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¿Realmente necesitamos cerrar nuestros ciclos?

¿Realmente necesitamos cerrar nuestros ciclos en persona? O mejor salir de ahí sin problemas y con

agosto 13, 2026

Nos enseñaron que para poder soltar algo primero tenemos que entenderlo. Pero ¿qué pasa cuando nunca vamos a tener la explicación que estamos esperando? ¿Realmente necesitamos cerrar todos nuestros ciclos o necesitamos aprender a vivir con algunas puertas entreabiertas? Esto nos lo va a explicar Rodolfo Solís.

Todas hemos estado ahí. Una persona se esfuma sin dar explicación alguna (hola, ghosting), nos despiden de un trabajo y nunca entendemos qué hicimos mal, se termina una relación de años y seguimos dándole vueltas a la cabeza pensando en qué momento cambió todo, o enviamos un mensaje decisivo y jamás recibimos respuesta. Y de repente, surge esa idea que la sociedad nos ha vendido casi como una obligación emocional: “Necesitas cerrar el ciclo”.

Buscamos desesperadamente la plática final, la explicación detallada, la disculpa sincera, el último mensaje de despedida o la razón exacta de lo que ocurrió. Pero hoy quiero que se hagan una pregunta fuertísima: ¿de verdad necesitan obtener un cierre para poder seguir adelante con sus vidas, o le están regalando el control de su paz mental a alguien más?

No dejen de leer: Ghosting: ¿cómo superarlo? y ¿porqué lo hacen?

¿Realmente necesitamos cerrar nuestros ciclos?

En psicología, el cierre no es un evento mágico donde el dolor desaparece de un plumazo. Se entiende más bien como la sensación de que algo ya terminó, tiene el sentido suficiente o llegó a una conclusión. No significa que ya no nos duela; significa más bien: “Ya tengo la información suficiente para dejar de buscar respuestas”.

El psicólogo Arie W. Kruglanski desarrolló precisamente el concepto de la “necesidad de cierre cognitivo”, que mide qué tanto necesita una persona tener certeza, orden y respuestas definitivas frente a la ambigüedad.

  • Gente con baja necesidad de cierre: Toleran mejor el “no sé qué pasó, pero se acabó y listo”.
  • Gente con alta necesidad de cierre: Se sienten profundamente incómodas sin certezas y caen en la espiral de preguntas: “¿Pero por qué?, ¿cuándo cambió?, ¿qué hice mal?, ¿hubo alguien más?, ¿me dejó de querer?”.

El acontecimiento es exactamente el mismo, pero la necesidad de explicación es totalmente diferente para cada persona.

El drama de la incertidumbre: ¿por qué odiamos no saber?

Nuestro cerebro es una máquina diseñada para buscar patrones, explicaciones y conclusiones. Cuando algo se queda a medias, nos quedamos atrapadas intentando completar la historia. Por eso el ghosting o una ruptura repentina pueden ser tan desgastantes. Cuando alguien desaparece, ustedes no solo pierden la relación; pierden la explicación de esa desaparición. Y ahí empieza la investigación mental a altas horas de la noche:

  • Releer conversaciones de hace tres meses buscando “la señal”.
  • Preguntarle a diez amigas diferentes qué creen que significó ese último comportamiento.
  • Imaginar pláticas hipotéticas que jamás van a suceder.

El problema gigantesco es que muchas de esas preguntas no tienen una respuesta disponible. Y podemos pasar meses intentando resolver un enigma que simplemente jamás tendrá solución.

La trampa: nos vendieron que «el cierre se siente bonito»

Nos convencieron de una idea romántica: “Cuando tengas tu cierre, vas a sentir una paz infinita”. ¡Falso, cuentahabientes! La realidad puede ser completamente diferente:

  • Pueden recibir la explicación y sentirse diez veces peor.
  • Pueden tener la plática final y salir devastadas.
  • Pueden entender perfectamente por qué terminó la relación y seguir profundamente enamoradas.

Entender no es lo mismo que sanar. Una explicación no elimina el dolor. El cierre muchas veces no produce una sensación agradable; a veces cerrar significa, lisa y llanamente, aceptar una realidad que no queríamos aceptar. Además, cuando condicionan su recuperación a que la otra persona les responda, están poniendo su bienestar en manos de alguien que quizás:

  • No quiere hablar.
  • No sabe explicar lo que hizo.
  • Tampoco entiende sus propias decisiones.
  • Les va a mentir para no quedar mal.
  • O simplemente ya no está disponible.

El cierre no te lo da nadie: te lo das tú

Quítense esto de la cabeza, cuentahabientes: el cierre no es un regalo que alguien más les entrega. El cierre es una conclusión que ustedes mismas construyen. Miren la diferencia tan abismal entre estas dos posturas:

  • Dependiente: “Voy a estar bien cuando me pida perdón y me diga la verdad.”
  • Empoderada: “Nunca voy a saber exactamente por qué actuó así, pero sé perfecto que no quiero a alguien así en mi vida.”

Aquí la pregunta cambia por completo. Ya no es: “¿Qué necesito que haga la otra persona para yo estar bien?”, sino: “¿Qué puedo aceptar yo, aunque nunca tenga todas las respuestas?”.

Ejercicio práctico: El cierre sin certeza

Cuando se descubran atrapadas intentando resolver algo que no tiene explicación, hagan este ejercicio de 4 pasos:

Separen hechos de interpretaciones:

  • Hecho: Dejó de contestarme.
  • Interpretación: Nunca me quiso y estuvo jugando conmigo.

Hagan la lista de lo que NUNCA van a saber: Aceptar que hay datos que se quedarán en el aire es liberador.

  • Observen sus conductas de búsqueda: ¿Están revisando redes sociales?, ¿preguntando a conocidos?, ¿reconstruyendo escenarios? Detecten la conducta y frenen el impulso.
  • Elijan una acción con significado: ¿Qué van a hacer hoy por ustedes y su futuro, aunque no tengan la respuesta?

Menos «cerrar ciclos» y más aprender a avanzar

Vivimos obsesionadas con el discurso de “cerrar ciclos”, “superar” y “dar vuelta a la página”. Pero la madurez emocional no consiste en encontrarle una moraleja perfecta o bonita a cada trago amargo.

Hay historias que terminan con una explicación madura, otras terminan con un portazo, y hay muchas otras que simplemente terminan. Aceptar que algunas preguntas se quedarán sin respuesta y que aún así podemos seguir construyendo una vida espectacular es, quizás, la mayor demostración de amor propio y resiliencia que se pueden dar.

Especialista: Rodolfo Solís. Psicofisiólogo clínico. Doctor en Neurociencias de la Conducta. Líder del Laboratorio de Neurofisiología Cognitiva y Clínica del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

IG: @dr.r.solis // TikTok: @dr_rsolis // WEB: psiquiatrialrs.com // T. 55 1545 4240

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