A ver, pongan mucha atención, porque hoy vamos a tocar un tema que nos incumbe a todas: próstata y andropausia.
Porque sí, amamos a nuestros hombres —esposos, papás, hermanos, amigos— y verlos envejecer con dignidad es parte del plan, pero ¿qué pasa cuando ese proceso empieza a afectar su calidad de vida y ellos, por puro ego o falta de información, se quedan calladitos?
Ya sabemos que para nosotras el paso del tiempo tiene nombres muy claros, pero en ellos, el envejecimiento no son solo canas y arrugas. Es un proceso silencioso, lento y progresivo que afecta desde su energía hasta su humor.
Por eso, el Dr. Dagoberto Molina nos va a explicar, con peras y manzanas, qué está pasando realmente en el cuerpo masculino y cómo podemos ayudarlos a navegar esta etapa con éxito.
Próstata y andropausia: Todo lo que ellos no nos dicen
A diferencia de nosotras, que vivimos el «clímax» hormonal con la menopausia, en los hombres no hay un evento único que marque el fin de una era. El envejecimiento masculino es un bajón paulatino. Es, básicamente, cómo el cuerpo del hombre va perdiendo eficiencia con los años.
Se manifiesta principalmente en cuatro frentes que debemos vigilar:
- Las hormonas: Específicamente la testosterona.
- El sistema urinario: El crecimiento de la próstata.
- La función sexual: Cambios en el deseo y la respuesta.
- El metabolismo: Pérdida de masa muscular y energía.
Escuchen bien este dato que les va a volar la cabeza: la testosterona empieza a bajar desde que ellos tienen 20 o 30 años. ¡Sí, tan temprano! Y a partir de ahí, cae aproximadamente un 1% o 2% cada año.
El protagonista de la historia: La Testosterona
Si el colágeno es nuestro mejor amigo, la testosterona es el TODO para el hombre. No solo tiene que ver con el deseo sexual o las erecciones; esta hormona es la gasolina para su energía, su masa muscular, la densidad de sus huesos y, lo más importante, su estado de ánimo.
¿Qué pasa con la edad? Que para cuando llegan a los 70 años, muchos hombres tienen apenas la mitad de la testosterona que tenían a los 20. A este déficit se le conoce como Andropausia. Pero ojo, cuentahabientes, no es igual a nuestra menopausia porque no ocurre de golpe y no todos los hombres lo sienten con la misma intensidad. Es un declive sutil que, si no se atiende, les cambia la personalidad y la salud por completo.
¿En qué se nota el «viejazo» masculino?
Hay señales que ellos intentan ignorar, pero que nosotras, con nuestro ojo clínico, notamos de inmediato. Dividamos estos cambios para que sepan qué observar:
Cambios físicos
Notarán que empiezan a perder músculo aunque hagan el mismo ejercicio de siempre. Aparece la famosa «pancita» o aumento de grasa abdominal, tienen menos fuerza y sus huesos se vuelven más frágiles, lo que aumenta el riesgo de osteoporosis.
El factor mental y emocional
¡Uff! Aquí es donde muchas veces chocamos. El déficit hormonal causa cansancio constante, menor concentración e irritabilidad. Si sienten que su pareja está más gruñona de lo normal o que se deprime por cosas que antes no le afectaban, puede que no sea «su carácter», sino sus hormonas.
La sexualidad
Es el tema tabú por excelencia. Hay menos deseo, las erecciones son menos firmes o más lentas y el volumen de eyaculación disminuye. Para que se den una idea, a los 70 años, hasta el 70% de los hombres tienen algún grado de disfunción eréctil.
El tema de la Próstata: De nuez a limón
La próstata es esa pequeña glándula que decide crecer sin permiso. A los 20 años tiene el tamaño de una nuez, pero a los 60 ya puede ser del tamaño de un limón. Este crecimiento (llamado Hiperplasia Prostática Benigna) causa que se levanten mil veces en la noche al baño, que el flujo sea débil y que tengan problemas para orinar.
Y lo más importante: el riesgo de cáncer de próstata aumenta considerablemente con la edad. Por eso, la visita al especialista es innegociable. Nada de que «me da pena», aquí se trata de salvar vidas.
¿Qué acelera el deterioro?
No solo envejecen por los años en el calendario, sino por su estilo de vida. Factores como la obesidad, el sedentarismo, el alcohol, el tabaco y el estrés crónico son aceleradores directos del envejecimiento. La diabetes y las enfermedades cardiovasculares también pasan la factura muy rápido.
El plan de acción: ¿qué sí podemos hacer?
La buena noticia es que mucho de esto se puede prevenir o mejorar. Tomen nota para que lo apliquen en casa:
- Alimentación de campeones: Necesitan suficiente proteína para mantener el músculo y grasas saludables (como aguacate y nueces) que son precursoras de la testosterona. ¡Cero ultraprocesados!
- Ejercicio de fuerza: Las pesas son clave. Cargar peso aumenta la producción de testosterona de forma natural. El cardio, por su parte, protege su corazón y sus erecciones.
- Dormir como reyes: Dormir mal es la forma más rápida de destruir la testosterona.
- Vida sexual activa: Literalmente, ayuda a mantener la función eréctil. Lo que no se usa, se atrofia, cuentahabientes.
Tratamientos y soluciones
Hoy en día no tienen por qué sufrir. Existen terapias de reemplazo de testosterona (geles, inyecciones o parches), pero SOLO si un profesional comprueba el déficit, ya que puede tener riesgos para el corazón o la próstata. Para la disfunción eréctil existen opciones que van desde terapias hasta prótesis en casos avanzados.
El envejecimiento masculino no es solo un tema sexual. Es hormonal, metabólico y mental. Muchas veces, un problema de erección es la primera alerta de que el corazón no está bien. Así que ya lo saben, a cuidar a sus señores, hijos o amigos, a informarlos y a quitarles el miedo de ir con los especialistas.
Especialista: Dagoberto Molina. Urólogo, miembro del Colegio Nacional Mexicano de Urología. Jefe de Urología del Hospital ABC.
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