¿Les ha pasado que se constipan y se la viven inflamadas? Puede que su microbiota esté fallando por lo que comen.
Estos son los hábitos y cosas que dañan la microbiota intestinal y que seguro no estaban tomando en cuenta, ¿cuántos de estos hábitos están dentro de su rutina, cuentahabientes?
Cosas que odia su microbiota (y cero deben comer)
La microbiota es un pilar muy importante de nuestra salud, es ese ejército de microorganismos que vive en nuestro intestino y que se encarga de todo: desde que tengamos una buena digestión hasta que nuestro estado de ánimo esté a tope (sí, ¡ahí se produce la mayor parte de nuestra serotonina!).
Pero, ¿qué estamos haciendo para sabotearla? A veces, sin querer, estamos atacando constantemente.
¿Qué debemos de comer para evitar andar inflamadas?
Los ultraprocesados
Estos productos que vienen en caja y tienen etiquetas interminables son fatales. Los azúcares refinados y las harinas blancas alimentan a las bacterias malas, creando un desequilibrio que inflama y da sensación de pesadez.
Edulcorantes artificiales: el engaño del «light»
Muchas veces por cuidar la línea, optamos por sustitutos de azúcar. Sin embargo, estudios han demostrado que los edulcorantes artificiales alteran la composición de la microbiota, afectando la forma en que nuestro cuerpo procesa la glucosa. Aunque la evidencia de daño no es idéntica para todas las personas, si es suficiente como para dejar de consumirlos sin conciencia y medida.
Aditivos alimentarios
Emulsionantes, conservadores y colorantes que encontramos en la comida rápida y procesada actúan como detergentes en nuestro intestino, pueden dañar la barrera intestinal y causar inflamación, algunos más comunes son: Polisorbato 80, carboximetilcelulosa, carragenina, colorantes, para que le echen un ojo a las etiquetas cuentahabientes.
Dieta poco variada
A veces comemos siempre lo mismo por practicidad. Pero la diversidad es clave, si no le damos a nuestro cuerpo diferentes tipos de alimentos, no hay sustrato fermentable, y baja la producción de metabolitos, lo que reduce la fuerza microbiana. Cuentahabientes, no se puede vivir solo de arroz y pollo, varíen su dieta.
Estrés crónico
El eje intestino-cerebro es una realidad. Cuando vivimos bajo niveles altos de cortisol por problemas de pareja, trabajo o cambios de vida, el ambiente de nuestro intestino se vuelve hostil. El estrés sostenido puede alterar la motilidad intestinal, permeabilidad e inflamación.
Agroquímicos y pesticidas
La mayoría de las frutas y verduras convencionales están llenas de sustancias diseñadas para matar plagas. El problema es que esas mismas sustancias dañan el delicado ecosistema de nuestro interior. Intenten buscar opciones orgánicas o lavar muy bien sus alimentos.
Químicos antimicrobianos
No solo son los medicamentos quienes pueden matar a estas bacterias buenas, sino ciertos componentes químicos en productos de higiene personal que pueden absorberse y alterar nuestro equilibrio interno, más limpio no siempre es mejor. Estos son algunos productos que pueden ser dañinos: jabones antibacteriales, enjuagues bucales, desinfectantes, limpiadores muy agresivos, productos con triclosán.
Vivir desvelado
Nuestras bacterias también tienen un ritmo circadiano. Cuando no dormimos bien, interrumpimos su ciclo de regeneración. Un cuerpo cansado es un cuerpo con una microbiota alterada, lo que se traduce en más antojos de azúcar y menos claridad mental.
Vivir con excesiva limpieza
¡Ojo aquí! la obsesión por desinfectar todo con productos agresivos nos ha quitado el contacto con microorganismos naturales que fortalecen nuestro sistema inmune. Un poco de «suciedad natural» es necesario para entrenar a nuestras defensas.
Sedentarismo
Mover el cuerpo ayuda a que el tránsito intestinal sea el adecuado. Cuando no nos movemos, nuestra microbiota se estanca, favoreciendo la inflamación crónica.
No cumplir con el ayuno
El cuerpo necesita un ayuno de 12 horas mínimo, es un espacio para que nuestro intestino esté libre y pueda funcionar correctamente.
Cuentahabientes, hagan conciencia de cuantos de estos hábitos están en su rutina diaria, acuérdense que tener un microbioma cuidado es igual a estar saludables y de buen humor.