Para todas las que andan con el agobio, preguntándose ¿porqué las hijas no se casan? Aquí unas razones que pueden ayudarlas con la paz que necesitan.
Seguramente muchas de ustedes, ya han tenido esa plática de sobremesa con sus hijas o incluso con sus amigas, donde el tema del matrimonio sale a colación y, de pronto, un silencio, o peor aún, escuchamos un rotundo: “¡ni loca me caso!”.
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Singles for ever: ¿porqué las hijas no se casan?
Crecimos con la idea de que el gran objetivo de la vida era encontrar al «indicado», caminar hacia el altar y formar una familia, nos resulta casi imposible entender por qué nuestras hijas, esas que hoy tienen entre 20 y 30 años, ven el matrimonio como algo lejano, innecesario o incluso como una trampa. Pero tranquilas, no es que sean rebeldes, es que el mundo cambió y su visión del amor también.
Aquí les contamos las razones por las que nuestras hijas están prefiriendo su libertad antes que una firma en un juzgado:
Prioridades diferentes: su propio desarrollo y éxito
A diferencia de otras generaciones, donde muchas veces tuvieron que elegir entre la carrera y la familia, sus hijas viven en una era donde su realización personal no es negociable. Hoy ellas quieren viajar, emprender, tener maestrías y comprarse su propio departamento antes de pensar en compartir su vida con alguien más. Entienden que su bienestar y su paz mental están por encima de cualquier compromiso social.
El miedo a repetir historias (sí, nos están viendo)
Muchas de ustedes han pasado por procesos de divorcio o han vivido relaciones donde el control y la falta de equidad eran el pan de cada día. Ellas crecieron viendo eso, pues era lo que se acostumbraba en generaciones pasadas. Han visto que el «felices para siempre» no siempre es tan feliz y que, a veces, el matrimonio puede ser una cárcel emocional si no se eligen bien los límites. Prefieren estar solas que mal acompañadas o atrapadas en un situationship que no va a ningún lado o con parejas que las frenan para desarrollarse profesionalmente.
No necesitan que nadie las «mantenga»
La independencia financiera es el gran cambio de juego, nuestras hijas ya no buscan a alguien que sea su «proveedor»; buscan un compañero de vida, un igual. Al no tener la presión económica para casarse, se vuelven mucho más selectivas.
Si el vínculo no les suma, si no hay una conexión real y profunda, simplemente no le ven el caso a oficializar nada. Antes las mujeres no podían trabajar o desarrollarse tanto como ahora, incluso en algún momento de la historia las mujeres no podían tener acceso al dinero sin autorización del esposo, lo que terminaba en violencia y opresión, hoy vivimos en una realidad distinta como mujeres, y más las nuevas generaciones.
Nuevas formas de amar y convivir
Para las más jóvenes, el amor ya no tiene que venir con una etiqueta. Muchas prefieren la unión libre o simplemente mantener su espacio mientras salen con alguien. Han entendido que la felicidad no depende de un anillo, sino de la calidad de la relación y del respeto mutuo.
Además, temas como la maternidad ya no están ligados estrictamente al matrimonio; hoy deciden si quieren ser madres y cuándo, sin que un acta de matrimonio sea el requisito previo.
¿Qué nos toca hacer como madres?
Cuentahabientes, lo más importante es no juzgar, nuestra labor es acompañarlas, escucharlas y validar que sus decisiones son tan válidas como las nuestras lo fueron en su momento. Educar es darles las herramientas para que piensen por sí mismas, no decirles qué deben pensar o cómo deben vivir.
Al final del día, lo que quieren es que sean mujeres seguras, libres y, sobre todo, que se desarrollen como personas antes de pensar en casarse, recuerden que la felicidad no viene con o sin un marido al lado.