¿El fulano se la vive disculpando pero nada cambia al final? Entonces esto es lo que tienen que hacer para poner punto final ¡donde no hay una coma!
¿Cuántas veces estamos con una persona que nos daña y entra en un loop infinito de «perdóname, no vuelve a pasar», pero adivinen qué… sí vuelve a pasar?, para ustedes a quienes ya les tomaron la medida y las siguen lastimando es momento de leer esto…
Una disculpa real viene acompañada de un cambio de conducta, si alguien les pide perdón por lo mismo una y otra vez, lo que les está ofreciendo no es arrepentimiento, es un guión. Cuando una persona repite el error que sabe que les duele, ya no es un error, es una decisión.
Muchas de nosotras crecimos con la idea de que «ser buena» significa perdonar siempre, estar disponibles y aguantar vara porque «así es el amor». Pero, cuentahabientes, el perdón sin cambio es una invitación a que nos sigan lastimando, y aplica para todo tipo de vínculos afectivos.
Ese sentimiento de decepción no es solo por la acción cometida, sino por la ruptura de la confianza. Cuando alguien que amamos nos hiere, nos pide perdón y luego vuelve a hacer exactamente lo mismo, lo que realmente nos está diciendo es: «mis ganas de hacer esto son más grandes que mi respeto por tu dolor».
Este comportamiento nos genera una ansiedad terrible, nos hace dudar de nuestra propia intuición y nos deja agotadas emocionalmente.
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Estrategias para evitar que nos tomen la medida
Los límites no son muros para alejar a la gente, son declaraciones de respeto a una misma. Decir «esto no lo permito» o «hasta aquí» no nos hace duras ni egoístas.
Hechos no palabras: las palabras son gratis, el cambio de comportamiento cuesta trabajo. Si no hay acción, la disculpa no existe, y si ustedes le demuestran a quien las hirió que no tendrá una consecuencia real, lo seguirá haciendo porque sabe que puede jugar con sus limites.
Dejen de justificar lo injustificable: «es que tuvo una infancia difícil», «es que tiene mucho estrés». Todas tenemos historias y estrés, pero eso no nos da permiso de pisotear el corazón de nadie.
La mayoría de las veces nos aferramos a la idea de que la persona finalmente entenderá cuánto nos duele. Pero, cuentahabientes, las personas no cambian porque nosotros suframos; cambian cuando ellas deciden que el costo de perdernos es mayor que el beneficio de su conducta, por eso cuando alguien las hiera, por más que ustedes quieran a la persona tienen que marcar un limite, porque sino lo repetirá una y otra vez, incluso hay relaciones que ya no pueden funcionar después de una herida grande.
Cuentahabientes, no permitan que el miedo a la soledad o el «qué dirán» las mantenga atadas a personas que no saben cuidarlas.
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