Ya les he contado el viacrucis que viví con mi peso, desde la adolescencia hasta cuando fui más adulta. Y es que está fatal que como mujeres nos la pasamos peleando con nuestro cuerpo y el peso. Por eso quiero compartirles algo que escuché en el podcast de Bendita Nutrición, con Nicolás Mier y Terán y Bea Boullosa.
Y es que justo hablaban de algo que me hizo muchísimo sentido, ¿por qué nos compramos la idea de que cada vez que nuestro cuerpo cambia tenemos que resignarnos? Que si toman anticonceptivos, de ley van a subir de peso; que si después de tener hijos ya no recuperan su cuerpo; que si llegaron a la menopausia, pues ya qué. Como si cada etapa viniera con la orden de aguantar lo que toque.
Porque las mujeres pasamos por una montaña rusa de cambios hormonales, físicos y emocionales a lo largo de la vida, y cada etapa necesita un acompañamiento diferente. Por esto, soy fiel creyente de que una cosa es aceptar que nuestro cuerpo cambie y otra muy distinta es resignarnos a vivir con esos cambios sin buscar alternativas.
Adolescencia: Inicio de la montaña rusa
Para arrancar, Nico comentaba que mientras los hombres, en la adolescencia, pegan el estirón y ganan masa muscular gracias a la testosterona y la hormona de crecimiento, nosotras dejamos de crecer, viene la primera menstruación, se nos hace un merequetenque interno, tenemos más grasa corporal, antojos y más. A eso súmenle la pena de que el cuerpo está cambiando, ¡se sienten morir!
Y ojo, esto no es “aceptar que va a pasar y ni modo”, sino hacer conciencia de las diferencias que vivimos las mujeres, y que no empecemos esa lucha constante con el cuerpo y la comida, porque muchas caen en dietas restrictivas, problemas con el sueño y demás, que solo le abre la puerta a la resistencia a la insulina o al hígado graso.
Embarazo y posparto: el torbellino
Después viene el embarazo y el posparto, que, como decía Bea, es como si te agarrara un torbellino. Porque sí, el proceso de tener a su crío es fortísimo, pero casi no se habla del posparto, cuando baja la leche, el dolor de pecho, el llanto y el metabolismo. Porque durante la lactancia, muchas creen que van a perder peso fácil, y no siempre es así.
Duermen poco, se levantan de madrugada y todo el cuerpo está en guerra. Y un dato que me dejó helada es que, en México, la mitad de las mujeres se quedan con alrededor de cinco kilos más después del embarazo. Y no es cuestión de echarle ganas, porque detrás, está otra vez la resistencia a la insulina, que hace que no podamos perder peso. Por eso necesitamos una buena red de apoyo.
Perimenopausia y menopausia: la tormenta
Aunque nos dijeran que ahí ya «todo va acabando». Los bajos niveles de estrógenos y progesterona hacen que perdamos masa muscular, el metabolismo se vuelva más lento y ganemos peso. Ahí es donde entra el efecto dominó que explicaba Nico. Los bochornos le dan pie al insomnio, y eso hace que cero descansemos, no queremos entrenar, se debilite el músculo y luego el hueso.
Y la cosa no para ahí, sino que, Bea sacó a relucir que las mujeres mexicanas en perimenopausia y menopausia pueden subir entre dos y medio y casi cinco kilos. Si le sumamos los kilos de otras etapas, se arma la tormenta perfecta.
Por esto, Nico y Bea recomendaban llevar cada etapa de la mano de un profesional de la salud externo, porque entre tanto sube y baja, el peso nos termina dando en la torre en la autoestima. Y justo para quienes llevan años en estas batallas, hablaban de Novo Nordisk, y su programa Vive Ligero, que busca empoderar a todas las mujeres y trabajar en su peso de la mano de especialistas.
Porque ya no se trata de “échale ganas” o de pensar que todo es falta de voluntad. Sino que son cosas que no tenemos que cargar solas, y menos si tenemos ayuda como Novo Nordisk. Así que si quieren dar ese paso y cambiar su realidad, échense un clavado a novocare.com.mx. Y sobre todo, no se resignen.