Vamos a hablar de algo que a muchos nos pasa: llegar a enero sintiendo que el año pasado se fue… y tú no avanzaste. Pensar “no fui disciplinado”, “empecé pero no terminé”, “sigo en el mismo lugar”. Y ojo con esto: no eres tú, es el sistema.
Hoy vamos a entender qué pasa en el cerebro cuando se ponen metas…y por qué las abandonan. Y, sobre todo, cómo crear un proceso sencillo para que el 2026 sí sea distinto. Julieta Manzano, nos va a explicar del desánimo a la acción.
Del pensamiento a la acción
Estudios sobre propósitos de Año Nuevo muestran que solo alrededor del 8 % de las personas realmente cumple lo que se propone (Journal of Clinical Psychology, University of Scranton).
Al mismo tiempo, organismos de psicología reportan que la mayoría de los adultos siente un aumento importante de estrés en la temporada de fin de año: dinero, familia, trabajo, tiempo, y la presión de “cerrar bien el año” (American Psychological Association).
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Del desanimo a la acción: ¿cómo superar la frustración este 2026?
Cuántas veces hemos llegado a diciembre diciéndonos: “Este año se me fue volando.” , “No hice nada.” , “Sigo en el mismo lugar.” ,“No fui disciplinado.” , “Empiezo pero no termino». Para romperlo, hoy vamos a hacer dos cosas:
- Entender qué pasa en el cerebro cuando ponemos objetivos y por qué muchas veces los abandonamos.
- Bajar a tierra un proceso sencillo para que el 2026 sea distinto: cómo definir objetivos y metas, y cómo cumplirlos sin renunciar a la mitad del camino.
¿Por qué sentimos que “no avanzamos”?
Aquí entra el cerebro: La corteza prefrontal es la parte del cerebro que se encarga de planear, tomar decisiones y organizar objetivos. El sistema límbico (la parte emocional) está pendiente del miedo, la incomodidad, la flojera, el “qué tal que fallo”. Y los hábitos viven en estructuras más profundas (los ganglios basales), que son las que nos ponen en “piloto automático”.
Estudios sobre hábitos muestran que alrededor del 60 % de lo que hacemos cada día son conductas automáticas, repetidas en contextos similares, no decisiones nuevas (Journal of Personality and Social Psychology, Duke University).
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¿Qué significa esto en versión real?
No vives tu año con base en lo que te prometes el 31 de diciembre. Vives tu año con base en lo que haces casi sin pensar, todos los días.
Por eso, aunque en tu cabeza traigas: “este año sí voy a ahorrar / cambiar de trabajo / hacer ejercicio”, si tus hábitos no cambian, tus sistemas, tu cerebro simplemente sigue corriendo el mismo programa de siempre. Y la sensación que queda en diciembre es: “no avancé”.
No es que seas floja, flojo o “caso perdido”, sino que tu sistema no está alineado a tus objetivos.
El proceso cerebral para que un objetivo funcione
Vamos a traducir esto a un proceso muy simple, en cuatro movimientos. Cada movimiento tiene que ver con cómo funciona tu mente: Movimiento 1: Bajar la culpa para encender la corteza prefrontal.
Cuando te dices “soy un desastre”, “nunca cumplo nada”, lo que activas es más miedo y más estrés. Eso enciende la parte emocional del cerebro… y apaga justo la parte que te ayudaría a pensar soluciones. Antes de definir objetivos para 2026, el primer paso es hacer un mini corte de caja sin látigo:
En una hoja, responde en 10 minutos:
- 3 cosas que sí lograste este año (aunque parezcan pequeñas).
- 3 cosas en las que te hubiera gustado avanzar.
- 3 aprendizajes que te quieres llevar.
Este ejercicio baja volumen a la culpa le recuerda a tu cerebro que sí eres capaz de lograr cosas.
Se activa mejor la corteza prefrontal: Es la parte del cerebro que planea y organiza. Sin esto, cualquier objetivo nace ya saboteado por la frase interna: “ni lo apuntes, total no lo vas a cumplir”.
Movimiento 2: Del “quiero estar mejor” a objetivos claros que el cerebro entienda. La ciencia de las metas tiene décadas diciendo algo muy claro: las metas específicas y desafiantes (pero realistas) generan mejor desempeño que las metas vagas tipo “hacer lo mejor posible”. Tu cerebro necesita coordenadas claras, no buenas intenciones.
En lugar de: “Quiero estar mejor de dinero.” , Quiero estar más sano.” ,“Quiero organizarme más.” Traduce así, con cuatro preguntas:
- ¿Qué exactamente quiero lograr?
- ¿Cuánto? (número, porcentaje, frecuencia).
- ¿Para cuándo? (fecha, mes, periodo).
- ¿Cómo me voy a dar cuenta de que lo logré? (indicador concreto).
Por ejemplo:
Meta vaga: “quiero ahorrar más”. Meta clara: “para diciembre 2026 quiero tener un fondo de emergencia de 15,000 pesos en una cuenta aparte”.
Meta vaga: “quiero hacer ejercicio”. Meta clara: “para junio 2026 quiero poder caminar 40 minutos seguidos sin ahogarme y subir dos pisos de escaleras sin parar”.
Meta vaga: “quiero estar menos en friega”. Meta clara: “para marzo 2026 quiero tener una rutina de planeación diaria de 10 minutos en la noche para elegir 3 tareas clave del siguiente día”.
En el momento en que haces esto, tu corteza prefrontal ya sabe a dónde dirigir tu atención y tu energía.
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Movimiento 3: Convertir objetivos en hábitos (donde entra el piloto automático)
Aquí viene lo más importante para no renunciar en febrero: Los estudios de hábitos muestran que formar un nuevo hábito puede tomar en promedio alrededor de 66 días, aunque puede ir de 18 hasta más de 200 días, según la persona y la conducta.
Eso significa que:
- No estás fallando si en tres semanas no se siente “natural”.
- Estás justo en el proceso normal en el que la acción pasa de exigir fuerza de voluntad a volverse más automática en el cerebro.
Para cada objetivo, hazte esta pregunta: “¿Cuál es la acción mínima, tan pequeña que hasta en un mal día la podría hacer, y que me acerca a este objetivo?”: Objetivo: “ahorrar 15,000 pesos en el año”. Hábito mínimo: “separar 300 pesos cada quincena, el mismo día que me pagan, a una cuenta que no toco”.
La idea es que el hábito mínimo no dependa de que tengas un día perfecto, sino de que exista casi pase lo que pase. Ahí es donde el cerebro empieza a codificarlo como automático. Y para ayudarle, hay un truco muy poderoso, engancha el hábito a algo que ya haces:
- Ejemplo: “Después de dejar a los niños en la escuela, camino 10 minutos.”
- Ejemplo: “Después de lavarme los dientes en la noche, escribo mis 3 tareas de mañana.”
Tu cerebro ama las rutinas encadenadas: “esto va después de esto”.
Movimiento 4: Escribir, revisar y acompañar tus metas (no dejarlas en la cabeza)
Escribir las metas y los pasos:
- Obliga a tu cerebro a aclarar lo que quiere.
- Reduce el autoengaño.
- Y sirve como recordatorio cuando la motivación baja.
Tres cosas muy concretas que puedes hacer ya:
- Escribe tus 3 objetivos principales para 2026, cada uno con su frase clara: qué, cuánto, para cuándo.
- Debajo de cada objetivo, escribe el hábito mínimo asociado.
- Agenda una “mini junta contigo” 1 vez al mes, 20 minutos, para revisar: ¿Qué sí hice? ¿Qué se me complicó? ¿Qué voy a ajustar para el siguiente mes?
La ciencia de metas es clara: dar seguimiento y tener retroalimentación sobre el avance aumenta mucho la probabilidad de cumplir lo que nos proponemos. Tu cerebro funciona mejor cuando:
- Tiene un norte claro (objetivo).
- Tiene un caminito repetible (sistema /hábito).
- Y sabe que cada cierto tiempo se va a revisar cómo va (seguimiento).
En resumen…
No fallamos porque no queramos cambiar. Fallamos cuando queremos cambiar solo con deseo, pero sin respetar cómo funciona el cerebro y sin crear hábitos a la altura de lo que queremos lograr.
Si cada año siento que ‘no avancé’, no es que yo esté mal: es que no he aprendido a jugar a favor de mi cerebro. 2026 no se va a transformar con deseos, se va a transformar con objetivos claros, hábitos mínimos y revisiones constantes. Con eso, ya no es “a ver qué tal me va en 2026”, sino: “esto es lo que voy a construir en 2026
Julieta Manzano. 30 años de experiencia en Recursos Humanos con Maestría en el ITAM y en Ashridge, Londres. Es responsable de nuevos negocios, negociaciones comerciales y desarrollo de nuevos productos en Mercer México. Conferencista y autora del libro «Street Smart. ¿Cómo descifrar el líder que puedes ser?».
LinkedIn: @julietamanzano / FB, IG: @julietamanzanooficial / WEB: julietamanzano.com / Teléfono para conferencias: 55-4571-1852