¿Amamos a la pareja… o amamos cómo nos hace sentir? Esto es lo que deben de saber antes de empezar con una separación o un divorcio.
La soledad tras un divorcio o una ruptura puede doler en lo más profundo. Pero, ¿se han puesto a pensar si lo que más extrañamos es a la persona… o a la versión de nosotras que veíamos reflejada en sus ojos?
A ver, cuentahabientes, vamos a hablar de algo que pega en el centro del alma y que muy pocas veces nos atrevemos a admitir con total honestidad: la soledad y esa sed de afirmación que todas llevamos dentro.
Cuando se atraviesa por un divorcio o el fin de una relación importante, no solo se rompe una estructura de vida o una rutina compartida; se rompe ese espejo diario donde alguien nos confirmaba que éramos valiosas, fascinantes y dignas de ser amadas.
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La necesidad de afirmación: ¿Por qué la soledad dolió tanto?
Estar sola tiene un peso real. Hay un dolor muy específico en la soltería o el duelo amoroso que no siempre tiene que ver con la ausencia física del otro, sino con la falta de validación externa. Cuando no hay nadie ahí para recordarnos lo increíbles que somos, la mente empieza a jugar chueco y nos hace dudar de nuestro propio valor. Hay un dolor en estar sola. Hay una sensación de no tener a nadie que te afirme, una sensación de no saber si realmente eres alguien a quien se puede amar.
La trampa del amor romántico: El reflejo en el espejo
Aquí viene la gran pregunta que todas debemos hacernos con la mano en el corazón: desde un punto de vista puramente humano, ¿nos enamoramos del otro o nos enamoramos de la forma en que el otro nos hace sentir sobre nosotras mismas?
Piensen por un momento en los primeros meses de una relación apasionada. ¿Recuerdan esa sensación casi mágica?
- Una mirada distinta al espejo: Se levantan, se ven a la cara y de pronto no ven las arruguitas o las dudas de siempre. Se miran a través de los ojos de esa persona y se sienten radiantes.
- El chip de la deseabilidad: De repente se descubren pensando: «¡Wow! No solo estoy interesada en alguien… ¡soy una persona interesantísima!».
- El efecto reflector: La atención del otro funciona como una luz brillante que nos hace sentir hermosas, inteligentes y especiales.
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Reconectar con el propio reflejo: El verdadero acto de amor propio
El reto más grande al estar solteras o sanar tras una separación es entender que esa luz que veían en ustedes nunca fue del otro: siempre fue suya. La otra persona solo era el espejo que la reflejaba.
- Reescriban su narrativa: No necesitan la firma ni la aprobación de nadie para saber que son fascinantes.
- Dejen de buscar espejos externos: El trabajo más empoderador es mirarse al espejo sola en casa y decirse: «Estoy completa, soy interesante y soy infinitamente digna de amor».
- Abrazen el proceso: Sanar implica aprender a ser su propia fuente de afirmación sin depender de la mirada romántica de un tercero.
Así que ya lo saben, cuentahabientes: la próxima vez que se miren al espejo, asegúrense de contemplarse con la misma fascinación, el mismo amor y la misma admiración con la que merecen ser vistas todos los días de su vida.