Cuando entramos en esta etapa de los 40, 50 o 60 años, donde la vida nos da una sacudida emocional, física y mental, muchas veces ya no reconocemos a es persona con la que compartíamos la vida, pero ¿qué hacemos? Aquí unos tips.
Seguramente les ha pasado, de pronto se miran al espejo y se dan cuenta de que ya no son la misma mujer que se casó hace 10, 20 o 30 años. Tal vez pasaron por un proceso de terapia profundo, o el divorcio de una amiga las hizo cuestionarse todo, o simplemente la edad les trajo una claridad mental y una falta de paciencia que antes no tenían.
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Cambié…pero mi pareja sigue siendo la misma ¿qué hago?
¿Qué pasa cuando voltean a ver al hombre que tienen al lado y él está exactamente igual? mismos chistes, mismos descuidos, misma resistencia al cambio, misma zona de confort. Es frustrante sentir que tú cambiaste hacia tu mejor versión y él sigue en bicicleta por el mismo camino de siempre.
Aceptar que el cambio es individual
Tenemos que entender algo básico, nadie cambia por presión externa. Ustedes cambiaron porque algo dentro les hizo «click», porque necesitaban sobrevivir o porque decidieron florecer.
Pero no pueden obligar a su pareja a que tenga el mismo despertar, cada quien tiene su propio reloj de conciencia, el primer paso es que dejen de intentar «moldearlos» para que sea como ustedes.
¿Es estancamiento o es esencia?
Hay una diferencia enorme entre una pareja que tiene una esencia tranquila y estable, y una pareja que se ha abandonado a sí misma. Analicen bien: ¿él sigue siendo la persona íntegra de la que se enamoraron pero a un ritmo más lento, o realmente se convirtió en un lastre para su crecimiento? si su «no cambiar» implica que ya no hay admiración, ahí tenemos un problema serio, porque sin admiración, el amor se queda seco.
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La comunicación desde el «yo», no desde el ataque
En lugar de decirles: «es que tú nunca haces nada por mejorar», prueben con: «he descubierto nuevas necesidades en esta etapa de la vida y me gustaría compartirlas contigo».
Cuentahabientes, hablen de su transformación, explíquenle que sus prioridades cambiaron, que ahora valoran más otras cosas, o que su paciencia para ciertas dinámicas se agotó. Denle la oportunidad de conocer a la nueva versión de ustedes.
Encuentren su red de apoyo fuera de la pareja
A veces cometemos el error de querer que la pareja sea nuestro terapeuta, nuestro mejor amigo, nuestro socio y nuestro guía espiritual.
¡Es demasiada carga!, si ustedes están en un proceso de desarrollo personal intenso y él no, busquen a otras mujeres, asistan a talleres, rodéense de personas que compartan esas ideas. No esperen que él marido llene todos sus nuevos vacíos intelectuales o emocionales si no está en esa frecuencia.
La pregunta del millón: ¿podemos seguir juntos?
Esta es la parte difícil cuentahabientes. Hay relaciones que son «para una temporada» y otras que son «para toda la vida». A veces, el cambio es tan profundo que los caminos simplemente se dividen.
Si en su nueva versión ya no encajan con la dinámica de pareja que su compañero les ofrece, y después de que intentaron negociar no hay movimiento, tengan el valor de preguntarse si quedarse ahí es traicionarse a ustedes mismas.
Recuerden que evolucionar duele, pero quedarse estancadas en una relación donde ya no caben, duele mucho más.