¿A cuántas de ustedes no les ha pasado que escuchan a esa amiga presumir: «Nombre, mi pareja y yo llevamos quince años juntos y NUNCA peleamos»? Y una la oye y piensa: «Ay, qué bonitos, qué envidia de la buena, ojalá mi relación fuera así».
Pero a ver, pongan mucha atención y abran bien los ojos: ¿de verdad no pelean, o más bien una de las dos partes ya se cansó de decir lo que piensa? Porque no es lo mismo. Se ve igualito desde afuera, suena divino en la sobremesa, pero por dentro son dos historias completamente distintas. Hay relaciones que no tienen paz: lo que tienen es a una persona que ya se rindió. Y lo peor del asunto es que no se ve mal.
Al contrario. Se ve súper madura, tranquila, generosa. Es a la que todas ponen de ejemplo, la que recibe comentarios como «qué paciencia tienes» o «contigo sí se puede vivir». Pero guardar silencio no es lo contrario de pelear mal; es otra manera de pelear mal, nomás que en soledad.
El precio oculto de tragar enojos: Lo que dice la ciencia
Y esto no se los digo yo nomás porque suene bonito o profundo. En 2007, la doctora Elaine Eaker, epidemióloga de la Universidad de Boston, publicó en la revista Psychosomatic Medicine un análisis impactante del famoso estudio de Framingham. Le siguieron la pista a más de 3,600 personas durante diez años y les hicieron una pregunta sencillísima: cuando tienes un conflicto con tu pareja, ¿qué haces? Una de las respuestas era: «me guardo lo que siento».
¿Los resultados? De terror, cuentahabientes. Las mujeres que se callaban durante los pleitos con su pareja tuvieron, en promedio, cuatro veces más riesgo de morir en los diez años siguientes. Cuatro veces. Y esto después de ajustar factores como la edad, la presión arterial, el colesterol o el cigarro.
Aclaración importante: no encontraron un pico de infartos en específico, sino un incremento en la mortalidad por cualquier causa. Es decir, quedarse callada no te tapa una arteria de golpe, pero ese patrón de silencio emocional sostenido durante años genera un desgaste brutal en todo tu cuerpo. El organismo pasa la factura.
Puede que ustedes también lo hagan y ni cuenta se dan
Antes de que digan «ay, a mí no me pasa», vamos a aterrizarlo a la vida real. El silencio emocional se disfraza de cosas bien sutiles:
- Se siente como «escoger sus batallas» o no querer amargar la cena.
- Es esa vez que les dijeron un comentario fuera de lugar enfrente de sus amigas, sonrieron por educación, y por dentro les ardió durante tres días.
- Es contestar «sí, todo bien» con un tono helado cuando claramente nada está bien.
- Es cuando el enojo ya ni sale como reclamo, sino como flojera, una puerta que se cierra un poquito más fuerte de lo normal o un distanciamiento helado de tres días.
Cada vez que hacen esto, creen que están haciendo un acto de amor para cuidar la relación. ¡Grave engaño! Piensen en esto: cuando las cosas van bien, le cuentan todo a tu pareja. Pero cuando se rinden, dejan de compartir.
Primero dejan de contarle sus problemas. Luego dejan de contarle lo bueno: el aumento de sueldo, el chiste que oyeron en la oficina, lo que les dijo el especialista. La persona que se rindió no dejó de discutir: dejó de conectar. Por eso hay gente que un día hace sus maletas y se va, dejando a la pareja en shock sin entender qué pasó.
Los dos tipos de silencio
Hay dos motivos por los cuales nos callamos:
- Por miedo: Temen la reacción, piensan que se va a armar un zafarrancho de tres días. Si se callan por miedo, siguen luchando por dentro, calculan el momento y ensayan la conversación. Todavía creen que su palabra tiene poder.
- Por resignación: Ya no creen que hablar sirva de nada. «¿Para qué, si ya se lo dije mil veces?». Quien se calla por resignación dejó de esperar algo. Se ve como calma desde afuera y la gente le dice «qué madura eres», pero en realidad ya desconectó.
Para su cuerpo da exactamente igual por qué se callaron. Su cabeza da el tema por cerrado, pero su organismo no. En 2010, los doctores Phillip Quartana y John Burns, de la Rush University de Chicago, demostraron que a las personas que contienen sus emociones durante una discusión les sube muchísimo más la presión arterial y reaccionan peor en el siguiente problema.
Guardarse las cosas no las deja neutral: las deja acumulando rabia. La doctora Dana Crowley llamaba a esto el yo dividido: por fuera sonríes, por dentro llevan un inventario gigante de reproches que no dejan de crecer.
Y no solo eso. Un estudio de los doctores Emily Butler y James Gross demostró que cuando una persona se contiene en una plática, su rabia interna aumenta y la otra persona percibe un distanciamiento frío e inexplicable, alejándose también. Es un círculo vicioso tóxico.
Su plan de acción en 4 pasos para recuperar su voz
Obviamente no todo se tiene que decir en caliente; saber cuándo hablar también es madurez. La clave es esta: si de verdad dejaron ir el tema y si muere ahí. Si días después siguen dándole vueltas en la cabeza, no lo superaron, solo lo guardaron. Para salir de esa trampa, les dejamos un ejercicio (de Mario Guerra) buenísimo para la semana:
- Anoten: Durante 7 días, cada vez que decidan no decir algo, escríbanlo en las notas de su celular.
- Identifiquen la razón: Si se callaron por miedo, anoten su predicción exacta («se va a enojar y no me va a hablar en toda la noche»). Si fue por resignación, escriban qué hubieran dicho si valiera la pena.
- Analicen el día 7: Revisen sus anotaciones. Si dominó el miedo, descubran qué predicción se repite más. Si dominó la resignación, se darán cuenta de que no han dicho las cosas «mil veces», sino una sola manera repetida mil veces.
- Expresen una sola cosa: Escojan una sola molestia de la lista y díganlo con calma. Luego contrasten lo que pasó en la realidad con lo que habían predecido.
Cuentahabientes, no hace falta armar un pleito por todo, pero fíjense si no se han ido apagando lentamente en su propia relación. No dejen de habitar su propio espacio por evitar una discusión. Hoy las invito a reflexionar: ¿cuándo fue la última vez que le compartieron una buena noticia a su pareja? Ahí está la respuesta de dónde se encuentra su relación el día de hoy.
Especialista: Mario Guerra. Tanatólogo, conferencista y Business Coach.
TW: @marioguerra / Web: marioguerra.mx / FB: Mario Guerra