Seguro les ha pasado más de una vez que su pareja les cae mal y no es por falta de amor, sino un hastío cañón, pero ¿cómo liberarnos de eso?
Cuesta admitir que a veces cuando llega el marido, parece que la vibra de la casa cambia, que todo se vuelve más tenso, y es que hasta puede que sientan culpa de admitirlo, pero aquí les decimos porqué pasa esto.
¿Les ha pasado que cuando su pareja sale de viaje, tiene una cena o simplemente se va de casa unas horas, sienten que un silencio delicioso y una paz profunda las invade? no es que no los amen, no es que no quieran estar con ellos. Es algo mucho más profundo, hoy vamos a aclarar esto de una vez por todas: no es que la presencia de ellos haga que las cosas sean «difíciles» por default, es que nuestra carga mental cambia radicalmente cuando ellos no están.
El ruido invisible en nuestra cabeza
Muchas veces como mujeres, pueden estar lidiando con mil cosas: el crecimiento de los hijos, las tareas del hogar, o los cambios hormonales de la menopausia que seguro las tienen con los nervios a flor de piel.
En este contexto, cada persona adicional en casa representa un flujo de datos que el cerebro tiene que procesar, incluso a veces puede pasarles con los hijos, que no quieren que salgan de la escuela, que quieren ese espacio solas aunque sea un ratito.
Cuando el marido se va, ocurre algo en el sistema nervioso: por fin recibe un descanso. Y no es por el simple hecho de estar solas, sino porque los roles se vuelven claros. Cuando están solas, toman menos decisiones.
No tienen que gestionar las expectativas de nadie más, no hay interrupciones constantes, no hay esos momentos de “¿me puedes ayudar con esto?” que, aunque parecen pequeños, cortan con su flujo de pensamiento y tranquilidad.
Desaparecen esas responsabilidades invisibles que rebotan en su cabeza: ¿ya comió?, ¿estará cómodo?, ¿le molestará si prendo la tele? Cuando están a solas, ese ruido se apaga.
No es un problema de amor, es un problema de sistema
Al sentir este alivio, puede que piensen inmediatamente: “¿será que ya no lo quiero?”, “¿será que mi matrimonio ya no funciona?”. ¡Paren todo! esto no es necesariamente un problema de pareja; es un problema de sistemas.
Las mujeres siempre han sido educadas para ser las “gerentes por defecto” del hogar. Cuando todo el funcionamiento de la casa vive exclusivamente en sus cabezas, más personas en el mismo espacio equivalen a más ruido mental. El agobio no viene de las personas en sí, viene de la responsabilidad que no está siendo gestionada de manera equitativa, también aguas ahí cuentahabientes, busquen un balance.
Imaginen que su mente es un navegador de internet con cincuenta pestañas abiertas. Cuando ellos están, hay alguien más moviendo el mouse y abriendo pestañas nuevas sin avisar. Cuando se van, por fin pueden cerrar las ventanas que no necesitan y concentrarse en ustedes. En darse un baño largo, sentarse a revisar los pendientes propios, o simplemente no hacer, ni atender, nada.
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¿Cómo arreglarlo sin morir en el intento?
La buena noticia, queridas, es que esto tiene solución. Y se puede arreglar sin resentimientos, sin peleas y, sobre todo, sin tener que hacerlo todo nosotras mismas. El secreto es dejar de ser la que gestiona todo y empezar a construir sistemas.
Prueben con estos consejos para que no sientan que pueden descansar solo cuando están solas:
- Hagan que las expectativas sean visibles: dejen de decir las cosas mil veces. Usen pizarrones, apps compartidas o calendarios en la cocina. Si no está por escrito, no existe, lo visual quita la carga de tener que «recordar» al otro sus deberes, y acuérdense de no estar maternando al marido, porque no son sus hijos.
- Asignen responsabilidades, no tareas: no pidan «ayuda». La «ayuda» implica que la responsabilidad sigue siendo de ustedes. Asignen áreas completas, si él se encarga de la cena, él decide qué se compra, él lo cocina y él limpia. Ustedes se salen de la ecuación.
- Elimínense como intermediarias: si sus hijos o alguien más necesita algo, que no pasen por ustedes para llegar a él, que directamente busquen a su marido, porque muchas veces este desgaste viene porque siempre terminan de intermediarias de todo.
- Roles claros: definir qué le toca a cada quien, incluso en los momentos de ocio, nos permite relajar el sistema nervioso.
Cuentahabientes, dejen de cargar con el peso del mundo sobre sus hombros y, sobre todo, dejen de sentirse culpables por esos minutos de paz absoluta cuando la casa se queda en silencio y a solas.
No es falta de amor, es una necesidad vital de silencio mental para volver a encontrarse con ustedes mismas. Al construir sistemas y soltar la gestión de cada detalle, no solo están organizando su hogar, están recuperando el espacio para ustedes mismas y también salvando su relación, porque ser responsables de todo, desgasta a la pareja.