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5 cosas que más nos enorgullecen y avergüenzan a los mexicanos

Les vamos a dar las 5 cosas que más nos enorgullecen como mexicanos y que muy pocas personas se atreven a decir.

septiembre 16, 2026

Les vamos a dar la lista de las 5 cosas que más nos enorgullecen como mexicanos y otras que no tanto.

¿Alguna vez se han puesto a pensar en la enorme cantidad de contradicciones que nos definen como mexicanos? Guido Lara, fundador y CEO de Lexia —esta agencia de investigación de mercado maravillosa que se dedica a descifrar cómo pensamos, qué sentimos y cómo actuamos—, nos va a dar los resultados de un estudio sobre nuestra identidad.

Resulta que, cuando Guido estuvo a cargo del desarrollo de la «Marca México» descubrió que la esencia de nuestro país está marcada por un mestizaje y una contradicción permanente.  Nos mueve un enorme orgullo por lo que somos, pero al mismo tiempo cargamos con hábitos que nos dan muchísima vergüenza. De la mano de estas investigaciones, aquí les desgloso las cinco grandes luces y sombras que definen la mente y el corazón del mexicano.

5 cosas que más nos enorgullecen y avergüenzan a los mexicanos

Si algo tenemos las y los mexicanos es una capacidad envidiable para reírnos de todo, divertirnos y no tomarnos nada tan en serio. Somos optimistas, cálidos y siempre tenemos los brazos abiertos para recibir a cualquiera. Existe incluso un análisis clásico llamado Fenomenología del relajo que explica cómo el desmadre y la risa son parte del espíritu nacional. Como bien decía José Alfredo Jiménez en sus canciones: aquí la vida se disfruta a través de la alegría.

Pero la otra cara de esta moneda es muy delicada. Al no tomar nada en serio, caemos en un profundo egoísmo social. Los estudios de Lexia acuñaron el término de que los mexicanos somos «liberales salvajes»: para nosotras y nosotros, la patria es la familia inmediata y lo demás importa poco.

Nos unimos para la fiesta, para ir al Ángel de la Independencia a festejar o para ayudar en momentos de desastre, pero en el día a día rompemos las reglas de convivencia. El cronista Germán Dehesa lo resumía perfecto: en México tenemos los coches más limpios porque todos tiran la basura por la ventana hacia la calle. Cuidamos el espacio individual y descuidamos salvajemente el espacio colectivo.

Amamos nuestra creatividad sin límites, pero nos frena la falta de planeación

Nadie en el planeta nos gana en ingenio. Los memes mexicanos son insuperables, la chispa es inmediata y nuestra mente trabaja a una velocidad impresionante para resolver problemas al momento. Destacamos en el mundo por la vía del arte y la creatividad: Frida Kahlo, los cineastas ganadores del Óscar, los bailarines, la moda y la cultura visual. A diferencia de otros países que ponen científicos en sus billetes, en México celebramos a los creadores.

¿Cuál es la vergüenza oculta de este gran atributo? Que confundimos el ingenio con la verdadera innovación. El ingenio mexicano suele ser el chispazo del famoso «alambrito» para arreglar un problema rápido, pero casi nunca es una solución de fondo, disciplinada y sistemática.

Vivimos clavados en el presente continuo; no nos interesa revisar la historia ni planear el futuro. Todo lo dejamos para mañana. Nos avergüenza saber que tenemos todo el potencial para ser una potencia mundial, pero nos perdemos a nosotras mismas por la absoluta falta de planeación y visión a largo plazo.

Presumimos nuestro patrimonio, pero destruimos la naturaleza y regateamos

Pregúntenle a cualquier persona en este país qué le da orgullo de su tierra y la respuesta será inmediata: los ríos, las montañas, las playas, los bosques, las tradiciones y la gente. El nivel de orgullo patrio en México sobre su geografía y cultura es infinitamente mayor al de muchos otros países de Latinoamérica.

Sin embargo, el lado vergonzoso es que no cuidamos absolutamente nada de lo que presumimos. Hemos degradado destinos turísticos completos como Acapulco, Tulum o el Valle de Guadalupe por falta de respeto al patrimonio natural y urbano.

Y la contradicción es aún más triste en el plano cultural: nos inflamos el pecho presumiendo la artesanía mexicana y las tradiciones indígenas, pero a la hora de comprar una pieza artesanal de semanas de trabajo, le regateamos a los creadores para que le bajen unos cuantos pesos al precio. Esa falta de valoración del trabajo ajeno es un reflejo brutal de nuestras incongruencias.

Adoramos nuestra gastronomía mundial, pero ignoramos la crisis de salud

La cocina mexicana es, sin lugar a dudas, una de las más sofisticadas, bellas y deliciosas del planeta. Desde una quesadilla de huitlacoche en un puesto callejero hasta la alta gastronomía yucateca, oaxaqueña o veracruzana, la comida representa la delicadeza, el afecto y el esmero de nuestra cultura. En un país tan polarizado en temas sociales o políticos, sentarnos a la mesa y compartir el amor por un buen platillo es lo único que nos une a todas y todos sin distinción.

La sombra detrás de este amor culinario radica en nuestro descontrol. Nos avergüenzan las cifras alarmantes de sobrepeso, diabetes y obesidad que enfrentamos. Somos el quinto lugar mundial en obesidad infantil y tenemos uno de los índices más altos del continente.

Nos fascina el pambazo, la gordita de chicharrón y el refresco embotellado de litro, pero evadimos por completo el costo en salud que esto genera. Amar nuestra comida es maravilloso, pero no podemos seguir ignorando las consecuencias de una alimentación desbalanceada.

Valoramos el refugio de la familia, pero solapamos la mediocridad y la violencia

La familia ampliada —con los tíos, primos y compadres— es la red de apoyo social más potente que tenemos. En un mundo donde las relaciones humanas definen la felicidad, el mexicano cuenta con un colchón afectivo que contrasta fuertemente con la soledad que se vive en otras culturas donde los hijos dejan la casa a los 18 años y casi no vuelven a ver a los padres.

Sin embargo, este núcleo tan arraigado tiene un lado oscuro bastante incómodo. La familia en México muchas veces se convierte en el refugio de la sobreprotección y la mediocridad; es la cultura del «no te preocupes, mijito», donde se disculpan los defectos, se mantienen hijos adultos que no asumen sus responsabilidades o se sobrecarga económicamente a las hijas e hijos por la falta de previsión de los padres.

Pero lo más grave y vergonzoso de todo es lo que ocurre a puerta cerrada: detrás de ese discurso idílico de la familia unida, existen niveles alarmantes de violencia intrafamiliar, maltrato y abusos que por décadas se han quedado callados por guardar las apariencias.

Ahí lo tienen, cuentahabientes. Ser mexicano es habitar constantemente en este contraste entre la fiesta y el egoísmo, entre la chispa y la desidia, entre el amor entrañable y la falta de disciplina. Conocer nuestras sombras no es para avergonzarnos de forma estéril, sino para empezar a tomar las riendas y cambiar aquello que nos frena como sociedad.

Especialista: Guido Lara, Fundador y CEO de LEXIA Insights & Solutions.

TW: @guidolara / lexia.cc

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