¿Son de las que se la viven enganchadas al conflicto y necesitan pelear por todo? Aquí les va la verdad detrás de las personas que necesitan odiar.
Queremos que hagan un examen de conciencia rapidito: ¿tienen a alguien en su vida a quien nomás no soportan? ¿Esa persona que les cae en la punta del hígado y con la que parecen tener una batalla eterna? O peor aún, ¿conocen a alguien que siempre, invariablemente, está metido en un pleito, criticando en redes sociales, cancelando a medio mundo o viviendo desde el enojo absoluto?
Pareciera que hay gente que necesita un enemigo para sentirse viva y despertar con energía en la mañana. Por eso, hoy invité a cabina a nuestro queridísimo Mario Guerra, tanatólogo y terapeuta de cabecera, para hablar de un tema fuerte pero súper necesario: las personas que necesitan odiar para poder funcionar. Vamos a entender qué pasa en su mente, por qué el conflicto se vuelve su identidad y cómo este patrón destructivo les está cobrando una factura carísima en sus relaciones, su bienestar y su salud.
¿Por qué hay personas que necesitan odiar?
Cuentahabientes, prepárense con este dato que nos trajo Mario y que las va a dejar heladas: la relación más estable de tu vida podría ser, irónicamente, alguien a quien detestas. ¡Así como lo oyen! Un estudio emblemático de Sullivan, Landau y Rothschild publicado en el Journal of Personality and Social Psychology reveló que cerca del 70% de las personas reconoce tener al menos un enemigo personal.
«Tener a alguien atravesado es de lo más común en este mundo; lo verdaderamente raro, y ahí es donde debemos poner atención, es necesitarlo para existir», nos explica Mario Guerra.
Para las personas que necesitan odiar, el enemigo dejó de ser un accidente incómodo de la vida y se convirtió en un pilar psicológico. No es su problema, es su muleta. Este tipo de perfiles no pelean porque realmente les hayan hecho algo grave; necesitan tener contra quién ir en la vida para poder saber quiénes son. Por eso cambian de trabajo, terminan con la pareja, se mudan de ciudad y hasta de país, pero al enemigo lo conservan intacto en su mente durante años. Cambian los escenarios, pero el resentimiento se queda.
¿Por qué pasa esto? La psicología detrás del rencor
¿Qué hay realmente en el fondo de esta adicción al conflicto? Mario nos desmenuzó dos razones principales que explican por qué el cerebro se engancha tan fácil al odio:
Un enemigo simplifica el mundo
Vivimos en una época llena de incertidumbre, y cuando no tenemos el control, nos asustamos. Un culpable claro te soluciona la existencia en una sola frase: te dice quién eres, qué te amenaza y exactamente qué tienes que hacer. Mario nos aclaró algo espectacular: mientras menos control siente una persona sobre su propia vida, más poder le atribuye a su enemigo. Un mundo con un villano poderoso, con una cara y un nombre específicos, asusta mucho menos que un mundo caótico y completamente impredecible. Al villano por lo menos lo puedes ver y señalar.
Organiza tu identidad por descarte
Definirse desde el amor, los valores propios y el autoconocimiento es un trabajo interno durísimo. En cambio, definirte por oposición es facilísimo. El odio trae un premio escondido y sumamente tramposo: si el otro es el malo de la historia, tú, por automático descarte, quedas del lado de los buenos sin mover un solo dedo. No odiamos porque seamos almas puras y buenas; nos sentimos buenos precisamente porque odiamos al «malo».
La factura física: El rencor se paga con el cuerpo
Esto no solo daña el karma o las relaciones familiares, cuentahabientes. La neurosis y el resentimiento constante destruyen la salud.
Mario nos compartió un meta análisis impresionante realizado por Busch, Pössel y Valentine en el Psychological Bulletin, el cual reunió 43 estudios distintos con más de 3,348 participantes. ¿El resultado? Rumiar el enojo mantiene la presión arterial muchísimo más alta que rumiar la tristeza.
El rencor le cobra una factura mucho más alta y destructiva al cuerpo que la misma pena o el duelo. Y lo más triste de todo es que terminas pagando esa factura de salud por alguien que a veces ni se entera de lo que sientes, o que de plano ya ni siquiera existe en tu presente.
Como bien resumía el célebre filósofo Umberto Eco: cuando no hay un enemigo, la mente se lo inventa. Si ese puesto queda vacío por un momento, la persona no siente alivio ni paz; experimenta una sensación horrible parecida a la orfandad, porque se le cayó el eje central que sostenía toda su estructura mental.
¿Cómo romper el ciclo? La recomendación de Mario Guerra
Si después de leer esto se cacharon rumiando pensamientos negativos contra su ex, su jefa, su vecina o esa cuenta de X (antes Twitter) que no soportan, Mario nos dejó una tarea impecable para cambiar el chip de inmediato.
- Cambien la pregunta: La próxima vez que se descubran atrapadas en el ciclo del rencor, dejen de preguntarse «¿por qué me hizo esto?». Esa pregunta solo las amarra más al papel de víctimas y le da poder al otro.
- Hagan la pregunta inteligente: Pregúntense a sí mismas: «¿Qué asunto de mi propia vida estoy dejando de mirar e ignorando mientras gasto mi tiempo pensando en él o ella?».
- Escríbanlo: Anoten lo que sientan durante un par de días. Lo que aparezca en esa libreta es su verdadero tema a trabajar.
Este ejercicio es mágico porque es imposible apagar un pensamiento de forma violenta o a la fuerza, pero sí podemos cambiarle el destino. Pasamos de enfocarnos en «contra quién estoy luchando» a descubrir «qué dolor o realidad estoy evitando enfrentar».
En conclusión
Cuentahabientes, grábenselo en el corazón: soltar a un enemigo no significa perdonarlo ni aplaudir lo que hizo; significa, simple y sencillamente, dejar de necesitarlo. El día que decidan que ya no necesitan a nadie a quien odiar para validar su existencia, todo ese espacio maravilloso en su mente, por fin, va a ser completamente suyo.
Especialista: Mario Guerra. Tanatólogo, conferencista y Business Coach.
TW: @marioguerra / Web: www.marioguerra.mx / FB: Mario Guerra