¿Cómo escuchar ópera sin morir en el intento? A ver, cuentahabientes: si creían que la ópera era solo gente cantando agudo en un idioma indescifrable o un evento aburrido para dormirse en un teatro elegante, les urge leer esto.
¿Cuántas veces han sentido que la ópera es algo lejanísimo o exclusivo para eruditos finísimos? ¡Para nada! La ópera no consiste únicamente en saber si una voz “canta bonito”.
La ópera es drama puro, pasión, chisme histórico, traición, amor salvaje y una arquitectura sonora capaz de ponerles la piel de chinita en dos segundos. Es, básicamente, el equivalente clásico de la mejor serie de televisión a la que están enganchadas hoy.
¿Cómo escuchar ópera sin morir en el intento?
Para aprender a escucharla como verdaderas expertas y disfrutarla al máximo, solo conviene hacerse cuatro preguntas clave en cuanto le den play:
- ¿Qué está ocurriendo dramáticamente?
- ¿Qué dicen los personajes?
- ¿Cómo lo expresan las voces?
- ¿Qué nos revela la orquesta que los personajes no dicen en voz alta?
Les armamos una guía (de la mano de Gerardo Kleinburg) espectacular con 5 piezas fundamentales para entrenar el oído, entender sus grandes recursos —como el contrapunto, las tesituras o la ironía dramática— y enamorarse del género de una vez por todas. ¡Tomen nota!
Obertura de La flauta mágica (Die Zauberflöte)
- Compositor: Wolfgang Amadeus Mozart
- Estreno: Viena, 1791
Esta fue la última ópera que Mozart vio estrenada, apenas unos meses antes de morir. La creó junto al libretista y masón Emanuel Schikaneder, mezclando cuento de hadas, comedia y un simbolismo masónico impresionante. Está escrita como un Singspiel, un género alemán que alterna diálogos hablados con música.
¿Qué tienen que escuchar, cuentahabientes?
- La orquesta sin voces: Una obertura les presenta todo el universo emocional de la obra antes de que aparezcan los personajes. Aquí la orquesta es la reina absoluta.
- El número tres: La masonería le daba un valor místico al tres. Noten cómo la obertura empieza con tres acordes solemnes y la tonalidad tiene tres bemoles.
- Solemnidad vs. comedia: Mozart alterna acordes ceremoniales con una música ágil, luminosa y superjuguetona.
- El contrapunto: Escuchar varias líneas melódicas independientes al mismo tiempo es como seguir diferentes conversaciones inteligentes simultáneamente.
- El clímax final: Es un mecanismo perfecto acelerando ante sus oídos hasta desembocar en un cierre brillante.
Aria “Sempre libera” de La traviata
- Compositor: Giuseppe Verdi
- Estreno: Venecia, 1853
La traviata escandalizó a la sociedad del siglo XIX al contar la historia de una cortesana contemporánea, Violetta. Verdi exigía una soprano brillante, capaz de combinar virtuosismo con profundidad dramática.
¿En qué afinar el oído?
- La soprano de coloratura: La coloratura es un canto lleno de escalas, saltos acrobáticos, adornos y notas rapidísimas. Exige agilidad, afinación, ligereza y una proyección bárbara.
- Una mujer que canta a su libertad: En “Sempre libera”, Violetta intenta convencerse de vivir sin ataduras. La música plantea la gran duda: ¿está defendiendo su independencia o huyendo del pavor a enamorarse?
- El contraste con Alfredo: Mientras ella ejecuta frases agitadas y brillantes, al fondo se escucha la voz de Alfredo con una melodía amplia y serena. Es un golpe teatral magistral: escuchamos al mismo tiempo lo que Violetta dice y lo que realmente siente en el corazón.
Canción “La donna è mobile” de Rigoletto
- Compositor: Giuseppe Verdi
- Estreno: Venecia, 1851
Basada en una obra de Victor Hugo, esta ópera fue censurada por retratar abuso de poder y venganza. En contraste con esa atmósfera oscurísima, “La donna è mobile” es una melodía alegre e irresistible que Verdi mantuvo en secreto hasta el estreno para que no se filtrara. Al día siguiente, ¡ya se cantaba en todas las calles de Venecia!
¿Qué deben escuchar aquí?
- Música pegajosa vs. letra cínica: La música es seductora y elegante; la letra es frívola y cruel. Ahí radica todo su cinismo.
- Una canción alegre dentro de una tragedia: Al final de la historia, cuando esta melodía vuelve a sonar a lo lejos, el protagonista comprende que el cadáver que lleva en brazos no es el del duque, sino el de su propia hija. La canción se transforma de golpe en puro horror.
- El agudo final: Tradicionalmente se añade un si natural agudo espectacular. Es una nota temeraria que exige al tenor hacer parecer fácil una dificultad técnica aterradora.
Dúo “O soave fanciulla” de La bohème
- Compositor: Giacomo Puccini
- Estreno: Turín, 1896
Puccini acercó la ópera a las emociones cotidianas. En este dúo, Rodolfo y Mimì se acaban de conocer y se declaran su amor. Es el instante exacto en que dos desconocidos se transforman en pareja.
¿Qué hay que sentir en esta pieza?
- La amalgama de las voces: Al principio, el tenor y la soprano cantan por separado. A medida que se reconocen emocionalmente, sus frases se acercan hasta fundirse en una sola.
- La melodía pucciniana: Extensa, sensual y espontánea. Parece brotar directo del pecho, aunque detrás exista una construcción musical impecable.
- El agudo final: Rodolfo culmina con un célebre do agudo mientras ambos se alejan en la escena. Debe sonar como una verdadera explosión de felicidad amorosa.
Dúo “Sì, pel ciel” de Otello
- Compositor: Giuseppe Verdi
- Estreno: Milán, 1887
Basada en la tragedia de Shakespeare, esta escena muestra el momento en que el malvado Yago convence a Otello de la supuesta infidelidad de Desdémona. Ambos juran venganza en lo que no es un pacto de amigos, sino el nacimiento de una alianza criminal.
¿En qué fijarse, cuentahabientes?
- La violencia musical: La orquesta no describe la ira desde lejos: la encarna. Sienten la amenaza física en cada golpe de sonido.
- Orquestación densa y oscura: Trombones, trompetas y metales aportan una solemnidad dura, casi militar.
- El canto al unísono: Al inicio cada personaje conserva su identidad. Al final, cuando cantan la misma melodía juntos, Verdi nos demuestra musicalmente que Yago ya domina por completo la mente y la voluntad de Otello.
Así que ya lo saben, cuentahabientes: la ópera no es cuestión de estatus ni de poses elegantes, es cuestión de emoción pura. La próxima vez que necesiten un shot de intensidad o quieran desconectarse del ajetreo diario, pónganse sus audífonos, sírvanse una copa de vino y déjense llevar por estas obras maestras.
Especialista: Gerardo Kleinburg. Escritor, crítico y promotor musical. Durante diez años fue Director Artístico de la Compañía Nacional de Ópera. Ganó el «Premio de Crítica», como mejor crítico internacional en el Festival de Música de Salzburgo, en 1991. Tiene un proyecto de divulgación operística, se llama “Hablemos de Ópera”.
TW: @gkleinburg / FB: Hablemos de opera / YouTube: Gerardo Kleinburg / descargacultura.unam.mx