¿Qué trata de decir un niño cuando hace berrinche?

Un niño cuando hace berrinche no está realmente pensando en hacerlas quedar mal con la tía criticona o la miss del colegio, esto es lo que pasa por su mente.

agosto 12, 2026

Cuando un niño grita, pega o miente, no busca arruinarnos la vida: está pidiendo ayuda a gritos. Les decimos cómo descifrar el lenguaje secreto de la conducta infantil.

Oigan, cuentahabientes, a ver: levanten la mano las que hayan sentido que pierden la cabeza cuando sus hijos hacen un berrinche monumental en el súper, cuando les echan una mentira o cuando de plano no hay forma de que obedezcan una sola instrucción.

Nuestra reacción inmediata como adultas suele ser corregir, regañar, castigar o exigirles que se calmen de inmediato. Pero, ¿se han preguntado si en realidad ese niño está intentando decirnos algo que todavía no sabe expresar con palabras?

Para hablar de este tema tan revelador, Julia Borbolla, quien nos va a dejar con el ojo cuadrado al explicarnos qué hay verdaderamente detrás del «mal comportamiento». Nos enseñó a entender qué emoción, miedo o necesidad profunda están tratando de comunicar nuestros pequeños.

La conducta solo es la punta del iceberg

A ver, cuentahabientes, lo primero que debemos entender es que lo que vemos a simple vista —gritos, golpes, mentiras, desobediencia o aislamiento— es solamente la parte superior de un iceberg gigantesco. Por debajo de la superficie, lo que realmente se esconde es cansancio, hambre, frustración, celos, ansiedad, inseguridad o una profunda necesidad de conexión.

Los niños no tienen la madurez ni el vocabulario para decirnos: «Oye, me siento desplazado con la llegada del bebé» o «Tengo muchísima ansiedad por lo que pasa en la escuela». Por eso, todo termina saliendo a través del cuerpo y del comportamiento.

Ojo: esto no significa que les vayamos a permitir absolutamente todo. Entender la raíz emocional de su conducta no elimina los límites, al contrario: nos permite poner reglas claras sin ignorar lo que les pasa por dentro.

¿Qué intentan decirnos con cada conducta?

Julia Borbolla nos desmenuzó qué hay detrás de las reacciones más comunes en casa:

  • Agresividad (golpear, morder, patear): En los más pequeñitos, la agresión aparece cuando la emoción es infinitamente más grande que su capacidad para autocontrolarse. Es una descarga de enojo, miedo o impotencia. Aquí el límite debe ser firme e inmediato: «Puedes estar enojado, pero no puedes lastimar».
  • Berrinches y rabietas: Un berrinche no siempre es manipulación, cuentahabientes; la mayoría de las veces es un verdadero desbordamiento emocional donde el niño pierde temporalmente la capacidad de escuchar y razonar. En plena crisis no sirven las amenazas ni los sermones. Primero hay que garantizar su seguridad, bajar los estímulos y acompañarlo a recuperar la calma.
  • Mentiras: Suelen mentir por miedo al castigo, vergüenza o deseo de agradar. Si reconocer un error en casa provoca gritos o castigos desproporcionados, van a aprender a ocultar todo. La honestidad se cultiva cuando pueden admitir una falta sin sentir que pierden nuestro amor.
  • Desobediencia y conducta desafiante: Decir que «no» a todo es su forma de buscar autonomía o comprobar hasta dónde llegan los límites. También pasa cuando las reglas cambian a diario o cuando solo reciben atención cuando se portan mal.
  • Aislamiento: Si de pronto dejan de jugar o evitan convivir, mucho cuidado. No lo asuman automáticamente como «timidez». Puede haber tristeza, ansiedad, baja autoestima o acoso escolar.
  • Conductas regresivas: Volver a mojar la cama, hablar como bebé o aferrarse en exceso a los padres suele ser una respuesta ante cambios drásticos (una mudanza, una separación o la pérdida de un ser querido). Es su forma de pedir seguridad cuando su mundo se siente incierto.

¿Qué debemos hacer como papás y mamás?

Tomen nota, cuentahabientes, porque Julia nos compartió estos puntos clave para reaccionar con verdadera inteligencia emocional:

  • Regularse antes de corregir: Un adulto alterado jamás va a calmar a un niño desbordado. Respiren profundo, bajen el tono de voz y recuerden que la calma no es debilidad, es su mejor herramienta.
  • Observar el patrón: Registren mentalmente cuándo aparece la conducta: ¿es antes de ir a la escuela?, ¿cuándo tienen hambre o sueño?, ¿después de convivir con alguien? Identificar el patrón les permite atender la causa real.
  • Ponerle nombre a la emoción: Ayúdenles a identificar lo que sienten con frases como: «Veo que estás muy frustrado» o «Creo que te dio miedo quedarte solo».
  • Validar la emoción, no la conducta: Todas las emociones son permitidas, pero no todas las acciones. «Entiendo que estés enojado, pero no voy a permitir que pegues».
  • Consecuencias con sentido: Las consecuencias deben ser inmediatas, proporcionales y relacionadas con la falta. Si rompió algo por enojo, debe ayudar a repararlo.
  • Cero etiquetas: Nunca los llamen «malos», «agresivos» o «mentirosos». Las etiquetas convierten una conducta pasajera en su propia identidad.
  • No hablar en plena crisis: Cuando hay explosión emocional, el cerebro no procesa información. Acompáñenlos y discutan lo sucedido solo cuando haya regresado la calma.
  • Atención a lo positivo: Reconozcan sus pequeños logros cuando pida las cosas de buena gana, comparta o logre calmarse solo.
  • Revisar el ambiente familiar: Recuerden que los niños son esponjas. Si en casa ven gritos o pleitos constantes, van a replicar exactamente lo mismo.
  • Buscar ayuda profesional: Si la conducta es muy intensa, dura varias semanas o pone en riesgo su integridad o la de otros, es momento de consultar a un especialista en salud mental infantil.

Un niño que se porta «mal» no busca complicarnos la existencia; solo nos está mostrando que algo dentro de él se volvió demasiado grande para manejarlo solo. La conducta necesita límites, sí, pero la emoción necesita ser escuchada.

Al final, cuentahabientes, recuerden que nuestra labor no es controlar cada movimiento de nuestros hijos, sino enseñarles a comprender lo que sienten para que aprendan a expresarlo de una manera saludable.

Especialista: Julia Borbolla. Psicóloga con 40 años de experiencia, imparte talleres para padres de familia y corporativos, Fundadora de la Clínica Grupo Julia Borbolla Psicología Integral, especializada en niños, niñas y adolescentes.

WA: 55 80 15 20 21 / Web: juliaborbollaeducacion.com / TW: @GpJuliaBorbolla / FB: Grupo Julia Borbolla / IG: @grupojuliaborbolla.

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