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¿Cómo cambio el Porfiriato a la Ciudad de México? Con Ángeles González Gamio

Les vamos a contar todo sobre el Porfiriato y cómo es que cambió la CDMX y la forma de vivir en una sociedad de principios de siglo XX.

mayo 29, 2026

Si hay una época en la historia de nuestro país que destilaba elegancia, drama y un refinamiento absoluto (con sus claros y sus oscuros, por supuesto), esa es el Porfiriato.

Seguramente cuando caminan por el Paseo de la Reforma, ven el Palacio de Bellas Artes o entran a un antiguo cafecito del Centro Histórico, sienten que están dando un paseo por las calles de París.

Y no están locas, ¿eh? A finales del siglo XIX, el presidente Porfirio Díaz tenía una auténtica obsesión con el Viejo Continente, específicamente con Francia. Para él, la cultura francesa era el sinónimo máximo de progreso, modernidad y buen gusto.

Por eso, decidió transformar por completo la Ciudad de México para convertirla en la «París de América». Hoy vamos a viajar en el tiempo con nuestra querida Ángeles González Gamio, Cronista de la CDMX, para descubrir cómo la influencia francesa cambió para siempre nuestra arquitectura, nuestra comida y la moda de las mujeres de aquella época.

Arquitectura: el Paseo de la Reforma y los palacios estilo Beaux-Arts

La transformación más evidente se dio en las calles y los edificios de la capital. Don Porfirio quería que la alta sociedad mexicana viviera rodeada de opulencia.

Fue en este periodo cuando se consolidaron colonias ultra exclusivas como la Roma y la colonia Americana (ahora Juárez), donde las familias adineradas construyeron mansiones inspiradas en los châteaux franceses, llenas de mansardas, herrería artística y fachadas de piedra tallada.

El gran orgullo de la época fue el Paseo de la Reforma, diseñado a semejanza de los Campos Elíseos de París, con glorietas majestuosas, bancas de cantera y hermosos camellones arbolados para que los carruajes pasearan por las tardes. Pero las joyas de la corona arquitectónica, inspiradas en el estilo Beaux-Arts, llegaron para quedarse en el corazón de la Ciudad de México:

  • El Palacio de Bellas Artes: Encargado al arquitecto italiano Adamo Boari, su diseño original exterior grita opulencia francesa por los cuatro costados.
  • El Palacio Postal: Una obra de arte que combina el gótico con el plateresco, pero con una elegancia y estructuras de hierro traídas directamente de Europa.
  • El Gran Hotel de la Ciudad de México: Con su impresionante vitral estilo Art Nouveau (firmado por Jacques Graber), que hasta la fecha nos deja con la boca abierta a todos los que lo visitamos.

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La Comida: del mole a los consommés y los croissants

Cuentahabientes, la influencia francesa no solo entró por los ojos, ¡sino también por el estómago! Antes del Porfiriato, las mesas mexicanas eran dominadas por los guisados tradicionales, el chile y las tortillas. Pero con la llegada de la sofisticación porfiriana, la alta cocina francesa se convirtió en la norma para cualquier banquete oficial o reunión de alcurnia.

Los menús de las fiestas del presidente se escribían estrictamente en francés. Platillos como los vols-au-vent (volovanes), los consommés, las carnes bañadas en salsas complejas a base de vino y mantequilla, y los postres delicados como los profiteroles y las crepas se volvieron los favoritos de la élite.

De hecho, los restaurantes más sofisticados de la Ciudad de México, como el famoso Café de París o el Maison Dorée, eran los puntos de encuentro donde los caballeros discutían de política mientras disfrutaban de una copa de champaña o un buen coñac. Incluso el pan de dulce mexicano que tanto amamos hoy en día adoptó técnicas de la repostería francesa; nuestros deliciosos bísquets y los panes hojaldrados son herencia directa de los panaderos galos que se asentaron en la capital.

La Moda: corsés, encajes y tiendas departamentales

Por supuesto, las mujeres de la alta sociedad no se podían quedar atrás. Si querías ser alguien en el México de finales del siglo XIX, tenías que vestirte como una auténtica parisina. Las revistas de moda de la época, como El Correo de las Señoras, traían figurines y patrones directamente desde París para que las costureras locales replicaran los vestidos.

La silueta femenina cambió drásticamente. Llegaron los corsés ajustadísimos para lograr la famosa «cintura de avispa», las faldas largas con polisón (para dar volumen en la parte trasera), las telas pesadas como el terciopelo y la seda, y los encajes finos. Los accesorios eran indispensables: sombreros gigantescos decorados con plumas de avestruz y flores artificiales, sombrillas para proteger la piel del sol y guantes de cabritilla.

Para surtir estos caprichos, nacieron los primeros grandes almacenes de la Ciudad de México, fundados por inmigrantes franceses conocidos como «los barcelonnettes». Tiendas icónicas como El Palacio de Hierro y The Liverpool Office (hoy Liverpool) abrieron sus puertas en edificios monumentales de hierro y cristal en el Centro Histórico, ofreciendo a las cuentahabientes de aquellos tiempos las últimas novedades de las pasarelas europeas.

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El fin de una era

Aunque esta fascinación por Francia nos dejó una ciudad bellísima y un legado cultural innegable, también reflejaba la enorme brecha social de la época, ya que este estilo de vida refinado era exclusivo de un porcentaje muy pequeño de la población, mientras la mayoría vivía en condiciones de gran pobreza.

Eventualmente, el estallido de la Revolución Mexicana en 1910 le puso fin al Porfiriato, pero esa elegancia a la francesa se quedó grabada para siempre en el ADN y en las calles de nuestra amada Ciudad de México.

Especialista: Ángeles González Gamio. Historiadora, periodista, escritora y cronista mexicana. Premio Nacional de Periodismo 2022. Autora de 14 libros sobre la CDMX. Ha colaborado en varias revistas y periódicos nacionales. Desde 1992 escribe semanalmente en el diario La Jornada, crónicas sobre el Centro Histórico.

FB: Ángeles González Gamio

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