De los creadores del self-care y las rutinas aesthetic, llega la nueva tendencia de redes sociales que convirtió el aislarse del mundo en una marca personal.
Les contamos por qué esta «soledad glamurosa» no es tan empoderadora como parece y cómo proteger su salud emocional. Si hay algo que nos apasiona analizar en este espacio son las tendencias que explotan en las redes sociales y cómo terminan moldeando nuestra mente, nuestras decisiones y la forma en que nos relacionamos con los demás. Y hoy les queremos hablar de un fenómeno que está inundando TikTok e Instagram y que nos dejó pensando muchísimo: los llamados loneliness influencers o influenciadores de la soledad.
A ver, cuentahabientes: seguro en las últimas semanas se han topado en su feed con esos videos impecables grabado en alta definición, con música suave de fondo, de mujeres jóvenes en departamentos ultra organizados con decoración color beige. El video siempre viene acompañado de un texto en pantalla que dice algo como: “POV: Eres una mujer soltera, no tienes hijos, vives sola en una gran ciudad y no tienes absolutamente ningún amigo, así que así se ve tu viernes por la noche”.
La escena continúa con ellas preparándose una cena rápida, sirviéndose una copa de vino o refresco, poniéndose su bata de baño acolchada y acurrucándose a ver televisión. A simple vista parece una apología al descanso, al orden y a la paz mental. Pero detengámonos un segundo a analizarlo, porque la línea entre disfrutar de nuestra propia compañía y romantizar un aislamiento social enfermizo es más delgada de lo que creen.
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Loneliness influencers: La peligrosa moda de romantizar la soledad
Recientemente, la periodista Rachel Connolly abordó esta conversación en The Guardian tras la ola de videos donde creadoras de contenido presumen abiertamente su falta de amigos como si fuera una medalla de honor o un trofeo de elegancia.
Lo impactante no es que alguien pase una tarde o un fin de semana a solas en su casa. ¡Todas disfrutamos de un buen momento de paz en pijama sin que nadie nos moleste! El verdadero dilema que señala Connolly es la actitud de derrotismo cómodo con la que se presenta. Se transmite la idea de que tener amigos o construir relaciones es demasiado agotador, lleno de drama o decepciones, y que por lo tanto es mejor rendirse, cerrar la puerta con llave y refugiarse para siempre en rutinas estéticas dentro de cuatro paredes.
Se vende la desconexión humana como una forma de empoderamiento, cuando en realidad puede ser una trampa para disfrazar la ansiedad social o la dificultad para encajar en el mundo real.
La ilusión detrás de la pantalla
Pongan mucha atención aquí, cuentahabientes, porque en las redes nada es lo que parece. Cuando ven a una creadora de contenido caminando por el pasillo de su edificio, entrando a su departamento vacío y dejando sus llaves en un tazón perfecto, hay algo que se nos olvida: alguien tuvo que colocar la cámara primero. Para grabar ese video «espontáneo» de tres segundos sobre estar sola, la persona tuvo que:
- Poner el teléfono en un tripie en el pasillo.
- Salir del departamento.
- Volver a entrar actuando sorpresa o serenidad.
- Recuperar el teléfono.
- Editar la toma con música melancólica.
¿Irónico, no? La tan aclamada «autenticidad» y «paz sin interrupciones» requiere una escenografía calculada al milímetro para ganar likes y reproducciones de miles de desconocidos. Se busca la validación de la masa digital para compensar la falta de presencia humana en la vida real.
Solitud saludable vs. Aislamiento tóxico: Separen las aguas
Es fundamental que no confundamos dos conceptos que son completamente opuestos:
La solitud (solitude): Es la habilidad de estar a solas con nosotras mismas sintiéndonos plenas, tranquilas y en paz. Es sanadora, nos recarga la batería emocional y nos ayuda a conocernos mejor.
El aislamiento y la soledad no elegida: Es cortar los vínculos con el entorno por miedo al rechazo, por pereza social o por no querer enfrentar las fricciones naturales que implica convivir con otras personas.
El ser humano es una especie profundamente social. La ciencia y la psicología nos lo han demostrado una y otra vez: pertenecer a una comunidad, tener redes de apoyo, reírnos cara a cara con amigas y abrazar a quienes amamos libera oxitocina y protege directamente nuestro sistema cardiovascular y nuestra salud cerebral. El aislamiento prolongado, por más alfombras suaves y velas aromáticas que le pongamos, incrementa los niveles de cortisol y el riesgo de depresión.
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¿Cómo no caer en la trampa de la «soledad glamurosa»?
Si últimamente han sentido la tentación de aislarse por completo o sienten que hacer nuevas amistades es una misión imposible, les dejamos estos consejos clave para recuperar el equilibrio:
Reten la zona de confort: Está bien pasar un fin de semana a solas descansando, pero si llevan semanas sin ver a nadie, fuercen la barra. Inscríbanse a una clase de pintura, a un club de lectura, a un grupo de caminata o a un voluntariado. Los vínculos requieren presencia física.
Acepten la imperfección de las relaciones: Los amigos no son personajes de una serie de televisión perfectamente guionados; tienen días malos, opiniones diferentes y fallas. Construir relaciones duraderas exige tolerancia, empatía y ganas de resolver malentendidos, no huir al primer roce.
Filtren su contenido digital: Si su feed de TikTok o Instagram les está enviando el mensaje constante de que «la gente no vale la pena» o que «estar sola es la única forma de no sufrir», hagan una limpieza urgente de cuentas. Consuman contenido que las inspire a salir, a explorar y a conectar con el mundo externo.
Trátense con amabilidad en las transiciones: Si recién se mudaron a una nueva ciudad o cambiaron de trabajo y se sienten solas, recuerden que hacer amigos toma tiempo. Es un proceso natural, no una falla en su personalidad.
Acuérdense siempre, cuentahabientes: su paz interior es sagrada, pero no tiene por qué ser solitaria. La verdadera plenitud no se encuentra encerrándose en un departamento perfecto a ver la vida pasar tras una pantalla, sino atreviéndonos a vivirla, a compartirla y a abrazar la hermosa imperfección de las conexiones humanas.