Vamos a tocar un tema que esta sonando en las redes sociales y tiene que ver con la salud mental y les juramos que les va a volar la cabeza, porque muchas de nosotras lo hemos vivido sin saber que tiene un nombre técnico y es el splitting.
¿Alguna vez han conocido a alguien que les parece el ser más perfecto, divino y maravilloso del planeta, pero de un día para otro, por un detalle mínimo, lo empiezan a ver como lo más horroroso y detestable del mundo? Pues eso tienen que ver con el splitting
Bueno, pues la psicóloga Claudia Pradas nos explica que esto no es «locura» ni mala suerte en el amor; es un mecanismo de defensa llamado splitting (o escisión), y hoy vamos a entender por qué ocurre y cómo dejar de caer en esa trampa emocional.
¿Qué es exactamente el splitting?
De acuerdo con la experta, el splitting es un mecanismo de defensa que solemos utilizar las personas que venimos de infancias o adolescencias traumáticas. Básicamente, es una herramienta que nuestro cerebro activa para desvincularnos de un apego que interpretamos como inseguro.
Imaginen que su sistema nervioso es una alarma ultra sensible. Cuando este sistema interpreta que una persona nos puede abandonar, nos puede hacer daño o que simplemente corremos un riesgo emocional, nuestro cerebro hace un «corto circuito» y dice: ¡NO!. Es ahí donde pasamos de la idealización total a la devaluación absoluta.
Del pedestal a la devaluación: El ciclo del trauma
Cuentahabientes, pongan mucha atención a cómo funciona este ciclo, porque puede pasar tanto con una pareja como con una amiga:
- La Idealización Intensa: Al principio, sentimos esa energía de la novedad, un apego súper intenso. Ponemos a la persona en un pedestal, le dedicamos muchísima energía y la vemos como alguien perfecto.
- La Alarma de Riesgo: De pronto, esa persona hace algo —muchas veces algo pequeño— que nosotros interpretamos como arriesgado o que nos podría lastimar. O simplemente nos damos cuenta de que no es esa versión idealizada que inventamos en nuestra cabeza.
- El «Splitting» o Corte: En ese microsegundo, ponemos una barrera. La figura que antes era «segura» pasa a ser «insegura».
- La Devaluación: Para evitar que nos hagan el mismo daño que sufrimos en el pasado, apartamos a la persona mediante la devaluación. Empezamos a verla como todo lo contrario a ideal: le vemos todos los defectos y le colgamos etiquetas negativas.
Es como si nuestro cerebro no pudiera procesar los grises. Para el splitting, la gente o es un ángel salvador o es un monstruo peligroso.
El costo de vivir en los extremos
Como bien menciona Claudia Pradas, aunque el splitting puede ayudarnos a alejarnos de relaciones que sí son de riesgo, no es el mecanismo más adaptativo. ¿Por qué? Porque la realidad es que nadie debería estar en un pedestal ni ser considerado lo más horrible del mundo. Todos somos seres humanos con defectos y virtudes.
Este comportamiento nos impide construir relaciones sólidas y duraderas. Es un reflejo de nuestras heridas de la infancia buscando protegernos, pero a veces nos protege tanto que nos deja solas o en un ciclo eterno de decepciones
¿Cómo trabajar esto en nuestra vida?
Sentarnos a escribir o reflexionar sobre por qué estamos devaluando a alguien nos puede ayudar a ver si realmente esa persona es «mala» o si es nuestra herida la que está reaccionando por miedo al abandono. Aquí unos consejos de editora para las cuentahabientes:
- Identifica el disparador: ¿Qué fue exactamente lo que hizo que cambiaras de opinión sobre esa persona? ¿Es un peligro real o es un miedo antiguo?
- Busca los grises: Haz una lista de tres virtudes y tres defectos de esa persona. Obliga a tu cerebro a ver la totalidad del ser humano.
- Terapia, siempre terapia: Claudia Pradas es muy clara: el splitting es algo que se tiene que trabajar con profesionales de la salud mental.
Cuentahabientes, entender nuestra mente es el primer paso para tener relaciones más sanas y una vida más plena. No dejen que los fantasmas de su adolescencia decidan quién se queda y quién se va de su mesa hoy.