¡Besos de tres, euforia y cerveza voladora! ¿Qué es la Desindividuación? y ¿Por qué el Mundial nos hace perder el control?
Ya saben que cuando llega el Mundial la pasión se desborda, pero una cosa es gritar un gol con el alma y otra, muy diferente, es perder por completo el sentido común y eso se llama: Desindividuación.
En estas últimas semanas hemos visto conductas verdaderamente inusuales en las calles y en los estadios. Personas que en su vida cotidiana son prudentes, educadas y tranquilas, de repente terminan haciendo cosas que jamás harían de manera individual. ¿Por qué la gente parece perder el control de esa forma? Hoy les vamos a explicar, de la mano de la psicología social y la neurociencia, qué es lo que realmente le pasa al cerebro de los aficionados durante la máxima fiesta del fútbol.
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El «Salón de la Infamia»: Las conductas más fuera de lugar
Para que vean que no es exageración, hagamos un recuento de los momentos más virales y caóticos que nos han dejado las celebraciones. Seguro los vieron en redes sociales, cuentahabientes:
- Guerra de cerveza sin consentimiento: Durante el partido contra Chequia, un sujeto arrojó intencionalmente un vaso de cerveza a la cara de la influencer Terefifas mientras grababa, lo que desató una denuncia penal y una disculpa pública forzada. Esto mismo se repitió contra la prensa ecuatoriana en el Estadio de la Ciudad de México, donde los vasos golpearon directamente a los periodistas en plena transmisión en vivo.
- Vandalismo en las calles: En puntos turísticos como Playa del Carmen y Los Cabos, varios aficionados eufóricos destrozaron coches que transitaban por la zona, rompiéndoles los cristales y sacudiéndolos con violencia.
- El fenómeno de «querer volar»: En el Ángel de la Independencia, se puso de moda lanzar personas por los aires sin ninguna precaución, cargando desde niños pequeños hasta adultos de la tercera edad.
- Al estilo Juan Escutia: En Yucatán, un hombre se envolvió en la bandera nacional, se subió a un muro decorativo y se lanzó al vacío hacia la multitud, que increíblemente le aplaudió el acto.
- Amor para todos (y bacterias también): Con la euforia a tope, se desató la moda del «beso de tres» con perfectos desconocidos, además de compartir botellas de alcohol directo de la boca al ritmo del ¡shot, shot, shot! sin importar quién más hubiera tomado de ahí.
- Destrozos e inundaciones: Desde «nadar» en los charcos de agua sucia de la Avenida Reforma tras una inundación, hasta tirar decoraciones monumentales en Zapopan, colgarse de semáforos o tirar luminarias públicas en Monterrey por querer subirse a los postes. ¿El saldo? ¡Hasta 40 toneladas de basura recolectadas en una sola noche!
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¿Qué es la Desindividuación? Cuando el «Yo» se hace chiquito
La respuesta a toda esta locura colectiva no es simplemente que «el fútbol los vuelve locos». Los psicólogos sociales y doctores especialistas en el comportamiento humano tienen un término perfecto para esto: desindividuación.
La desindividuación es un estado psicológico en el que una persona deja de percibirse como un individuo aislado («yo») y comienza a actuar como parte de una masa («nosotros»). Cuando entramos en este estado dentro de una multitud, disminuyen temporalmente tres funciones que son vitales para mantener la civilización:
- La autoconciencia: Dejamos de pensar en cómo nos ven los demás.
- El autocontrol: Resulta muchísimo más fácil actuar de forma impulsiva.
- La responsabilidad individual: El cerebro asume de manera errónea que la culpa de lo que pase se diluye entre todos los miembros del grupo. «Si todos lo hacen, no es mi culpa».
El Mundial reúne el escenario perfecto para esto: anonimato en la masa, uniformes iguales (la camiseta de la selección), cantos sincronizados, consumo de alcohol y la percepción de que hay muy poca vigilancia.
La tormenta neuroquímica dentro de la cabeza
Para entenderlo con peras y manzanas, nuestro cerebro cambia radicalmente su funcionamiento durante los 90 minutos del partido y los festejos posteriores. Miren este mapa de cómo reaccionan las principales zonas de la cabeza:
| Zona / Neuroquímico | ¿Qué hace normalmente? | ¿Qué le pasa durante el Mundial? |
| Dopamina | Regula el placer y la recompensa. | Se dispara con la incertidumbre. Cada jugada peligrosa o tiro de esquina activa este químico, volviendo la expectativa algo sumamente adictivo. |
| Amígdala | Procesa las emociones intensas y el miedo. | Toma el control absoluto. Hace que experimentemos una euforia desmedida tras un gol o una ansiedad terrible antes de un penal, apagando el pensamiento lógico. |
| Corteza Prefrontal | Es el «director ejecutivo» (controla impulsos y evalúa consecuencias). | Pierde protagonismo y disminuye su actividad. Al bajar la guardia, las emociones ocupan el asiento del conductor, llevándonos a gritar, gastar de más o pelear. |
| Oxitocina | Promueve el vínculo social y la empatía. | Se libera con los abrazos colectivos y cantos, pero tiene un lado oscuro: aumenta el sesgo de «nosotros contra ellos», intensificando la rivalidad con el rival. |
El contagio emocional: Las emociones se pegan
Cuentahabientes, el cerebro humano evolucionó para vivir en tribu; quedarse solo en la antigüedad significaba morir. Por eso tenemos un sistema de sincronización espectacular: imitamos posturas, tonos de voz y expresiones de la cara de quienes nos rodean.
Cuando miles de personas celebran juntas, el contagio emocional amplifica la vibración individual. Por eso ver un partido solas en su habitación jamás se sentirá igual que verlo en un estadio o en un restaurante lleno. Las emociones son, literalmente, contagiosas.
Cuando la desindividuación y esta descarga neuroquímica se combinan con factores de riesgo como el alcohol y el fanatismo extremo, es cuando aparecen las conductas agresivas o absurdas. El freno de mano del cerebro se suelta porque la persona piensa: «Todos están haciendo lo mismo».
Sin embargo, recuerden que este fenómeno también tiene un lado hermoso. La desindividuación es la razón por la que vemos a desconocidos dándose abrazos fraternos, familias enteras unidas cantando y muestras de solidaridad increíbles entre personas que jamás se habían visto en la vida.
Al final del día, el Mundial nos recuerda que somos seres profundamente sociales y que un balón tiene el poder brutal de conectar los corazones de millones de personas al mismo tiempo.
Especialista: Pablo León. Médico cirujano especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y jefe del laboratorio de psiquiatría experimental del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.
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