¿Alguna vez se han cachado en medio de una crisis, en la oficina o manejando en el tráfico, masticando chicle como si no hubiera un mañana? no es casualidad y aquí les vamos a contar la razón.
Resulta que ese hábito de masticar chicle, que muchas tenemos y que a veces hasta nos regañaban de niñas por hacerlo, tiene un trasfondo científico que nos ayuda a sobrevivir al caos diario.
Hoy les queremos contar lo que descubrió la ciencia sobre el misterio de por qué amamos masticar chicle y cómo es que le hace un favorsote a nuestro cerebro.
¿Mascar chicle podría ayudar a regularnos?
Masticar chicle no es algo nuevo, nuestros antepasados ya lo hacían hace miles de años con resinas de árboles, para ser exactas unos 8000 años. Pero, ¿qué es lo que busca el cuerpo?
- Es el mejor «reset» para el estrés: se ha comprobado que masticar chicle reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Cuando estamos estresadas, la acción de masticar le manda una señal de calma al sistema nervioso. Es como decirle al cerebro, «todo está bien, estamos comiendo, no hay peligro».
- Nos pone las pilas: ¿sienten que con la edad la concentración se les va de las manos? pues mastiquen chicle, al hacerlo, aumenta el flujo de sangre hacia el cerebro, específicamente a la corteza prefrontal, que es la zona encargada de que estemos alertas y enfocadas.
- Ayuda a la memoria: algunos estudios sugieren que ese bombeo extra de sangre y oxígeno ayuda a que retengamos mejor la información. Así que, si tienen algo importante que recordar, ya saben que hacer.
La ciencia detrás del placer
Lo que dice la ciencia es que el acto de masticar es rítmico, y esos movimientos repetitivos ayudan a regular nuestras emociones. Además por alguna extraña razón los humanos amamos las cosas repetitivas.
Incluso en temas de salud física, el chicle sin azúcar ayuda a producir más saliva, lo que protege nuestros dientes y ayuda a neutralizar ácidos. Y para las que a veces sufren de temas digestivos, masticar después de una comida puede ayudar a que el sistema se mueva más rápido.
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En la dosis está el veneno
Como todo en esta vida, moderarse es clave. No se trata de estar todo el día con el chicle si sufren dolor en la mandíbula, o si traen la gastritis a full, o si esto les genera gases (porque sí, tragamos aire al masticar). Y por favor, nada de sustituir fármacos o tratamientos médicos por un chicle; es una herramienta de apoyo, no un milagro.
Así que ya saben, la próxima vez que entren a su coche o estén frente a la computadora y sientan que necesitan un momento de paz, ¡saquen su chicle favorito!
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