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La neurociencia del fanatismo (en el futbol)

Les vamos a contar todo sobre la neurociencia del fanatismo y cómo es que puede hacer que nuestro cerebro se ponga en modo "bestia".

junio 15, 2026

A ver, levante la mano la que ha visto a su pareja, a su papá, a sus amigas o incluso a ustedes mismas, transformarse por completo frente a la televisión durante un partido de futbol. Aquí les vamos a explicar la neurociencia del fanatismo.

Y hablamos de personas perfectamente racionales, súper educadas, profesionales exitosas que, de repente, le gritan a una pantalla, insultan a un árbitro que jamás las va a escuchar, lloran por la derrota de once desconocidos o sienten una euforia que parece que se acaban de ganar la lotería.

La neurociencia del fanatismo (en el futbol)

¿Qué es lo que pasa en nuestras cabezas para que un simple balón rodando en la cancha despierte emociones tan cañonas? Vamos a hablar de wellness cerebral, de neurociencia y de cómo el fútbol altera por completo nuestra biología. ¡Se van a quedar con el ojo cuadrado!

Tu cerebro no distingue entre «mi equipo» y «yo»

Uno de los descubrimientos más espectaculares de la neurociencia social es que el cerebro construye nuestra identidad a partir de los grupos a los que pertenecemos. Cuando jugamos o vemos jugar a nuestra selección y decimos «¡ganamos!», el cerebro literalmente integra al equipo como parte de nuestro propio ser.

Científicamente hablando, la corteza prefrontal medial —que es la región involucrada en el concepto del «yo»— muestra patrones de actividad idénticos cuando pensamos en nosotros mismos y cuando pensamos en el equipo con el que nos identificamos profundamente. Por eso, cuentahabientes, perder un partido no se siente como que perdió un tercero; se siente, biológicamente, como un fracaso personal.

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La dopamina y la montaña rusa de las jugadas

El fútbol es una máquina perfecta para activar el sistema de recompensa. Cada pase peligroso, cada tiro que pega en el poste y cada posibilidad de gol dispara expectativas brutales. Cuando finalmente llega la anotación, el cerebro libera una cantidad impresionante de dopamina, el neurotransmisor del placer, la motivación y el aprendizaje.

Pero aquí les va el fun fact más espectacular: la mayor descarga de dopamina no ocurre cuando cae el gol, sino durante la incertidumbre previa. Nuestro cerebro es adicto a las recompensas impredecibles. Por eso un partido cerrado, cardíaco, de esos que nos tienen sudando frío, resulta mil veces más emocionante y adictivo que una victoria mega fácil de cuatro a cero.

El árbitro no es el problema… es tu amígdala

Cuando el rival anota o el árbitro toma una decisión polémica, entra en acción la amígdala, que es la estructura encargada de detectar amenazas para nuestra supervivencia. Aunque racionalmente sepamos que es solo un juego, el cerebro emocional responde como si estuviéramos en peligro real. Esta activación provoca:

  • Aumento inmediato del ritmo cardíaco.
  • Mayor tensión muscular (terminamos con la espalda hecha nudo).
  • Incremento salvaje de adrenalina.
  • Impulsividad al mil por ciento.
  • Disminución temporal del pensamiento analítico.

Así que cuando vean a alguien perder los estribos por un penalti, no es que hayan perdido la inteligencia, cuentahabientes. Es que, por unos segundos, el cerebro emocional tomó el control absoluto del cuerpo.

El sesgo de confirmación: Vemos lo que queremos ver

¿Les ha pasado que dos personas ven la misma repetición en la tele y llegan a conclusiones totalmente opuestas? Uno jura que fue falta y el otro jura que ni lo tocó. Esto pasa por el sesgo de confirmación. El cerebro presta atención únicamente a la información que favorece nuestras creencias y minimiza todo lo demás. Nadie está mintiendo deliberadamente; sus cerebros están filtrando la realidad de forma distinta de acuerdo con los colores de su camiseta.

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Ganar es un premio biológico y el contagio es real

Cuando el equipo gana, los niveles de testosterona en los aficionados suben de forma impresionante, y cuando pierde, caen en picada. Además, las resonancias magnéticas demuestran que el cerebro de un aficionado altamente comprometido reacciona ante un gol activando las mismas zonas del placer que cuando recibimos dinero, reconocimiento social o alcanzamos una meta personal enorme. ¡Ganar se siente como un éxito propio!

¿Y por qué un estadio completo canta al mismo tiempo? Por las neuronas espejo, que están diseñadas para la imitación automática de expresiones y conductas. Cuando miles de personas celebran juntas, la emoción se amplifica y la pasión se contagia de manera masiva. Por eso vivirlo en vivo es una experiencia religiosa comparada con verlo solas en casa.

¿Por qué recordamos goles de hace veinte años?

Las emociones intensas fortalecen la memoria. Cuando ocurre algo que nos mueve el piso, la amígdala trabaja junto con el hipocampo para consolidar ese recuerdo de forma súper profunda. Por eso nos acordamos perfecto de dónde estábamos, con quién y qué estábamos tomando cuando cayó aquel gol histórico hace décadas. Es el mismo mecanismo que usamos para recordar los momentos más felices de nuestras vidas.

¿Es sano ser tan apasionadas?

Como todo en el lifestyle, el equilibrio es el rey. Ser fanáticas de hueso colorado tiene pros espectaculares:

  • Fortalece el sentido de pertenencia y comunidad.
  • Disminuye cañón la sensación de soledad.
  • Favorece la liberación de neurotransmisores del bienestar.
  • Reduce el estrés si se vive de forma saludable.

El peligro real aparece cuando nuestra identidad personal y nuestro humor de la semana dependen al cien por ciento de un resultado deportivo. Si la derrota se convierte en agresividad, ansiedad o depresión, el cerebro dejó de distinguir entre un espectáculo y la vida real.

En conclusión, mis queridas cuentahabientes, el fútbol no nos quita lo inteligentes. Lo que hace es encender los sistemas cerebrales más antiguos que tenemos: los de la supervivencia, la pertenencia y el amor por la tribu. Durante noventa minutos, el cerebro elige sentir antes que analizar. Y en este mundo hiperconectado, recordar que somos profundamente humanas a través de la pasión es una verdadera maravilla.

Especialista: Pablo León. Médico cirujano especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y jefe del laboratorio de psiquiatría experimental del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.

TW: @psiquiatrialrs / IG: @psiquiatrialrs / WEB: psiquiatrialrs.com / T. 55 1545 4240

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