nos da credibilidad y abre canales de confianza que son vitales en esta etapa.
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¿Cómo convertir el conflicto en oportunidad?
En lugar de que la habitación sea el campo de batalla de todas las tardes, podemos usarla como una herramienta de negociación.
- Diferenciar higiene de orden: podemos negociar que no haya platos sucios o comida que ya no sirva (¡Por higiene!), pero quizás ser más flexibles con la ropa en la silla, o las cosas tiradas en el suelo.
- Fomentar la responsabilidad: es su espacio, por lo tanto, es su responsabilidad. Si no encuentran su blusa favorita porque está bajo una montaña de cosas, es una consecuencia natural que deben aprender a gestionar.
- Comunicación, no gritos: aprovechen momentos de calma para hablar sobre cómo ese desorden también les afecta. No busquen atacarlos personalmente, hablen únicamente del espacio.
Cuentahabientes, no dejen que una pila de ropa sucia arruine la relación con sus hijos, hay que entender que este caos es transitorio que forma parte de su maduración y si nosotros hacemos la limpieza ¿cuándo van a aprender ellos a hacerla?
Al final del día, lo que importa no es qué tan ordenada esta la cama, sino qué tan abierta esta la comunicación con ellos.