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No saber sufrir puede poner en riesgo la salud mental

Seguro les ha pasado: sienten que la vida les pone una prueba tras otra y se preguntan: «¿Por qué a mí?», o peor aún, «¿Por qué es tan difícil?». Muchas veces vivimos con la idea de que, si hacemos todo «bien», la vida debería ser ligera, el amor no debería doler y el trabajo no […]

febrero 5, 2026

Seguro les ha pasado: sienten que la vida les pone una prueba tras otra y se preguntan: «¿Por qué a mí?», o peor aún, «¿Por qué es tan difícil?». Muchas veces vivimos con la idea de que, si hacemos todo «bien», la vida debería ser ligera, el amor no debería doler y el trabajo no debería agotarnos. Pero, ¿qué creen? Esa expectativa es, precisamente, lo que nos está rompiendo por dentro.

Hoy, de la mano del Dr. Rodolfo Solís, psicofisiólogo, vamos a entender por qué el verdadero golpe no es la dificultad, sino el shock de descubrir que la vida puede ser así de ruda. ¡Pongan muchísima atención!

No saber sufrir puede poner en riesgo la salud mental

A ver, hay que decir las cosas como son: no es el problema en sí lo que nos desorganiza la existencia. Lo que nos tumba es el impacto emocional de darnos cuenta de que la vida no es como nos la contaron. Esperábamos más facilidad, que cuidar nuestra salud mental fuera algo intuitivo y que el éxito no cansara tanto.

Cuando la realidad no cumple con ese guion de película que tenemos en la cabeza, aparece una herida silenciosa. Desde la neurociencia sabemos que ahí empieza una segunda capa de sufrimiento: no solo duele lo que pasa, duele la pelea interna contra el hecho de que esté pasando. Esa lucha es muchísimo más desgastante que la experiencia misma. Como decían los estoicos hace siglos: lo que nos perturba es la expectativa rota.

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Nadie nos enseñó a sufrir con dignidad

Se tenía que decir y se dijo: nos entrenaron para buscar el bienestar a toda costa, pero nadie nos educó para atravesar el malestar. Nos prometieron la felicidad, pero se les olvidó mencionarnos el proceso.

Clínicamente, esto es una bomba de tiempo. Cuando aparece la tristeza, la ansiedad o el cansancio extremo, no solo sufrimos por eso, sino que además nos juzgamos. «¿Por qué soy tan débil?», «¿Por qué no puedo con esto?». La psicología nos propone algo radical: dejen de preguntarse cómo eliminar el dolor y empiecen a preguntarse cómo sostenerlo sin que gobierne sus vidas. Aceptar no es rendirse, es dejar de pelear con lo inevitable para enfocar su energía en lo que de verdad importa.

La sabiduría de esperar que las cosas fallen

¿Saben cuál es la diferencia entre alguien que colapsa y alguien que se mantiene firme? Los sabios no sufren menos, simplemente viven en el realismo. No viven en la negación ni en la euforia; viven en una relación honesta con la tristeza. No les asombra que las cosas se caigan; les asombra cuando, por momentos, se mantienen en pie.

Esto es lo que llamamos flexibilidad psicológica: la capacidad de abrir espacio a las emociones difíciles sin quedar atrapadas en ellas.

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¿Qué pasa en su cerebro cuando aceptan?

Esto no es solo una frase motivacional, ¡es ciencia! Los estudios con resonancia magnética muestran que cuando practicamos la aceptación (como en mindfulness), la actividad en las zonas del cerebro asociadas al dolor y la rumiación disminuye.

Aceptar cambia físicamente la manera en que procesamos el malestar. No se trata de forzar pensamientos positivos, sino de dejar que lo que sentimos ocurra sin reaccionar en piloto automático.

La trampa de la lucha en la depresión y la ansiedad

  • Depresión: No es solo tristeza; es el resultado de mucha resistencia interna. Muchas veces esperamos «sentirnos bien» para actuar, pero la clave es actuar en dirección a nuestros valores para empezar a sentir alivio.
  • Ansiedad: Intentar controlar los pensamientos ansiosos solo alimenta la amígdala (la alarma del cerebro). Aceptar la ansiedad no la quita mágicamente, pero reduce su dominio sobre su sistema nervioso.
  • Estrés: El intento continuo de controlarlo todo eleva el cortisol. Soltar esa pelea disminuye la reactividad fisiológica.

El costo de lo valioso

Cuentahabientes, no hay camino hacia lo valioso que esté libre de tormento. El dolor emocional es parte del paquete de estar vivas. Pero cuando dejamos de luchar contra las sensaciones internas inevitables, nuestro cerebro encuentra claridad para actuar desde lo que importa, no desde la urgencia del momento.

No nos hacemos fuertes volviéndonos frías o forzando un optimismo tóxico. Nos hacemos fuertes bajando las ilusiones. Cuando soltamos la fantasía de que la vida debería ser liviana, aparece una paz distinta: la paz de dejar de pelear con la realidad.

Preguntas para reflexionar esta semana:

  • ¿Qué parte de su sufrimiento viene de sus expectativas y no de la situación?
  • ¿Qué emociones llevan tiempo queriendo eliminar en lugar de aprender a sostener?
  • Si aceptaran que lo valioso cuesta, ¿cómo cambiaría la visión de su cansancio?

Recuerden: no nos hacemos más fuertes porque la vida sea más fácil, sino cuando dejamos de exigirle que lo sea. ¡A vivir con sentido, aunque a veces duela!

Especialista: Rodolfo Solís. Psicofisiólogo clínico. Doctor en Neurociencias de la Conducta. Líder del Laboratorio de Neurofisiología Cognitiva y Clínica del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

IG y TikTok: @dr_rsolis / WEB: psiquiatrialrs.com / 55 1545 4240

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