Crecimos con una idea del amor romántico donde estar solas es casi que lo peor que nos puede pasar, y a veces no es tan fácil conseguir una pareja o no estamos interesadas en tenerla, o nos divorciamos y quedamos hartas del marido como para buscar otro, pero existe una presión sobre tener pareja.
Para muchas de nosotras que no hemos logrado conectar bien con nadie o para las que hemos pasado décadas siendo «la esposa de», «la mamá de» , «la novia de «, de pronto encontrarnos con el espacio vacío se siente como un abismo.
Hay que analizar que es lo que realmente queremos y cambiar la narrativa. Estar solas no es un fracaso, es una oportunidad para conocernos, divertirnos, desarrollarnos y ponerle esa atención a cosas que disfrutamos y no podríamos hacer si tuviéramos pareja.
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El origen del miedo: ¿por qué nos aterra la soledad?
Vivimos en una cultura que nos ha vendido la idea de que la felicidad siempre viene en pareja, el famoso «amor romántico». Nos enseñaron que no estar en pareja es sinónimo de soledad, y no hay nada más falso que eso.
El miedo a la soltería o a la independencia es, en el fondo, un miedo a no saber quiénes somos cuando no hay nadie a quien complacer, o con quién compartir, pero estamos olvidando que existen otro tipo de vínculos (amigas, familia, etc) y que no estamos realmente solas.
Los limites
Muchas veces, ese miedo a estar solas nos hace aceptar migajas o quedarnos en relaciones que ya no funcionan por pánico a la «soledad». Como siempre les decimos: los límites no alejan a las personas correctas, solo filtran a las equivocadas.
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Aprender a decir que no es el primer paso para disfrutar de su propia compañía. Si no marcan límites, los demás lo harán por ustedes y terminarán agotadas, viviendo para todos menos para ustedes. Decir «no» a un compromiso que no quieren o a una relación que les quita la paz es decirse «sí» a su bienestar.
La soltería: ¿cómo disfrutar la propia compañía?
Estar sola es el lujo de decidir qué se come, qué se ve en la tele y a qué hora se apaga la luz sin pedir permiso a nadie.
- Redescubrir sus pasiones: ¿se acuerdan de ese curso o de ese proyecto que dejaron a medias? es momento de retomarlo.
- Cuidar su salud: no por vanidad, sino por amor propio, a veces estar en pareja nos absorbe tanto que olvidamos cuidar de nosotras mismas.
- Otros vínculos: el amor, el apoyo, la diversión y cosas que creemos que solamente están en una relación de pareja, en realidad podemos encontrarlas y tener ese sentimiento de compañía en otras personas como las amigas o la familia, incluso podemos tener vínculos más profundos con personas que no son nuestra pareja.
- Viajar y explorar: atrévanse a ir a ese pueblo mágico cerca de la ciudad solas o con amigas. La inmersión en nuevas experiencias les recordará que pueden pasarla bien sin necesidad de una relación de pareja.
- Sanar las heridas: si vienen de una ruptura, permítanse el duelo. Hablen con un especialista y entiendan que su valor no depende de quién esté con ustedes.
A veces, ese miedo viene de cómo nos criaron, si crecimos con padres controladores que nos enseñaron que valíamos solo si cumplíamos expectativas, hoy de adultas buscamos esa aprobación constante en otros.
Cuentahabientes, la soledad no es el enemigo; el enemigo es pensar que no hay vida si no tenemos pareja, estar solas puede ser la etapa más vibrante, creativa y divertida de sus vidas si deciden verla como un chance para pasarla bien sin preocuparse de rendirle cuentas al marido, o tratar de complacer a alguien.