¿Alguna vez han sentido que, por más que se esfuercen, el resultado siempre es el mismo?, ya sea en una relación de pareja que no camina, en un trabajo donde no las valoran, o intentando algo, pues eso tiene un nombre y es: indefensión aprendida.
Esa sensación de «para qué lo intento si de todos modos voy a fallar» es un estado mental más común de lo que creen, incluso los animales lo padecen y la ciencia la ha estudiado durante años, por eso aquí les vamos a explicar cómo quitarse eso de la cabeza.
Indefensión aprendida: ¿por qué dejamos de tratar de ser mejores?
La indefensión aprendida es un estado psicológico que ocurre cuando una persona (o un animal) se siente expuesta a situaciones dolorosas o negativas de manera repetida, sin tener la posibilidad de evitarlas o escapar de ellas.
Con el tiempo, el cerebro «aprende» que no tiene control sobre el entorno y, lo más triste, deja de buscar soluciones incluso cuando estas aparecen frente a sus ojos. Es, en esencia, una parálisis de la voluntad basada en una mentira que el cerebro se cuenta a sí mismo.
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¿Cómo funciona en animales y en personas?
Este concepto nació en los años 60 con los experimentos del psicólogo Martin Seligman. Él observó que si un perro era sometido a pequeñas descargas eléctricas que no podía evitar, después de un tiempo, cuando se le ponía en una caja donde podía saltar una simple valla para escapar del dolor, el perro simplemente se quedaba echado, sufriendo, sin intentar huir. Había «aprendido» a ser indefenso.
En las personas, el mecanismo es más complejo porque involucra nuestros pensamientos y el lenguaje, no necesitamos descargas eléctricas; basta con críticas constantes, fracasos acumulados o un entorno tóxico.
- En animales: Es una respuesta biológica de supervivencia (ahorro de energía ante lo inevitable).
- En seres humanos: Es un proceso cognitivo, no solo dejamos de actuar, sino que nuestra autoestima se desploma y empezamos a creer que somos «malas» o «incapaces».
Ejemplos de indefensión aprendida
Cuentahabientes, la indefensión aprendida se disfraza de «realismo» o «resignación». Aquí algunos escenarios comunes en nuestra etapa de vida:
- Relaciones de pareja: una mujer que ha intentado comunicarse con su marido durante años y solo recibe indiferencia o gritos, termina por guardar silencio. Se convence de que «así son los hombres» o «es lo que me tocó», y deja de proponer cambios, incluso cuando él intenta acercarse.
- Búsqueda de empleo: al adentrarse al mercado laboral, muchas cuentahabientes reciben varios «no» seguidos. El cerebro empieza a decir: «nadie me va a contratar». Entonces, dejan de enviar currículums, cerrándose las puertas ellas mismas.
- La gente que pide dinero/ ayuda: cuantas veces se nos acercan niños, o personas vulnerables o en situación de calle a pedirnos dinero/ayuda, generalmente son personas que viven con este sesgo en el cerebro, porque están enfrentándose constantemente al no, por lo que hacen el acto de pedir casi automatizado y ya esperando el no.
¿Cómo cambiar la narrativa de nuestro cerebro?
La buena noticia es que, así como la indefensión se aprende, la esperanza y la resiliencia también se aprenden. Esto puede servir para empezar a recablear su cerebro:
- Identifiquen sus «atribuciones»: Seligman descubrió que las personas que no caen en la indefensión son las que piensan que el fracaso es temporal, específico (solo en esta área) y externo (no es por mi culpa total). Cambien el «siempre me pasa esto» por «esta vez no salió, pero mañana puede ser diferente».
- La técnica de los micro-pasos: si sienten que el problema es una montaña inalcanzable, divídanla en piedritas. Si quieren volver a trabajar, no piensen en conseguir el puesto de directora hoy; empiecen por actualizar un dato en su perfil, cada pequeño éxito le demuestra a su cerebro que sí tienen control.
- Cuestionen sus pensamientos: cuando se cacheen diciendo «ya no puedo más», pregúntense: «¿Es esto una verdad absoluta o es mi miedo hablando?». Rompan el ciclo del pensamiento automático.
- Busquen ayuda profesional: a veces el cableado está tan enredado que necesitamos a un experto que nos ayude a ver las salidas que nuestra mente ha bloqueado. La terapia cognitiva-conductual es excelente para esto. Porque casi siempre el cerebro regresa a la misma indefensión y se le hace imposible ver más allá de lo que ha experimentado.
Cuentahabientes, no son víctimas de los rechazos que enfrentan a diario, su cerebro es plástico y tiene la capacidad de cambiar el punto de vista, no permitan que experiencias pasadas dicten su futuro.
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