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No es amor, si te hace esperar

Estas son algunas cosas que nos han enseñado que es amor, pero en realidad no es nada de eso. Tomen nota y compartan con quien necesite.

agosto 10, 2026

Aquí les vamos a decir las razones por las que no es amor si es que las hacen esperar ¡lo que sea!

Están saliendo con alguien, la pasan increíble de repente, pero viven en un estado permanente de angustia, intentando adivinar si esa persona realmente las quiere, si van en serio o si tienen que hacer un poquito más de esfuerzo para demostrar que son “la pareja ideal”.

Nos pasamos la vida romantizando el sufrimiento, creyendo que si aguantamos el frío, la distancia, la indecisión y las migajas emocionales, al final del camino el príncipe o la princesa nos va a abrir la puerta del castillo para darnos el gran premio del amor eterno. ¡Pues les tenemos una mala noticia y un gran despertar! Hoy vamos a romper con ese mito tóxico de una vez por todas.

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La fábula de la princesa y el castillo

Para entender esto a profundidad, hay una fábula argentina maravillosa titulada La princesa que buscaba marido. La historia cuenta que una princesa les pidió a todos los pretendientes de su reino que esperaran afuera de su castillo durante un año entero. Aquel que lograra resistir la prueba del tiempo, el clima y la incomodidad sin moverse de ahí, se casaría con ella y se convertiría en el rey.

Obviamente, llegaron muchísimos hombres llenos de ilusión. Pero, al pasar las semanas, uno a uno empezaron a marcharse porque el frío era insoportable o el calor resultaba infernal. Hacia el final del año, solo quedaba un hombre: alguien que amaba a la princesa con todo su corazón y estaba dispuesto a dar la vida por ella.

Llegó el día 365. Faltaban solo unos minutos para que se cumpliera el plazo pactado y la puerta del castillo se abriera. Y justo en ese momento, el hombre se levantó, dio media vuelta y empezó a caminar hacia afuera. La princesa, incrédula al verlo marchar, corrió tras él y le gritó: “¿A dónde vas? ¡Estás a punto de ganar! Te vas a casar conmigo y serás el rey”.

Él se volteó a mirarla y le contestó algo desgarrador pero profundamente sabio: “Me viste todos los días. Sabías que estaba aquí afuera sufriendo y aun así me dejaste pasar frío, hambre y soledad. El verdadero amor de mi vida jamás me habría hecho esperar ni un solo día”.

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Ganarse el amor vs. Ser amadas: una diferencia abismal

¡Trazkatelas, cuentahabientes! Qué gran lección de vida. El punto central de esta historia es facilísimo de entender pero durísimo de aplicar: la persona correcta jamás las hará probar su valor. No tiene que haber ni una sola duda sobre si el sentimiento es mutuo mientras están construyendo una relación. La certeza y el afecto se sienten desde el principio.

Muchas de nosotras crecimos con la idea errónea de que el amor es una medalla que se gana al final de una carrera de obstáculos. Pensamos: “Si presiono un poquito más”, “Si cambio mi forma de ser”, “Si aguanto sus desplantes”, “Si me arreglo más”, “Si le doy su espacio tres meses más”, finalmente me va a elegir. Pero por favor, anoten esto en su libreta de vida: ganarse el amor de alguien y ser amadas son dos cosas completamente distintas.

Una relación sana no es una prueba de resistencia para demostrar que son merecedoras de cariño. Cuando están con la persona indicada, cuando ustedes la eligen y esa persona las elige a ustedes de vuelta, las cosas fluyen a la mitad del camino. Ambas partes reciben afecto mientras construyen el vínculo. Los problemas cotidianos dejan de sentirse como batallas campales porque saben, en el fondo del alma, que están en el mismo equipo para resolverlos.

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El peligro de querer ser elegidas a toda costa

A veces tenemos tanta sed de ser elegidas, de sentir que valemos la pena, que terminamos involucradas con personas y en situaciones desgastantes que no nos llenan en absoluto. Aceptamos relaciones vacías solo para cubrir esa herida de soledad o esa falta de validación personal.

El amor de verdad no se mide por cuánto le demuestran a la otra persona ni por cuántas pruebas superan. El amor se mide por la seguridad que esa persona les hace sentir en su propia piel. Si una relación les genera ansiedad constante, si las hace dudar de su belleza, de su inteligencia o de su paz mental, ahí no es.

Ustedes siempre, siempre, tienen la opción y el poder de dar media vuelta y alejarse de ese castillo cuando se den cuenta de que ese lugar ya no les suma.

Darse el tiempo de alejarse de una mesa donde ya no les sirven amor requiere una valentía enorme, pero es el acto de amor propio más grande que pueden hacer. Al caminar hacia un lugar seguro, van a crecer enormemente y van a abrir la puerta para que, eventualmente, llegue a su vida alguien que jamás las haga esperar en la puerta desde el primer día.

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agosto 10, 2026